Un año de Waringo: ¿menos miedo a las órdenes de la gran duquesa María Teresa?
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FAMILIA GRAN DUCAL

Un año de Waringo: ¿menos miedo a las órdenes de la gran duquesa María Teresa?

El Gobierno luxemburgués empezó a movilizarse hace 6 años, cuando se inició la rotación alarmante de personal en la Corte, espantados por el carácter de la duquesa

placeholder Foto: Los grandes duques de Luxemburgo. (Court Gran Ducal)
Los grandes duques de Luxemburgo. (Court Gran Ducal)

Hace un año de aquel informe oficial que hizo temblar los muros del castillo de Berg, la residencia oficial de los duques Enrique y María Teresa de Luxemburgo, pero cada gesto de la pareja sigue bajo lupa y analizado al detalle. Los ánimos siguen caldeados en los pasillos del palacio, al igual que entre los miembros del Gobierno, que aún tienen que lidiar con el escándalo de los abusos masivos que llevaron a la fuga de decenas de empleados, espantados por los humos de la gran duquesa. El Gobierno luxemburgués la tiene algo más marginada que antes y puede tomar pocas decisiones en su propia casa.

Foto: María Teresa de Luxemburgo, en una imagen de archivo. (EFE)

El gran duque Enrique, de 65 años, y la gran duquesa María Teresa, de 64, tampoco podrán celebrar en febrero su 40º aniversario de casados porque el ambiente no está para fiestas. La pareja estuvo estas Navidades en el ojo del huracán por haberse marchado a Biarritz, en el sur de Francia, a disfrutar de unos días en su apartamento de vacaciones, un nuevo capricho que habían adquirido el pasado verano. Aunque no estaba estrictamente prohibido hacer viajes al extranjero, este gesto se vio por la sociedad como una falta de empatía hacia los que optan por confinarse en casa y no empeorar la ola de contagios.

placeholder Los grandes duques de Luxemburgo, Enrique y María Teresa, en una imagen de archivo. (EFE)
Los grandes duques de Luxemburgo, Enrique y María Teresa, en una imagen de archivo. (EFE)

ABUSO LABORAL

El Gobierno luxemburgués empezó a movilizarse hace 6 años, cuando comenzó la rotación alarmante de personal en la Corte. Al final, entre 2014 y 2019, al menos 51 empleados de los 110 que tiene se vieron obligados a abandonar su empleo, empujados por el comportamiento tan exigente de la 'señora'. El mariscal de la Corte, el primer consejero, el secretario general, el jefe del Servicio de Comunicación... Una sucesión de trabajadores espantados por el carácter de la duquesa, unos humos que obligaron a intervenir hasta al propio Gobierno luxemburgués, ante la llegada de rumores y denuncias de abuso laboral.

La idea de Xavier Bettel, el primer ministro de Luxemburgo, era modernizar la corte ducal. Contrató a una especialista, una experta en la materia independiente y alejada de los duques, para que se hiciera cargo y pusiera las cosas en orden, pero la cosa no salió bien. Poco antes de considerarse que su misión había sido cumplida con éxito y que se había esforzado por arreglar las cosas en Berg, se filtró que habían ocultado delitos cometidos dentro de las paredes del castillo y fue despedida de inmediato. Al final, el mismo Bettel y varios de sus ministros se sentaron a la mesa con la pareja para hablar de lo que estaba pasando, ver si entendían las causas de la rotación de personal y las caóticas cuentas que recogía su presupuesto.

placeholder María Teresa de Luxemburgo, en una imagen de archivo. (Getty)
María Teresa de Luxemburgo, en una imagen de archivo. (Getty)

La duquesa no estaba de acuerdo con las acusaciones, se sintió cuestionada y atacada. No salió muy contenta de esa reunión y aseguró que el Ejecutivo luxemburgués la estaba poniendo a prueba a ella en particular, así que se marchó del encuentro, hizo las maletas y puso rumbo a Suiza, alegando “motivos familiares graves” que le exigían tomarse unos días. El presidente de Rumanía, que iba de visita esos días para encontrarse con la pareja ducal, se quedó a solas con su esposo Enrique y los rumores de que algo iba mal se hicieron más fuertes.

DE LA PRENSA A WARINGO

El escándalo saltó a los medios cuando una antigua empleada, Jacqueline, recurrió a los periodistas para que se hiciera eco de sus quejas y el maltrato sufrido. Trabajó directamente para la gran duquesa durante 14 años. La había contratado para vestirla y cuidar sus prendas al detalle, pero después de un enfrentamiento entre las dos, Jacqueline fue desterrada a la lavandería del palacio. Esto la molestó, según relató ella misma al diario 'Le Quotidien', pero lo peor llegó cuando, a poco de su jubilación, fue despedida y acusada de “insubordinación obvia y reiterada, creando una atmósfera caótica entre el personal” de la duquesa.

La empleada acusó a su jefa de acoso constante y humillación, de cambios de humor permanentes que le hacía prácticamente imposible cumplir sus labores. “Cambiaba sus órdenes cada minuto, yo ya no sabía qué hacer”, aseguró Jacqueline, que luego resultó no ser la única que había sufrido las órdenes de la 'señora'. Era un escándalo que afectaba a la mitad del personal. Bettel optó entonces por dar un golpe en la mesa porque debía rendir cuentas ante los ciudadanos sobre los más de 7 millones de euros de impuestos de los contribuyentes que se gastaban anualmente en los empleados de los duques de Luxemburgo. Llamó a Jeannot Waringo, ex alto funcionario del Ministerio de Finanzas, y lo envió a la Corte.

placeholder La gran duquesa María Teresa de Luxemburgo, en una imagen de archivo. (EFE)
La gran duquesa María Teresa de Luxemburgo, en una imagen de archivo. (EFE)

Además de poner las cosas en orden, Waringo debía investigar lo que había estado pasando en la residencia de los duques. El funcionario publicó hace exactamente un año sus conclusiones, demostrando que la prensa se había quedado corta en sus calificativos sobre el carácter de María Teresa. El duque Enrique había publicado un mensaje unos días antes en Twitter en el que dejaba entrever lo ofendido que estaba con los medios. A su juicio, los periódicos habían publicado “artículos acusando falsamente” a su esposa, la madre de sus cinco hijos y la abuela “devota” de sus nietos, de cosas que no había hecho. “Esto está pasando factura a nuestra familia: ¿por qué atacar a una mujer?; ¿una mujer que defiende a otras mujeres?; ¿una mujer que no tiene derecho a defenderse?”, preguntó.

El gran duque Enrique conoció a su pareja, de raíces cubanas, en la Universidad de Ginebra. La relación nunca convenció a su suegra, la gran duquesa Josephine Charlotte. El carácter de ambas chocó desde el principio y, sobre todo, el hecho de que María Teresa no fuera de la nobleza y que no tuviera experiencia en la Corte fue algo que molestó a la duquesa. Sin embargo, Enrique echó un pulso a su madre y se acabó casando con su prometida el 14 de febrero de 1981, hace ya cuatro décadas.

UN INFORME DOLOROSO

El informe, de 44 páginas, que publicó Waringo el 31 de enero de 2020, era duro con su esposa, María Teresa. “Hay una cierta cultura de miedo entre el personal”, reconoció el investigador. Se encontró con desorganización, del trabajo y de las cuentas, y señaló a la gran duquesa como la persona que tuvo la última palabra o la que tomó las decisiones más importantes sobre el personal. Fue ella la que contrataba y despedía a su aire, y la comunicación dentro del palacio brillaba por su ausencia, mientras la “vida cotidiana estaba dominada por los rumores”, incluso hay quien hablaba de violencia física, dijo. “Esto debe cambiar de inmediato”, instó al Gobierno, pidiéndole marginar a María Teresa de todas las decisiones de peso en el palacio y tomar las riendas de la imagen de los duques.

placeholder Enrique de Luxemburgo y su esposa, María Teresa de Luxemburgo, en 2018 durante un viaje a París. (EFE)
Enrique de Luxemburgo y su esposa, María Teresa de Luxemburgo, en 2018 durante un viaje a París. (EFE)

“Sin entrar a comentar las razones que fueron y pudieron haber sido el origen de las numerosas salidas…, me gustaría señalar, sin embargo, que las conversaciones que he tenido con personas que han dejado su trabajo han ido introduciendo poco a poco un sentimiento de desasosiego en mi manera de concebir las relaciones humanas, ya sean profesionales o privadas”, añadió Waringo. Sintió “cierta ansiedad entre los colaboradores, como el estrés por ser regañados o ante la posibilidad de ser despedidos”, una conclusión a la que llegó “sin necesidad de que los trabajadores expresaran abiertamente sus sentimientos”.

Entre sus recomendaciones, pedía “como un gesto de gran importancia”, modernizar radicalmente a la monarquía y apostar por la transparencia, una “gran necesidad” en tiempos donde las familias reales están sometidas a constante escrutinio, sobre todo por sus gestos y por lo que gastan. Los flujos de dinero y la gestión financiera deben estar en manos de un experto independiente, añadió.

LOS CAMBIOS DEL ÚLTIMO AÑO

Desde la política, hay quien cree que las cosas han mejorado este último año. Había una división nada clara de las tareas dentro de la Corte, y ahora hay un organigrama de flujo organizativo para aumentar la transparencia y aclarar roles y responsabilidades entre el personal, algo que, para Josée Lorsché, de la izquierda verde, era un “problema importante a resolver” y se han “implementado las sugerencias hechas” por Waringo. La gran duquesa ya no tiene iniciativa en la gestión de personal, ni siquiera opina sobre el nuevo organigrama.

placeholder El gran duque Enrique de Luxemburgo y su mujer, la gran duquesa María Teresa, en 2015. (EFE)
El gran duque Enrique de Luxemburgo y su mujer, la gran duquesa María Teresa, en 2015. (EFE)

Los gastos relacionados con la Corte están listados en el Presupuesto de la Corte 2021, lo cual es “una señal de transparencia” para Léon Gloden, del partido social cristiano CSV. Pero los partidos de la oposición siguen siendo muy críticos. El hecho de que la administración de las cuentas de palacio se haya hecho por decreto, en lugar de por un proyecto de ley, fue “un mal comienzo”, según los socialistas. Creen que el proceso de contratación de personal ha convertido la Corte en una especie de “tienda de autoservicio” y pidieron al primer ministro hacer un balance de la situación actual y presentar un informe.

Una de las apuestas más importantes para el cambio de imagen es la página web Monarchie.lu, cuya nueva versión está disponible desde el 31 de diciembre. Es el escaparate de las actividades de los miembros de la familia gran ducal y es parte de la apuesta estratégica de una comunicación más moderna y transparente con la sociedad.

El nuevo mariscal de la Corte, Yuriko Backes, que llegó a su nuevo puesto en junio de 2020, dijo a la prensa local que la antigua web “estaba en ruinas, y ahora se busca la modernización”, añadió. Ha movilizado a un comité para garantizar el diseño de una herramienta oficial, y no para uso privado de la familia real, aunque reconoció que esta estuvo involucrada en el proceso. “El comité lideró el diseño y el pensamiento arquitectónico, pero la familia real vio los proyectos y validó el contenido”, dijo. Se han gastado unos 80.000 euros del presupuesto en esta web y los trabajos los ha hecho una agencia privada luxemburguesa.

El diseño se centra más en la figura del gran duque, dejando en un segundo plano a la gran duquesa. La idea, en realidad, es presentar al pueblo a una pareja renovada, entregada y transparente, alejada de los escándalos y de las consecuencias de ese informe Waringo. Pero no está claro si el ambiente en la jaula dorada también se ha renovado y sus empleados tienen ahora más ganas de ir a trabajar, de lo que lo hacían hace un año.

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