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Nace una princesa en Brunéi y todo sigue igual: así funciona la sucesión más cerrada de las monarquías actuales
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CASA DE BOLKIAH

Nace una princesa en Brunéi y todo sigue igual: así funciona la sucesión más cerrada de las monarquías actuales

La hija de Abdul Mateen llega al palacio en plena estabilidad dinástica, en un sistema que reserva la corona exclusivamente a los descendientes varones de la dinastía reinante

Foto: Los príncipes de Brunéi con Mariam, la madre de Abdul Mateen. (Instagran: @tmski)
Los príncipes de Brunéi con Mariam, la madre de Abdul Mateen. (Instagran: @tmski)

En algunas monarquías, un nacimiento real es sólo una celebración familiar. En otras, un recordatorio silencioso de cómo funciona el poder institucional. Y después están los Brunéi. La llegada de la primera hija de los príncipes ha sido recibida con honores de estado y ha despertado fascinación a nivel internacional. Y no solo por la pompa que rodea a la Casa de Bolkiah. También por lo que su nacimiento revela entre líneas. La pequeña no ocupará lugar en la línea de sucesión y esto ha vuelto a poner sobre la mesa una de las realidades más herméticas de la realeza contemporánea: hay corona que aún se heredan solo entre hombres.

En este caso, la normativa que regula la sucesión al trono se apoya en la Constitución de 1959 y en disposiciones posteriores que consolidan un principio claro: solo los descendientes varones legítimos de la línea dinástica del sultán Omar Ali Saifuddien III —mulmanes y nacidos dentro de matrimonio reconocido— pueden aspirar a la corona. Cabe apuntar que no se trata de una costumbre informal. Tampoco de una tradición flexible. Más bien de un marco legal definido que combina derecho dinástico, jurisprudencia islámica y práctica histórica. Y la exclusión femenina, en lo que a este asunto se refiere, es uno de sus pilares.

placeholder El sultán de Brunei junto a Carlos III de Inglaterra. (Gtres)
El sultán de Brunei junto a Carlos III de Inglaterra. (Gtres)

El heredero actual, el príncipe Al-Muhtadee Billah, es el mejor ejemplo de cómo se forma a un sucesor dentro del sistema. Desde muy joven ha ido asumiendo responsabilidades de Estado, participando en actos oficiales y representando al sultanato en el exterior. Un proceso con el que ha conseguido consolidar su legitimidad ante las élites políticas y religiosas del país. Porque, eso sí, en Brunéi no basta con pertenecer a la sangre real. El heredero debe transmitir solvencia, disciplina y autoridad antes de reinar. En sí, tiene que demostrar que está listo mucho antes de reinar porque en Brunéi estas cosas no se dejan al azar.

Después de él, la sucesión continúa siguiendo un orden agnático, basado exclusivamente en la descendencia masculina dentro de la dinastía reinante. En primer lugar están sus hijos varones. Tras ellos, los hermanos del heredero y las ramas familiares que descienden de ellos. Por eso, el nacimiento de una niña —aunque celebrado con orgullo dentro y fuera del palacio— no altera en absoluto el tablero dinástico. Su lugar dentro de la familia es en términos sociales. Incluso representativos. Pero no en el plano jurídico. Y, como decíamos, esto no responde a una preferencia personal ni a una decisión puntual del monarca. Es simplemente la aplicación directa del sistema sucesorio vigente.

placeholder El sultán de Brunéi y su esposa en la boda de su hijo Abdul Mateen. (Gtres)
El sultán de Brunéi y su esposa en la boda de su hijo Abdul Mateen. (Gtres)

De hecho, las mujeres de la familia real no están ausentes de la vida pública. Al contrario. Gran parte de ellas participan en actos oficiales, impulsan iniciativas sociales y ejercen una presencia constante en el ámbito cultural y diplomático. Es decir, su influencia existe, pero discurre por canales distintos a los del poder dinástico. Un caso claro es el de la princesa Masna, hermana del sultán, que ejerce funciones diplomáticas como embajadora itinerante del país y representa oficialmente a Brunéi en el exterior. También la princesa Fadzilah, hija del monarca y capitana de la selección nacional femenina, participa con frecuencia en eventos institucionales.

En ese contexto, el nacimiento de la hija de Abdul Mateen no altera el equilibrio del sistema sucesorio, pero sí lo hace visible. Cada nuevo miembro de la familia real funciona, en cierto modo, como un recordatorio de cómo Brunéi entiende la continuidad del Estado: una estructura donde la estabilidad dinástica se preserva mediante reglas claras y una tradición institucional. Mientras otras monarquías han adaptado sus normas sucesorias a los cambios sociales, el sultanato ha optado por mantener un modelo que prioriza la línea masculina como garantía de continuidad. La pequeña princesa crece así dentro de una de las casas reales más poderosas del mundo, con un papel público asegurado, aunque no dinástico.

En algunas monarquías, un nacimiento real es sólo una celebración familiar. En otras, un recordatorio silencioso de cómo funciona el poder institucional. Y después están los Brunéi. La llegada de la primera hija de los príncipes ha sido recibida con honores de estado y ha despertado fascinación a nivel internacional. Y no solo por la pompa que rodea a la Casa de Bolkiah. También por lo que su nacimiento revela entre líneas. La pequeña no ocupará lugar en la línea de sucesión y esto ha vuelto a poner sobre la mesa una de las realidades más herméticas de la realeza contemporánea: hay corona que aún se heredan solo entre hombres.

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