Casa Luxemburgo: la dictadura de la gran duquesa María Teresa
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Casa Luxemburgo: la dictadura de la gran duquesa María Teresa

Un informe encargado por el Gobierno de Luxemburgo concluye que detrás de los muros del palacio de los duques reina una cultura del miedo a María Teresa

Foto: Casa Luxemburgo: la dictadura de la gran duquesa María Teresa
Casa Luxemburgo: la dictadura de la gran duquesa María Teresa

La Corte de Luxemburgo está dominada por el miedo a la gran duquesa María Teresa. A decepcionarla, a no tenerla contenta, a su mirada y sus críticas. La rotación de personal ha sido enorme durante el último lustro: 51 de los 110 empleados que tiene a su servicio han sido despedidos o han dimitido por la presión a la que su jefa les tenía sometidos. El adjetivo que más se repite desde la publicación el viernes del informe de Jeannot Waringo sobre los entresijos de la Corona es “doloroso”.

El primer ministro, Xavier Bettel, se rebeló contra los monarcas y designó el año pasado al antiguo inspector general para que investigara, entre otras cosas, la política de personal, en el ojo del huracán después de la fuga de decenas de empleados, y el uso de fondos públicos en las operaciones dentro de palacio, se creía que no todo el dinero se destinaba a cuestiones oficiales.

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Había demasiados rumores negativos sobre el ambiente dentro de la Corte, lo que, además de restar credibilidad a los duques María Teresa y Enrique, suponía un inconveniente para el Gobierno de Luxemburgo, responsable de los salarios de los empleados de la Corona.

María Teresa de Luxemburgo. (EFE)
María Teresa de Luxemburgo. (EFE)

Enrique no tuvo otra alternativa que aceptar la investigación anunciada como un ejercicio de transparencia por el Gobierno. Le dio incluso una habitación y oficina propia en el palacio a Waringo, quien, después de seis meses acudiendo a trabajar como un reloj, concluyó que lo que se encontró allí es un auténtico desastre.

Todo el mundo está a las órdenes de la María Teresa, incluido su esposo. “Las decisiones más importantes en relación a la gestión del personal, ya sea a nivel de reclutamiento, asignación a los diversos departamentos o incluso a nivel de despido son asumidos por la gran duquesa”, escribe Waringo.

¿Hay una política de personal fallida dentro del palacio? ¿Tiene algo que ver el temperamento de la gran duquesa? La respuesta es sí. María Teresa, de 63 años, enamora a sus plebeyos durante sus visitas y eventos de trabajo, es amable y agradable al trato. Pero el informe concluye que tiene otra cara dentro de las paredes de palacio. Siempre quiere tener la última palabra sobre las decisiones que se toman en la Corte. “En al menos 2 de los casos en los que quería contribuir a encontrar una solución, claramente sentí la presencia de su alteza real la gran duquesa en el funcionamiento de la Corte”, asegura el exfuncionario del Estado.

Enrique y María Teresa de Luxemburgo.  (EFE)
Enrique y María Teresa de Luxemburgo. (EFE)

A lo largo de las 44 páginas, Waringo trata de que no saquen de contexto sus afirmaciones, pues no tiene un problema personal con la duquesa. “Quisiera decir con honestidad y con el riesgo de ser mal interpretado que, en la cadena de toma de decisiones del Palacio, y especialmente en el campo de la gestión del personal, el papel de la gran duquesa, que ejerce una función puramente representativa, no debería ser un tema de discusión. Debemos reformar el funcionamiento de nuestra monarquía en este punto esencial. En mi opinión, no hay otra solución”, advierte tajante.

Entre 2014 y 2019, al menos 51 empleados de la Corte se vieron obligados a abandonar su empleo, empujados por el comportamiento tan exigente de la “señora”. El mariscal de la Corte, el primer consejero, el secretario general, el jefe del Servicio de Comunicación... Todos se marcharon y fueron reemplazados a intervalos regulares.

Las razones nunca se hicieron públicas, pero los rumores sobre disputas con su jefa han estado circulando durante muchos años.

Los grandes duques de Luxemburgo, Enrique y María Teresa, en una imagen de archivo. (EFE)
Los grandes duques de Luxemburgo, Enrique y María Teresa, en una imagen de archivo. (EFE)

Esto ha alarmado a la opinión pública. Su sueldo procede del dinero de los impuestos de todos, hay más de 7 millones de euros en el Presupuesto General del Estado dedicados a los gastos de personal de la Corte. “Sin entrar a comentar las razones que fueron y pudieron haber sido el origen de estas numerosas salidas…, me gustaría señalar, sin embargo, que las conversaciones que he tenido con personas que han dejado su trabajo han ido introduciendo poco a poco un sentimiento de desasosiego en mi manera de concebir las relaciones humanas, ya sean profesionales o privadas”.

Desde sus primeros días en palacio, Waringo sintió “cierta ansiedad entre los colaboradores, como el estrés por que les regañen o a ser despedidos”, una conclusión a la que llegó “sin necesidad de que los trabajadores expresaran abiertamente sus sentimientos”. El funcionario recuerda que, en cualquier trabajo, es esencial “la moral y motivación del personal, pues tiene un impacto en su desempeño y bienestar” porque, si los empleados sienten que están “constantemente expuestos a presiones, reales o imaginarias, su comportamiento puede cambiar radicalmente, se ponen enfermos, se sienten mal y buscan otro trabajo”.

Los grandes duques de Luxemburgo, Enrique y María Teresa, en una imagen de archivo. (EFE)
Los grandes duques de Luxemburgo, Enrique y María Teresa, en una imagen de archivo. (EFE)

El ambiente en la jaula dorada es muy desagradable y los que se quedan es porque no tienen remedio. “Hay signos inconfundibles. Me di cuenta de que, en las relaciones y conversaciones entre colegas, el buen rollo y el humor son raros. Todos están vigilantes y cuidan sus palabras”, analiza Waringo. Los jefes tampoco se comunican entre ellos ni con los demás, lo que hace que el día a día “esté marcado por historietas y rumores” porque los problemas “no se ponen sobre la mesa ni se discuten con calma”. Además, los jefes tienen preferencias por los que son “menos críticos y más dóciles”.

En definitiva, el personal está para atender en todo momento los deseos de María Teresa y apoyarla en sus diferentes estados de ánimo. Cancela de forma repentina encuentros importantes anotados en su agenda porque no le apetece, y no hace más que publicar fotos de sí misma en su página web, dominio que -según Waringo- no debería estar financiado por dinero del Gobierno. El Estado solo puede mantener (y debe modernizar) la web oficial de palacio.

María Teresa de Luxemburgo, en una imagen de archivo. (EFE)
María Teresa de Luxemburgo, en una imagen de archivo. (EFE)

Los intentos de la duquesa de interferir en la política del Estado tampoco han pasado desapercibidos, ya lo hacía con Jean-Claude Juncker, predecesor de Bettel, pero este no está dispuesto a permitirle que influya en política. “Su rol es meramente representativo”, recuerda.

Tampoco queda claro cuántos miembros del personal son realmente necesarios para el buen funcionamiento de la Corte y si la pareja ducal usa el dinero del Gobierno para actividades privadas. Por eso, el informe exige transparencia y sugiere que el primer ministro siempre dé su aprobación a la hora de reclutar personal.

El duque sale a la defensa de “una mujer”

Esta investigación pone a la duquesa en una posición difícil, y el gran duque Enrique lo sabe, por eso salió en su defensa. “¿Qué sentido tiene atacar a una mujer? ¿Una mujer que defiende a las demás mujeres? ¿A una mujer a la que ni siquiera le está permitido defenderse?”, dijo el duque en las redes sociales, en un mensaje para defender a “una madre devota” como María Teresa.

El gran duque Enrique de Luxemburgo. (EFE)
El gran duque Enrique de Luxemburgo. (EFE)

El tono del mensaje, publicado en varios idiomas, entre ellos el español, provocó algunas dudas sobre la autoría del texto, en especial porque también incluía fotos de Enrique y María Teresa caminando juntos en Ginebra y mirando a lo lejos cerca del río Ródano, algo que -dicen las malas lenguas- solo se le ocurriría a ella. La publicación de este informe en la página web del Gobierno de Luxemburgo coincidió con uno de los peores momentos de la duquesa. Se encuentra en Ginebra pendiente de la salud de su hermano Luis, ingresado en cuidados intensivos.

El gran duque Enrique conoció a su pareja, de raíces cubanas, precisamente en la Universidad de Ginebra. La relación nunca convenció a su suegra, la gran duquesa Josephine Charlotte. El carácter de ambas chocó desde el principio y, sobre todo, el hecho de que María Teresa no fuera de la nobleza, y que no tuviera experiencia en la Corte, molestó a la duquesa. Sin embargo, Enrique echó un pulso a su madre y se acabó casando con su prometida el 14 de febrero de 1981.

El gran duque Enrique de Luxemburgo y su esposa, la gran duquesa María Teresa. (EFE)
El gran duque Enrique de Luxemburgo y su esposa, la gran duquesa María Teresa. (EFE)

En 2002, la disputa familiar no aguantó más y estalló públicamente. María Teresa invitó a todos los medios de comunicación a su alcance, unos 15 editores, y les contó que su suegra quería romper su matrimonio, la llamaba “pequeña cubana” (por su origen plebeyo) y estaba “difundiendo chismes” en palacio. El encuentro con los periodistas se celebró con el visto bueno del duque. Estas declaraciones se extendieron como la pólvora por Luxemburgo, dañando en especial la imagen de Josephine Charlotte. Ella nunca respondió a las acusaciones. Murió en 2005.

María Teresa se centró desde entonces en crear la imagen pública que tiene hoy en día, centrándose principalmente en poner fin a la violencia, en especial la sexual, contras las mujeres en entornos vulnerables. El año pasado, organizó un foro internacional, a través de su organización Stand Speak Rise Up, que fue uno de los últimos actos en los que participó su suegro, Juan de Luxemburgo, antes de su fallecimiento el pasado abril.

María Teresa de Luxemburgo, en una imagen de archivo. (EFE)
María Teresa de Luxemburgo, en una imagen de archivo. (EFE)

El miércoles, día clave en el Parlamento

El Parlamento de Luxemburgo considerará este miércoles 5 de febrero el informe y tratará de establecer una guía rápida para modernizar a la monarquía. Para 2020, ya se decidió reducir el presupuesto de la familia real en medio millón de euros, a un total de 10,6 millones.

Los diputados se muestran cautelosos y están ya analizando “sin emoción”, dicen, los hechos recogidos en el documento. “Para muchos, la Corona es una institución donde no puede haber problemas”, declaró la diputada Josée Lorsché, de la Izquierda Verde. Desde la oposición, Claude Wiseler (Partido Popular Social Cristiano) cree que es “necesario introducir nuevas reglas”, pero prefiero esperar al debate parlamentario para decir cuáles.

Cuando el gran duque Enrique llegó hace veinte años, se hablaba de que el suyo sería un reinado diferente, que le daría un estilo nuevo y moderno a palacio. Se creía que la pareja sería más accesible y más cercana al público, a diferencia de lo que había sido el caso hasta entonces.

El gran duque Enrique de Luxemburgo junto a su esposa, en una imagen de archivo. (EFE)
El gran duque Enrique de Luxemburgo junto a su esposa, en una imagen de archivo. (EFE)

Pero hubo demasiados altibajos, en especial tras oponerse “por motivos morales” a firmar la ley que legaliza la eutanasia en 2008, obligando al Gobierno a modificar un artículo constitucional de hacía 150 años para reducir los poderes de los jefes del Estado en cuestiones legislativas.

Una de las conclusiones del informe es precisamente la necesidad de “reformar el funcionamiento de la monarquía”. Esto podría incluso suponer la marcha de Enrique después de dos décadas en el trono, o al menos obligar a una aceleración en el traspaso del ducado al gran duque heredero Guillermo y su esposa, Stéphanie de Lannoy, aunque este no sea el mejor momento para la pareja heredera: esperan, por fin, su primer hijo, el segundo en la línea sucesoria al trono.

[LEA MÁS: Guillermo y Stéphanie de Luxemburgo y los secretos de su esperado embarazo]

El tiempo dirá qué pasará con la institución ducal. De momento, el gran duque promete contribuir de manera constructiva a una mayor transparencia y modernización de la corte. Aunque las conclusiones del informe dan poca credibilidad a su capacidad de controlar el patio. “Nadie tiene control sobre la gran duquesa María Teresa, ni el mariscal de la Corte, ni el gran duque, ni el personal de la Corte”, concluye Waringo.

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