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Por qué nos encanta el concepto de 'belleza sin complejos' de Salma Hayek

“No quiero malgastar lo que me queda de juventud fingiendo ser más joven”, ha dicho. ¡Olé!

Foto: Salma Hayek luciendo escote.
Salma Hayek luciendo escote.

Un selfie de la actriz de 52 años mostrando sus canas con orgullo es un paso más en la desenfadada relación de Hayek con sus rutinas de belleza.

“Este es mi color natural y estas son mis canas”, ha confesado la actriz a 'The New York Times', que acaba de etiquetar un selfie como #orgullosa de mis canas. “Una de las razones por las que no me tiño el pelo es porque no aguanto estar sentada tanto tiempo mientras el color actúa”.

Salma Hayek con su espléndida melena.  (EFE)
Salma Hayek con su espléndida melena. (EFE)

¿Una excepción? No. Hace un año ya exhibió con toda la naturalidad del mundo sus rizos ingobernables –se refirió a él como #cabello loco– y siempre dice 'no' alto y claro cuando se prepara para una producción y el peluquero le ruega que le deje cortar su pelo. El mismo éxito obtiene el maquillador si se le ocurre insinuar que podría descargar un poco sus pobladas cejas. “Tengo un cabello rizado y salvaje y si un día está más loco de la cuenta, me hago una coleta”.

Esta rutina de belleza simple hasta lo esencial se hace extensiva a todos sus cuidados. No es que Salma Hayek desconfíe de la cosmética –lanzó su propia firma, Nuance, hace un par de años, y es cofundadora de la exitosa marca de zumos orgánicos Juice Generation, que tiene un apartado de máscaras comestibles a base de frutas–, pero el concepto de doble limpieza coreana y los infinitos ungüentos, cremas y fluidos que las asiáticas utilizan a diario, le provocarían temblores: “Me desmaquillo por la noche con aceite de coco, pero nunca me limpio la piel por las mañanas. ¿Por qué habría de hacerlo? Mi abuela –su referente en este y otros asuntos de la vida– me enseñó que la piel utiliza la noche para reponer todo lo que ha perdido durante el día, así que por la mañana rocío mi rostro con agua de rosas, que te despierta de golpe, y luego utilizo una hidratante”. A veces decide ponerse una mascarilla, pero nada de fórmulas high tech: elabora la suya a base de harina de avena, miel y agua, la deja reposar “y mi piel queda suave y pura”, dice. Tampoco le gusta utilizar una exfoliante muy a menudo –”Veo muchas mujeres en Hollywood con el rostro muy brillante porque se exfolian demasiado”– y se aplica protección solar solo si va a estar todo el día en la playa “porque los ingredientes químicos que contienen no son buenos para la piel”.

“La industria cosmética nos hace creer que necesitamos más cosas de las que realmente nos hacen falta. Y yo no quiero malgastar lo que me queda de juventud empleando tiempo y energía en parecer más joven. Así no disfrutaría de la vida”. Queda dicho.

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