La historia de la corona de Escocia que ha reaparecido junto a Carlos III de Inglaterra: oro, perlas y el papel que tuvo en el funeral de Isabel II
La joya ha vuelto a ocupar un lugar destacado durante la apertura de la nueva legislatura del Parlamento escocés, una ceremonia presidida por el monarca y la reina en Edimburgo
La corona de Esocia que ha acompañado a Carlos III en la apertura del nuevo parlamento escocés. (Getty Images)
Este sábado, Carlos III de Inglaterra volvió a poner rumbo a Escocia para presidir uno de los actos más destacados del calendario institucional británico. El monarca, acompañado por la reina Camila, inauguró la nueva legislatura del parlamento escocés ante los 129 diputados elegidos en las elecciones del pasado mayo. Además, durante su intervención, el soberano elogió la tradición democrática del país y deseó suerte a los nuevos representantes. Sin embargo, más allá de su discurso, hubo un detalle que no pasó desapercibido y que volvió a despertar el interés de los amantes de la realeza: la corona de Escocia.
A simple vista puede parecer una corona más, pero basta detenerse en sus detalles para entender por qué es una de las piezas más valiosas del patrimonio de la monarquía británica. Se trata de una joya que fueremodelada en 1540 para el rey Jacobo V por el orfebre John Mosman. La pieza fue elaborada con oro escocés e incorporó parte de los elementos de una corona anterior. Además, cuenta con 22 gemas, otras 20 piedras preciosas y decenas de perlas de agua dulce escocesas. Todo el conjunto está coronado por un globo imperial esmaltado en azul y una cruz dorada, dos de los rasgos que mejor la identifican.
El duque de Hamilton con la corona de Escocia antes de la apertura de la nueva legislatura del Parlamento escocés en Edimburgo. (Gtres)
Pero si hay algo que hace única a esta corona no son sus piedras ni el oro con el que fue elaborada. Más bien todo lo que ha sobrevivido. En el siglo XVII, durante la invasión de Oliver Cromwell, las joyas de la corona escocesa estuvieron a punto de desaparecer para siempre. Y para evitar que fueran destruidas, fueron trasladadas en secreto al castillo de Dunnottar, donde permanecieron ocultas hasta que pudieron regresar a Edimburgo. Gracias a aquella decisión, se logró preservar uno de los mayores símbolos de la historia de Escocia.
Medio siglo después, tras la unión de los Parlamentos de Escocia e Inglaterra en 1707, la corona de Escocia dejó de utilizarse y fue guardada en un cofre en el Castillo de Edimburgo. Allí permaneció olvidada durante más de un siglo, hasta que en 1818 el novelista Walter Scott, con autorización del entonces príncipe regente —el futuro Jorge IV—, encabezó la apertura del cofre donde permanecían guardadas las antiguas insignias reales. Aquel momento permitió recuperar las joyas de la corona escocesa, que desde entonces volvieron a ocupar un lugar destacado en las grandes ceremonias del país.
Fue presentada a Isabel II después de su coronación
En 1953, la corona de Escocia abandonó de forma excepcional el Castillo de Edimburgo para ser presentada oficialmente a Isabel II unas semanas después de sucoronación. Desde mediados del siglo XX, sus apariciones públicas han sido muy contadas —normalmente en actos como el de este sábado— y siempre ligadas a acontecimientos de especial relevancia para el país. La más emotiva tuvo lugar en septiembre de 2022, cuando fue colocada sobre el féretro de la soberana durante la capilla ardiente celebrada en la catedral de St. Giles, en Edimburgo. Ahora, casi cuatro años después, la joya ha vuelto a ocupar un papel protagonista junto a Carlos III.
Este sábado, Carlos III de Inglaterra volvió a poner rumbo a Escocia para presidir uno de los actos más destacados del calendario institucional británico. El monarca, acompañado por la reina Camila, inauguró la nueva legislatura del parlamento escocés ante los 129 diputados elegidos en las elecciones del pasado mayo. Además, durante su intervención, el soberano elogió la tradición democrática del país y deseó suerte a los nuevos representantes. Sin embargo, más allá de su discurso, hubo un detalle que no pasó desapercibido y que volvió a despertar el interés de los amantes de la realeza: la corona de Escocia.