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viven entre Londres y Barcelona

Sally Wood, la mujer que domesticó a un Rolling Stone

Atrás quedaron los días de drogas, alcohol y chicas por los pasillos de un hotel. Ron Wood sigue siendo el guitarrista de la banda pero, por fin, ha sentado cabeza. Hablamos con la mujer que hizo el milagro

Foto: El guitarrista de los Rolling stone, Ronnie Wood, y su mujer en una imagen de archivo  (Reuters)
El guitarrista de los Rolling stone, Ronnie Wood, y su mujer en una imagen de archivo (Reuters)

Cuando Ron Wood (Hillingdon, Inglaterra, 1947) publicó en 2008 su libro biográfico, Memorias de un Rolling Stone, no imaginaba que la hija de la pareja de músicos a quienes mostraba su agradecimiento en el preámbulo acabaría siendo su esposa. De hecho, ese mismo año fue bastante salvaje. Dejó a su tercera esposa para encerrarse en su mansión de Irlanda con una camarera rusa de 20 años a quien conoció en un garito del Soho. Cuando volvió en sí, Ron decidió entrar en una clínica de rehabilitación. Por séptima vez.

El guitarrista de los Rolling Stone, Ron WoodSiete años después de aquello Ron es otro y su vida también. El guitarra de los Rolling Stones se casó en diciembre de 2012 con Sally Humphreys, actriz y productora teatral 30 años más joven. Con ella llegó la serenidad. O más bien, la serenidad permitió que ella apareciese. Un año después de casarse la pareja decidió tomar Barcelona como segunda residencia. La luz mediterránea, su cultura y la proverbial discreción catalana les conquistaron. También Gaudí y el modernismo, como a cualquiera con buen gusto.

Tras explorar el área metropolitana y sondear la costa coincidieron en que son demasiado urbanitas (y bastante más sofisticados que un futbolista y su WAG) y se decidieron por el centro de la ciudad. Cuando están en Barcelona, Ron y Sally ocupan un pisazo enorme en la calle Diputació esquina Paseo de Gràcia. El reputado diseñador e interiorista Jaime Beriestain se encargó de decorar el inmueble, de unos 300 m2. Se hicieron amigos y este jueves fue él quien abrió su casa a Mrs. Wood. En la Concept Store de la calle Pau Claris, decorada de arriba abajo por Beriestain, puedes comprar desde un guante de crin a una butaca de 1.500 euros. También productos gourmet o cenar allí mismo.

Sally Wood presentó a la sociedad catalana su propia marca de chocolates, Sweet Theatre. ¿Cómo mezclar el chocolate con Shakespeare? “La mezcla es algo consustancial al teatro: arte y negocio se fusionan. Me encanta cocinar repostería y el mejor dramaturgo inglés. La idea se me ocurrió durante un viaje: me levanté en Tokio con un buen jet lag y simplemente se me ocurrió. Quería hacer algo menos perecedero que una tarta y de ahí la idea”. Ron Wood no solamente toca la guitarra. También pinta. Pero no al modo diletante de esos famosos avergonzados de la profesión que les ha llevado a portada. Él pinta bien. Sus cuadros, que exponen reconocidas galerías londinenses, llegan a alcanzar las 300.000 libras. Sally dice que la luz de Barcelona le inspira.

Beriestain firmó un contrato de confidencialidad con los Wood para no desvelar cómo decoró su casa. Pero aprovechamos que su cliente está delante para solicitarle que levante levemente el velo. Responde ella misma. Nunca hasta ahora había hablado de cómo es su hogar: “Estamos muy satisfechos con el trabajo de Jaime. Se trataba de un rellano en un bloque de oficinas y hemos aprovechado los techos tradicionales así como otros elementos. Intentamos recuperar todos los detalles estéticos de su antigua estructura”.

Sally afirma que la lectura de Memorias de un Rolling Stone no la asustó pese a que en sus páginas no escatima en detalles sobre drogas, alcohol y mujeres desnudas corriendo por pasillos de hoteles. También cuenta que hasta 2002 no hizo una gira completamente sobrio. “Provengo de una familia de artistas, aunque son intérpretes de música clásica (risas) y yo misma llevo años trabajando en el teatro. Las excentricidades no me cogen de sorpresa. Mi padre toca el chelo; mi padre, la flauta; Ronnie, el rock & roll. Cualquier cosa absurda o legendaria que pueda pensarse de los Rolling, alguien ya lo ha dicho”. Que Keith Richards esnifó las cenizas de su padre lo dijo él mismo, pero es falso que se hiciese un filtrado completo de sangre en una clínica de Suiza cómo método vampírico de desintoxicación. Tampoco es cierto que los Rolling no soportasen a los Beatles. La propia Sally nos asegura que en su casa descansa toda la discografía de los de Liverpool. Es más: el mejor de los que quedan vivos, asistió a su boda.

La pareja en una imagen de archivo (Gtres)
La pareja en una imagen de archivo (Gtres)

Sally y Ron se conocen desde hace once años y se casaron tras seis meses de noviazgo. ¿Qué les motivó a ello? “Es la vida y quería tener una en común con Ronnie. Los hijos no están entre nuestros planes inmediatos. Aunque quién sabe. De momento tenemos una perrita, Dolly”. A la boda asistieron Rod Stewart y Paul McCartney. Y aunque los mimbres eran excepcionales, no se produjo una jam session. Lástima. Hubiese sido épica: “Se trató una ceremonia corta y tras ella nos fuimos de cena y luego a bailar a un club. En realidad fue algo muy íntimo”. Cuando Sally encontró a Ron, se incorporó a una familia muy larga. El rockero tiene cuatro hijos y ocho nietos. Los niños de su familia política la llaman “tita Sally”, pese a que un hijo de su marido es mayor que ella.

¿Es complicado vivir junto a una estrella de rock? “Cuando la gente conoce a Ronnie, todos han leído barbaridades en revistas y diarios. Se sorprenden por lo genial, pero por lo normal que es también. Amistoso, natural, sencillo. Le gusta lo que a cualquier persona: comer, las flores, las cosas simples”. No hay nada de gamberro ya en la vida del guitarrista. Ron, que estuvo estado compitiendo durante años con su compañero lo Keith Richards en castigarse el cuerpo, ha pasado página. Cuando la banda termina un concierto, nos cuenta Sally, se dedica a ver series. “Entre sus preferidas están Fortitude, House of Cards, Better call Saul, The Killing, The Bridge… Y las vemos juntos. Adoro a la khaleesi de Juego de Tronos”.

Lejos quedan los días de excesos, de whisky y drogas duras. Ni siquiera hay riesgo de que se le acerque una groupie u otro tipo de advenediza más peligrosa. Sally lo acompaña en todos sus desplazamientos, giras incluidas. Lo más excitante que ahora consume el bueno de Wood es café a espuertas. “Nunca duerme”, bromea Sally, la mujer que acabó por domesticar a una de sus satánicas majestades.
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