'Avenue Q', la generación Barrio Sésamo al desnudo
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Teatro

'Avenue Q', la generación Barrio Sésamo al desnudo

“Un musical para nuestros amigos, a los que no les gustan los musicales”. Así se plantearon este espectáculo sus creadores, Jeff Marx y Robert López, y

Foto: 'Avenue Q', la generación Barrio Sésamo al desnudo
'Avenue Q', la generación Barrio Sésamo al desnudo

“Un musical para nuestros amigos, a los que no les gustan los musicales”. Así se plantearon este espectáculo sus creadores, Jeff Marx y Robert López, y dieron totalmente en el clavo. Para toda una generación (o dos) que se crió con Barrio Sésamo. Para aquellos que pensaban que se iban a comer el mundo con su título universitario en la mano. Para aquellas chicas sensibles, curtidas en diversas artes, que se veían como las mejores postoras para tener un príncipe azul. En definitiva, para todos aquellos llenos de sueños que se toparon con la dura realidad –suponemos que muchos, pero muchos- llega esta historia divertidísima y eminentemente gamberra. Llega a la cartelera madrileña Avenue Q.

 

Desde su estreno en Broadway, en el 2003, no ha dejado de cosechar éxitos y reconocimiento. El más contundente, tres premios Tony. En su versión española demuestra haber cuidado mucho los detalles: desde un texto traducido con mucho oído –no muchos musicales pueden presumir de lo mismo-, hasta un reparto muy solvente que se enfrenta al reto de demostrar, además de sus dotes interpretativas y vocales, que son competentes en el manejo de marionetas.

 

Entre estos últimos improvisados titiriteros encontramos mucha calidad. Isabel Malavia demuestra tener una voz prodigiosa en sus dos facetas: Kate Monster y Lucy La Guarra. Además, sus gestos sobre el escenario no tienen precio. Leo Rivera, que se encarga de manipular a Nicky, al Osito Azul -que es como pepito grillo, pero al revés-, y al grosero de Trekkie, es pura energía en escena y su entusiasmo cala en el público. Por último, Ángel Padilla, con Princeton y Rod, se muestra comedido y exacto. Cada uno aporta el tono necesario y saben complementarse, y si bien alguno destaca especialmente en la manipulación -Padilla y su Rod-, todos ellos sorprenden especialmente al alternar las voces de sus muñecos, sin apenas mediar segundos, con una soltura digna de mención.

 

Un toque oriental más discutible

 

Donde sí encontramos algún pero es con los personajes de Merry Christmas, la japonesa que trabaja en un chino, y Brian, un treintañero sin trabajo. A Thais Curia el reto ya de por sí complicado de cantar con un toque, digamos, chirrioso oriental, hace que cueste entenderla. Por su parte, a Pablo Muñoz-Chapuli, a pesar de su corrección, le falta algo de gracia.

 

Son detalles menores dentro de un espectáculo que conquista y que imaginamos que todavía necesita rodaje para pulir alguno de sus gags, ya de por sí muy resultones. Un montaje en el que se disfruta especialmente de la vuelta de tuerca que reciben los trasuntos de personajes muy queridos de Barrio Sésamo. Qué decir de ese monstruo de las galletas convertido en un adicto al porno en internet… O de la aclaración del tan traído asunto Epi y Blas en su piso compartido… O el sexo explícito entre dos de sus inocentes criaturas… Todo muy tronchante, pero con cierto toque corrosivo.

 

Muchos se preguntarán, no obstante, si no hubiese sido más efectiva la, digámoslo así, españolización de algunos detalles de la realidad que respiran estos personajes que viven en lo peorcito de Nueva York. Detalles como que uno de sus vecinos sea una estrella venida a menos, Gary Coleman, el niño prodigio de Arnold, pueden ser poco apreciados. Muy al contrario que cuando se tira de recursos más cercanos, como pequeños guiños a la pequeña pantalla patria o giros muy de andar por casa –“Pues parece que escampa…”-. ¿Se imaginan un Avenue Q situado un poco más allá de Vallecas o de Carabanchel Alto? Podría ser... Aunque, por el momento, con cruzar el charco nos conformamos.