El fiestón secreto de Juan Carlos I en el mar de Galicia: batea, marisco, familia y amigos
Es un plan simbólico que organizaba cuando iba a Galicia. Está previsto que el sábado 13 lleguen amigos de todas partes que seguirán al barco de los mejillones con otras barcas
El rey Juan Carlos I en Sanxenxo. (EFE/Lavandeira)
Cuando el rey Juan Carlos I empezó a navegar en aguas gallegas acompañado de sus amigos, lo primero que hizo fue interesarse por las tradiciones locales. Fue su gran amigo Pedro Campos -a quien conoció en 1983 tras ganar la Copa del Rey de Vela- quien le explicó la existencia de las bateas, plataformas flotantes de madera donde se cultivan moluscos.
Los mejores del mundo, dicen ellos. Así nació una costumbre que este próximo fin de semana el monarca espera repetir: un encuentro simbólico en el que el rey emérito desea rodearse de familia y amigos.
La infanta Elena, Juan Carlos I y Pedro Campos. (Europa Press/Óscar Ortiz)
Los ingredientes invitan a una celebración a lo grande, como le gusta a don Juan Carlos: sí, a lo grande, pero siempre entre fieles y con discreción. Su pasión por el mar y las tradiciones gallegas se unirán el próximo fin de semana en uno de esos planes que combinan amistad, confidencias y marisco. Según ha podido saber Vanitatis, el monarca planea celebrar el sábado 13 de septiembre un encuentro muy especial en Sanxenxo, con una batea como escenario, símbolo inequívoco de Galicia.
Si finalmente se confirma, será la última gran reunión del rey emérito en tierras gallegas antes de viajar a Nueva York, donde le acompañará su hija, la infanta Elena, también participante en el campeonato.
Bateas de cultivo de mejillón, en Galicia. (EFE/Salvador Sas)
La idea, cuentan quienes lo conocen bien, es sencilla pero cargada de simbolismo: una cena en la batea, con mejillones recién sacados del mar, buen vino gallego y las historias de siempre compartidas entre amigos. Al barco principal se sumarán otros más pequeños en los que viajarán invitados y familiares. Todo sin grandes fastos ni protocolos: sencillo, popular, como le gusta a él y a los suyos.
Sanxenxo, su refugio
Sanxenxo se ha convertido en la última década en mucho más que un refugio para el monarca. Allí ha encontrado el lugar ideal para seguir vinculado a la vela y, al mismo tiempo, una comunidad que lo recibe con afecto y discreción, lejos de la presión mediática que lo acompaña en otros destinos. No es casual que el Real Club Náutico -presidido por Pedro Campos- y su entorno se hayan convertido ya en una extensión natural de su vida social y deportiva.
El plan del 13 de septiembre, si se concreta, reunirá a viejos amigos, regatistas y confidentes del rey emérito en un ambiente íntimo, con la complicidad de quienes comparten con él no solo la pasión por el mar, sino también una larga historia de vivencias. Será, aseguran, una despedida distinta antes de poner rumbo a la gran cita náutica internacional.
El rey Juan Carlos saluda a la prensa al salir de la casa de Pedro Campos. (EFE/Lavandeira jr)
Porque más allá de títulos y controversias, existe un Juan Carlos cercano y relajado que en los últimos años ha encontrado en Galicia un lugar donde sentirse en casa. Y la batea será, sin duda, la mejor prueba de ello.
Si todo transcurre como está previsto, la cita quedará como una más de las muchas que el rey Juan Carlos I ha protagonizado en Sanxenxo, un rincón de Galicia inseparable ya de su biografía más personal. Una más, sí, pero especial por el momento, los invitados y la distancia que lo separa de este puerto cuando no está en España.
Cuando el rey Juan Carlos I empezó a navegar en aguas gallegas acompañado de sus amigos, lo primero que hizo fue interesarse por las tradiciones locales. Fue su gran amigo Pedro Campos -a quien conoció en 1983 tras ganar la Copa del Rey de Vela- quien le explicó la existencia de las bateas, plataformas flotantes de madera donde se cultivan moluscos.