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Dos vestidos, expectación y un problema sucesorio: la boda de Nicolás de Rumanía

La familia dio la espalda a Nicolás en su día, incluso sus padres, pero parece que o a él no le importó mucho, o como buen royal, supo mantener las apariencias en todo momento

Foto: El príncipe Nicolás y la princesa Alina tras darse el 'sí, quiero'. (Getty Images)
El príncipe Nicolás y la princesa Alina tras darse el 'sí, quiero'. (Getty Images)

Nicholas Medforth-Mills, anteriormente príncipe de Rumanía, se convirtió este fin de semana en el personaje estrella de su país al darle el 'sí, quiero' a su novia, la periodista Alina Maria Binder. Desde hace un par de años, Nicolás, hijo de la princesa Elena, vive totalmente apartado del mundo de la realeza, después de que su abuelo, el difunto rey Miguel, decidiera quitarle los títulos y los derechos sucesorios. Y es que hasta 2016, el novio ocupaba el segundo puesto en la línea de sucesión, justo por detrás de su tía Margarita, que ahora ocupa el puesto de jefa de la casa y no tiene descendencia.

La familia dio la espalda a Nicolás en su gran día, incluso sus padres, pero parece que o a él no le importó mucho, o como buen royal, supo mantener las apariencias en todo momento. Sonriente, feliz e incluso emocionado llegó el expríncipe a la iglesia San Eliajh de la ciudad Sinaia para casarse con la que es su novia por el rito ortodoxo. Fuera del templo eran cientos los curiosos que esperaban a los novios para darles la enhorabuena en tan especial fecha.

Los novios. (Getty Images)
Los novios. (Getty Images)

Algunos invitados llevaban consigo la bandera de la familia real rumana, y es que hay muchos que siguen considerando a Nicolás el legítimo heredero de la ya extinta Corona. Quien también apoyó a Nicolás en este momento tan especial fue su hermana, Karina Medforth-Mills, que hizo caso omiso a la petición de la familia de no asistir y estuvo junto a su hermano. A pesar del perfil bajo en cuanto a realeza presente en el enlace, la boda se retransmitió en directo por el canal de Youtube que tiene el propio expríncipe.

Alina eligió para la ocasión una vestido de la firma rumana Parlor confeccionado artesanalmente en seda y con incrustaciones florales con simbología del país en la zona del cuello y las mangas y en la espalda, donde destacaba un espectacular escote en 'V'. El velo, decorado con encaje de flores, se sujetaba por una pequeña y discreta tiara de perlas y flores. Esta pieza no pertenece al joyero real rumano, ya que no se le ha querido prestar nada a la novia en este día tan especial. La periodista recogió su melena en un moño y combinó la diadema con unos discretos y pequeños pendientes de diamantes.

Tras el intercambio de los anillos, los novios hicieron un breve recorrido por las calles de Sinaia en un carruaje blanco que los llevó hasta el casino de la ciudad, donde se celebró el gran banquete al que asistieron los más de 200 invitados. Tras el banquete, Alina cambió el vestido por uno de más cómodo para darlo todo en la pista de baile. Firmado también por Parlor, este diseño plisado con capas, escolte halter y cinturón joya incorporado a juego con el detalle del cuello, nos recuerda, guardando las distancias, al segundo que lució Meghan Markle en su enlace, aquel de Stella McCartney.

Nicolás y Alina durante su primer baile. (Getty)
Nicolás y Alina durante su primer baile. (Getty)

El problema sucesorio de Rumanía

Fue en 2015, al enterarse de que Nicolás había dejado embarazada a una de sus asesoras y que se negaba a hacerse las pruebas de ADN, cuando el rey Miguel decidió repudiar al que hasta entonces era su nieto favorito por conducta "poco ejemplar". Lo cierto es que el expríncipe sí ha accedido a hacerse dichas pruebas, pero lo que él pide es que no solo se hagan donde la madre de la criatura quiere, sino que otra clínica del Estado también haga el análisis.

Sea como fuere, Nicolás está excluido de la línea de sucesión y aunque se esperaba que tras la muerte de Miguel el año pasado su tía Margarita, jefa de la casa, lo readmitiría, no ha sido así. El futuro de la Casa Real rumana es ahora un gran problema, a pesar de que Miguel tuvo cinco hijas. Margarita, la primogénita, no tiene descendencia con su marido, el enigmático príncipe Radu.

La segunda hija del rey Miguel, Elena, tiene a Nicolás, ya excluido, y a Karina, que no parece demasiado por la labor de seguir los pasos de la dinastía. Actualmente Elena está casada con Alexander Nixon. Si a Margarita le sucediera algo, ella sería quien tomaría el mando de la jefatura.

La tercera es Irina, una mujer con una historia cuanto menos curiosa a sus espaldas. En 2014, un tribunal de Oregón la acabó condenando a ella y a su segundo marido a tres años de libertad condicional y el pago de una multa que ascendía a 200.000 dólares por organizar peleas de gallos ilegales en el rancho que comparten. Cuando el exmonarca de Rumanía se enteró del escándalo despojó a su hija y a los dos descendientes de esta de sus títulos y sus derechos sucesorios al trono.

 Funeral de Ana de Borbón-Parma al que Irina no pudo asistir. De derecha a izquierda: Margarita, Radu, Elena, Alexander Nixon, Sofía, María, Nicolás y Karina.(CP)
Funeral de Ana de Borbón-Parma al que Irina no pudo asistir. De derecha a izquierda: Margarita, Radu, Elena, Alexander Nixon, Sofía, María, Nicolás y Karina.(CP)

Sofía es la cuarta de las hijas de Miguel. En 1998 anunció su compromiso con Alain Michael, un agente empresarial de origen francés con el que tuvo a su única hija, Elisabeth. El marido de la princesa Sofía se hacía pasar por descendiente directo de la familia de Habsburgo y se hacía llamar Michael de Laufenburg. Miguel I se opuso en todo momento a este matrimonio y llegó a despojar a su hija de sus títulos y derechos sucesorios, aunque se los restituyó en 2002 cuando Sofía se divorciaron. La pequeña de las hijas de Miguel es Marie. Está divorciada y no tiene descendencia.

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