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Crítica de 'Emily in Paris' (T5): 'Vive la fantaisie!' de un placer culpable de moda, romance y turismo
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Crítica de 'Emily in Paris' (T5): 'Vive la fantaisie!' de un placer culpable de moda, romance y turismo

Con su protagonista moviéndose entre tres ciudades y dos amores, sigue siendo un 'guilty pleasure' que mezcla moda, belleza y aspiracionalidad, promulgando el sacrosanto derecho de no tener que pensar demasiado mientras vemos una serie

Foto: 'Emily in Paris', un 'guilty pleasure' que vuelve a nuestras vidas. (Netflix)
'Emily in Paris', un 'guilty pleasure' que vuelve a nuestras vidas. (Netflix)

Bienvenidos a 'Emily in Paris', un universo de reuniones de trabajo donde las marcas se citan en cascada y sus integrantes van vestidas de punta en blanco. Donde se amanece por la mañana delante de una ventana que tiene vistas a los rincones más bellos de Roma y un chulazo italiano a las espaldas.

Donde la búsqueda de trufas en un bosque se intenta hacer en tacones (uno de los recursos humorísticos que intentan hacer de Emily una torpe adorable pese a su clara normatividad, bastante alejada de Bridget Jones) y montar a caballo puede ser una tortura pero también puede propiciar una reconciliación.

placeholder Emily, más italianizada que nunca. (Netflix)
Emily, más italianizada que nunca. (Netflix)

Sin ánimo de hacer spoilers, esas son algunas de las secuencias que tienen lugar en la quinta temporada de una serie que en principio iba a ser una producción más de Paramount Network y acabó convirtiéndose en uno de los productos estrella de Netflix desde su desembarco en la plataforma, allá por 2020.

Como habrá adivinado el lector tras leer las primeras frases de este artículo, 'Emily in Paris' es una fantasía que cumple una vieja máxima de Louis B. Mayer, el jefazo de la Metro-Goldwyn-Mayer en sus años más dorados. El magnate aseguraba que quería hacer "películas bonitas sobre gente bonita". Un axioma que compartiría el Darren Star que creó esta ficción protagonizada por Lily Collins que posee legiones de fans en todo el mundo.

placeholder Emily y Marcello, idas y venidas durante esta temporada. (Netflix)
Emily y Marcello, idas y venidas durante esta temporada. (Netflix)

Criticar 'Emily in Paris' desde una superioridad intelectual, analizando sus subrayados o las fórmulas que explota una y otra vez, sería tan estéril como resistirse a esos croissants que hacen de esta joven experta en marketing toda una parisina de pro, a pesar de ser norteamericana. "¡Crees que soy francesa!", le dice a un ciclista al que antes abronca después de que casi la atropelle en las calles de París. El buen señor atribuye el mal humor de la chica a la nacionalidad gala.

placeholder Lily Collins durante la promoción de esta temporada. (Netflix)
Lily Collins durante la promoción de esta temporada. (Netflix)

Lo mejor es centrarse en la evolución de sus personajes y en unas dinámicas que siguen siendo tan adictivas como de costumbre. En esta temporada, Emily está situada en Italia, emparejada con Marcello y con la dura tarea de hacer negocios con su madre, dueña de un importante emporio.

Sin embargo, París y Gabriel, ese chef que siempre fue el principal interés amoroso de la serie, no andan lejos de su cabeza y de su corazón (y mucha atención, porque dicho conflicto da pie a una memorable secuencia en góndola hacia el final...)

placeholder Alfie y Mindy, dos de las claves de estos nuevos capítulos. (Netflix)
Alfie y Mindy, dos de las claves de estos nuevos capítulos. (Netflix)

Esta tanda de episodios, con un cambio de rumbo en el quinto capítulo, resuelve algunas de las dudas de los más fieles: ¿será posible (tal y como sugieren algunas imágenes del tráiler) que Mindy tenga algo más que una amistad con Alfie, ex de Emily?; en caso de ser así ¿pondrá eso a prueba su amistad? Digamos que el personaje de la amiga fiel de Emily tiene, entre secuencias de baile, momentos eróticofestivos y outfits de infarto, una presencia indudable ayudada por la interpretación de Ashley Park.

placeholder Una de las imágenes de la quinta temporada de 'Emily in Paris'. (Netflix)
Una de las imágenes de la quinta temporada de 'Emily in Paris'. (Netflix)

Pero si hay un personaje que evoluciona en esta temporada es el de Sylvie, la a menudo irascible jefa de la protagonista encarnada por Philippine Leroy Beaulieu. Su matrimonio con Laurent será puesto contra las cuerdas y su lado aventurero y sexy saldrá a flote como nunca.

Acompañando a esas tres mujeres, tenemos personajes accesorios como el de Marcello Muratori (menuda maravilla de nombre), al que los guionistas tratan de dar cierto empaque a costa de los conflictos con su progenitora o de su interés por destacar en el negocio de la moda.

placeholder Minnie Driver, una de las nuevas incorporaciones. (Netflix)
Minnie Driver, una de las nuevas incorporaciones. (Netflix)

Y no olvidemos que en esta temporada también está, por ejemplo, ese icono de los 90 que fue Minnie Driver. La secuencia de un funeral en el que ella es la gran protagonista nos muestra unos modelos imposibles con los que jamás verías a tu tía Conchi yendo a despedir a un difunto. De hecho, los personajes llevan tantas marcas colgando en momentos aparentemente triviales (un desayuno, por ejemplo) que parecen un árbol de Navidad. Y todo gracias al vestuario sofisticado e imaginativo de Marylin Fitoussi.

Añadamos al cóctel la belleza de Roma, a la que se une la del propio París y la de Venecia (sobre todo en el último capítulo, que es la mejor postal audiovisual sobre la ciudad del Véneto desde que Katharine Hepburn rodase allí 'Locuras de Verano' en 1955), los grafismos que nos indican la localización de cada capítulo o la música de fondo (incluso la que Nino Rota compuso para 'Amarcord' durante la mencionada búsqueda de trufas) que evita que haya un solo parón narrativo.

placeholder El romance, otro de los fuertes de 'Emily in Paris'. (Netflix)
El romance, otro de los fuertes de 'Emily in Paris'. (Netflix)

Desde un punto de vista intelectual, sería fácil destrozar 'Emily in Paris'. Pero sigue siendo una inyección de placer visual; un 'guilty pleasure' que mezcla moda, belleza y aspiracionalidad y promulga el sacrosanto derecho de no tener que pensar demasiado mientras vemos una serie. Como nos decía el productor Ramón Campos en una entrevista, no toda la ficción tiene que ser arte.

Bienvenidos a 'Emily in Paris', un universo de reuniones de trabajo donde las marcas se citan en cascada y sus integrantes van vestidas de punta en blanco. Donde se amanece por la mañana delante de una ventana que tiene vistas a los rincones más bellos de Roma y un chulazo italiano a las espaldas.

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