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LAS DUQUESAS DIFÍCILES

Meghan Markle y Wallis Simpson: por qué sí y por qué no se las puede comparar

Desde que llegó a la familia real británica, las comparaciones entre Meghan Markle y Wallis Simpson han sido una constante, a pesar de que la situación de sus parejas en la institución no es la misma

Foto: Meghan Markle y Wallis Simpson. (Getty)
Meghan Markle y Wallis Simpson. (Getty)
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El 27 de noviembre de 2017, Kensington Palace anunciaba el compromiso del príncipe Harry con Meghan Markle. Su condición de divorciada y su origen americano hicieron que rápidamente viniera a la memoria británica colectiva el recuerdo de Wallis Simpson, la mujer que hizo temblar los cimientos de la monarquía británica, al ser el motivo por el que el rey Eduardo VIII abdicó en favor de su hermano. El día en el que Meghan y Harry se presentaron al mundo nada hacía presagiar que, dos años después, el recuerdo de la duquesa de Windsor volvería con más fuerza, con su alargada sombra proyectada sobre la renuncia de los duques de Sussex a su posición institucional.

Pero lo cierto es que, dejando a un lado su estado civil y su origen americano, poco o nada tienen que ver estas dos mujeres, como tampoco las respectivas renuncias a la Corona. La diferencia más obvia es que, en el caso de Wallis, estamos hablando de que quien abdicó fue Eduardo VIII, rey de Reino Unido, de la Commonwealth y emperador de la India. Mientras, el príncipe Harry ocupa el sexto lugar en la línea de sucesión al trono, por lo que es prácticamente imposible que llegue a ocuparlo, a no ser que sucediera alguna tragedia más propia de 'Juego de tronos' que de la monarquía británica. Por tanto, ni el significado ni las consecuencias de las renuncias son iguales.

Eduardo, duque de Windsor, y Wallis Simpson. (EFE)
Eduardo, duque de Windsor, y Wallis Simpson. (EFE)


Como consecuencia intrínseca de sus posiciones dentro de la Corona, su papel con respecto a la Iglesia anglicana es también diferente. Como monarca, Eduardo VIII era también el jefe de la Iglesia, que no permitía los matrimonios con personas divorciadas. Tratándose además de la cabeza de la monarquía, era algo totalmente impensable. Y en el caso de Meghan, aunque también era divorciada, no solo Harry no ostenta la jefatura de la Iglesia anglicana, sino que la ley que impedía el matrimonio con una persona divorciada ya se ha derogado, por lo que los motivos de su renuncia son muy diferentes a los que presentó en su momento el tío de Isabel II.

Mucho antes de que el entonces rey Eduardo decidiera casarse con ella, ya Wallis Simpson estaba en el punto de mira. La consideraban solo una socialite americana cuyo mayor logro habían sido sus dos matrimonios, ambos con hombres bien situados. Su reputación la precedía y no ayudó precisamente a que el pueblo británico aceptara la relación con el monarca. En contraposición, a Meghan Markle la recibieron en Buckingham con bastante -si no alegría- conformidad: se la veía como una mujer trabajadora, con cierto éxito y muy implicada en ciertas causas sociales, que además no había tenido problema en renunciar a su carrera como actriz por unirse al príncipe Harry. El hecho de que hubiera estado casada anteriormente no suponía ya un impedimento.

Meghan Markle y el príncipe Harry, el día que anunciaron su compromiso. (EFE)
Meghan Markle y el príncipe Harry, el día que anunciaron su compromiso. (EFE)


Tampoco el papel que han jugado Meghan Markle y Wallis Simpson en las renuncias de uno y otro se puede comparar. Aunque en ambos casos -especialmente en el de Meghan-, las dos han sido señaladas como las culpables de estas decisiones, se entiende que el movimiento de los duques de Sussex ha sido una decisión conjunta en la que cada uno ha sopesado tanto los intereses personales como familiares. Mientras, la decisión del rey Eduardo fue exclusivamente individual. Explicó su abdicación porque no concebía llevar a cabo su deber real "sin tener al lado a la mujer que amaba". Pero las informaciones de la época afirman que Wallis Simpson se encontraba más que cómoda en su posición de amante del rey, sin que ella tuviera necesidad ni intención de que cambiaran las circunstancias de la pareja. De hecho, queda para la historia la respuesta de la americana cuando supo su decisión: "No se puede ser más imbécil".

Así que, sí, estamos de acuerdo en que, con una diferencia de 84 años, ambas han jugado un papel protagonista en las que pueden ser las crisis más graves de la monarquía británica. Pero ni las circunstancias de cada una de estas crisis, ni por supuesto sus respectivas consecuencias se pueden comparar. Aunque a ambas se les haya intentado poner nombre de mujer.

Meghan Markle y el príncipe Harry, el día que anunciaron su compromiso. (EFE)
Meghan Markle y el príncipe Harry, el día que anunciaron su compromiso. (EFE)

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