Se estrena la 'Rebeca' de Netflix: la historia de la chaqueta con nombre de película
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nueva versión del clásico

Se estrena la 'Rebeca' de Netflix: la historia de la chaqueta con nombre de película

La película de Hitchcock fue tan popular en la España de posguerra que la población comenzó a llamar así a las chaquetas de punto abotonadas

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Se estrena la 'Rebeca' de Netflix: la historia de la chaqueta con nombre de película

Los que soñaron con volver a Manderley están de enhorabuena. 'Rebeca' ha llegado esta semana a Netflix tras su fugaz paso por las salas de cine. La nueva adaptación de la famosa novela de Daphne du Maurier está protagonizada por Lily James y Armie Hammer. En la memoria colectiva sigue presente, sin embargo, la versión de Hitchcock que protagonizaron Joan Fontaine y Laurence Olivier. Aquella fue la superproducción de un crecido David O. Selznick tras el fulgurante éxito de 'Lo que el viento se llevó'. Un cuento gótico del Hollywood dorado por el que el 'mago del suspense' no sentía especial devoción (o, al menos, eso le confesó él mismo a Truffaut en su famosa entrevista-libro).

Los que sí le tienen simpatía a aquella vieja historia en blanco y negro son los españoles, que llaman 'rebeca' al clásico cárdigan, una chaqueta de punto abotonada y con cuello a la caja, desde que se estrenó la película. La prueba es que si buscamos la definición en la RAE, nos encontramos con “chaqueta femenina de punto” cuyo origen determina “un filme de A. Hitchcock, basado en una novela de D. du Maurier, cuya actriz principal usaba prendas de este tipo”. Es el único caso en el que un film pone nombre a una prenda de ropa, muestra de la importancia que el cine tuvo en la sociedad durante gran parte del siglo pasado.

Lo cierto es que los cárdigan ya existían mucho antes de que el 'mago del suspense' estrenase su cinta. También eran previos a la novela, inspirada en una casa que Du Maurier poseía en Cornwall, llamada Menabilly. El término 'cárdigan' proviene de James Thomas Brudenell, conde del título homónimo, famoso por dirigir la célebre Carga de la Brigada Ligera (acontecimiento que dio lugar a otra cinta emblemática del cine clásico). El noble solía utilizar el jersey de lana en aquel cambiante XIX. Décadas más tarde, en los años 20, fue Coco Chanel la que lanzó la rebeca al mercado tal y como la conocemos hoy. A la legendaria diseñadora le fastidiaba que los jerséis de toda la vida estropeasen el peinado de las mujeres.

Joan Fontaine y Laurence Olivier, en un fotograma de 'Rebeca'. (Cordon Press)
Joan Fontaine y Laurence Olivier, en un fotograma de 'Rebeca'. (Cordon Press)

En aquellos años de la posguerra española, cuando el cine era refugio de la desdicha y la penuria de las calles, 'Rebeca' fue uno de los éxitos emblemáticos de nuestro país. Pese a que el personaje que da nombre a la película jamás aparece en pantalla, los españolitos acabaron llamando así al jersey abotonado conforme fue pasando la década de los 40. En España, por cierto, la película se estrenó dos años más tarde que en Estados Unidos, en plena Navidad (10 de diciembre) de 1942.

Un rodaje complejo

El pasado mes de marzo, la cinta de Hitchcock cumplió la friolera de ochenta años. La preproducción fue tan compleja como el resultado final, un cuento de terror gótico con significancias lésbicas (ejemplo de ello es la fascinación del ama de llaves, la señora Danvers, por la difunta Rebeca). En principio, Selznick quiso producir una película sobre el hundimiento del Titanic dirigida por el británico. Aquel proyecto, que jamás se llevó a cabo, se acabó convirtiendo en 'Rebeca'.

El megaproductor se había hecho con los derechos de la novela nada más leer las galeradas y peleó por hacer la mejor película posible. Con Laurence Olivier en mente para protagonizarla, el estudio hizo un casting minucioso para elegir a la protagonista. Vivien Leigh, que tenía contrato con Selznick desde que encarnó a Scarlett O'Hara, intentó por todos los medios ser la elegida. ¿La razón? Su amor por el actor británico, con el que se casaría en segundas nupcias ese mismo año.

Joan Fontaine, en 'Rebeca'. (CP)
Joan Fontaine, en 'Rebeca'. (CP)

Sin embargo, la que se llevó el gato al agua fue Joan Fontaine. Inicialmente, Selznick quería a su hermana (y rival) Olivia de Havilland para protagonizar la película. Pero Warner, que ya se la había cedido para ser la Melania de 'Lo que el viento se llevó', no quiso repetir la experiencia. Tras ser contratada, Fontaine fue un verdadero manojo de nervios durante el rodaje, algo que vino bien a su caracterización de chica melindrosa, torpe y asustadiza.

Estrenada en marzo del 40 en Estados Unidos, la película no solo supuso el inicio del recorrido hollywoodiense de Hitchcock sino también una especie de antecedente de la mismísima 'Ciudadano Kane'. Según cuenta Gregorio Belinchón en 'El País', Selnick también quiso contratar a Gregg Toland (cuya fotografía acabaría haciendo historia en el 'Kane' de Welles), pero no le fue posible por tener otros compromisos laborales. La prueba de la similtud entre ambas películas es que la historia se desarrollaba en una mansión y el/la protagonista era un difunto.

Aunque a la propia Du Maurier le horrorizó, esta acabó ganando el Oscar a la mejor película y arrasó en taquilla. Ocho décadas más tarde, su mejor legado sigue siendo haber puesto nombre a una prenda que jamás pasará de moda. La película tampoco.

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