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analizamos las piezas más importantes

Qué fue del impresionante joyero de los Franco

Analizamos con la ayuda del experto en gemología Daniel Nicols el valor y el paradero de algunas de las piezas más imponentes del joyero de la familia Franco

Foto: Margarita Vargas con uno de los collares más impresionantes del joyero de los Franco. (Gtres)
Margarita Vargas con uno de los collares más impresionantes del joyero de los Franco. (Gtres)

La muerte de Carmen Franco el pasado 29 de diciembre ha vuelto a colocar en el punto de mira el patrimonio familiar. Una herencia que rondaría, según los datos publicados por el diario 'El País', los seiscientos millones de euros; capital que abarcaría bienes inmuebles (edificios, aparcamientos, palacetes), antigüedades y joyas que la matriarca habría dispuesto en sus últimas voluntades o cedido en vida. Aseguran a Vanitatis que “Carmen siempre ha sido una persona muy justa y desde luego lo que no iba a permitir con sus decisiones era que en el futuro los hijos se pelearan”.

A diferencia de su madre, Carmen Polo, que tenía predilección por los collares de perlas, la duquesa de Franco tendía más a coleccionar esmeraldas, zafiros, rubíes, obras de arte y antigüedades.

Carmen Franco. (Gtres)
Carmen Franco. (Gtres)

Esta diferencia de gustos ha hecho que determinados objetos sean más fáciles de dividir entre sus siete hijos. Una de las costumbres en familias con importante nivel económico era que las hijas y las mujeres de la casa recibieran el grueso de las alhajas. Los chicos, las llamadas 'joyas de pasar', como sucede en la realeza, y las obras de arte.

Boda de Mariola y Rafael Ardid. (Semana)
Boda de Mariola y Rafael Ardid. (Semana)

En la familia Martínez-Bordiú, las grandes piezas han formado parte de la iconografía de las bodas de Carmen, Mariola y de las exmujeres de Francis y Jaime, María Suelves y Nuria March, respectivamente. En el caso de esta última, la suegra cedió un broche de brillantes montado en platino que sujetaba el velo y que la novia devolvería después. Pertenecía a Carmen Franco igual que la tiara que lució María Suelves y que ya sirvió años antes para el enlace de Mariola con Rafael Ardid.

Esta diadema junto con la impresionante corona con cinco esmeraldas que lució Carmen Martínez-Bordiú cuando se casó con el duque de Cádiz son las más importantes de la colección de la duquesa de Franco.

La que sirvió de adorno para Mariola fue muchos años después un 'préstamo' en las cabezas de sus dos nueras que contrajeron matrimonio en el pazo de Meirás. Siguiendo la costumbre, una vez finalizada la ceremonia volvieron a la caja fuerte de los Ardid Martínez-Bordiú igual que varias pulseras de brillantes. Una de ellas, regalo del marqués de Villaverde a su mujer cuando se comprometieron y que pasó a su hija predilecta.

Margarita Vargas con un broche heredado de la familia Franco. (Gtres)
Margarita Vargas con un broche heredado de la familia Franco. (Gtres)


Margarita Vargas, sin ser hija, ya ha lucido en varias ocasiones piezas importantes cedidas por la abuela a Luis Alfonso de Borbón, al que protegió cuando se quedó huérfano. Este collar de esmeraldas es diferente a la tiara de la exduquesa de Cádiz. Según el joyero Daniel Nicols, dueño de la joyería del mismo nombre y experto en gemología, son piezas que “valen lo que el comprador quiera pagar. Están montadas en oro blanco en talla brillante y baguette. Este tipo de joyas no se venden en escaparate, van directamente a subasta”.

Boda de Carmen Martínez-Bordiú y el duque de Cádiz. (Semana)
Boda de Carmen Martínez-Bordiú y el duque de Cádiz. (Semana)

En cuanto a la corona de Carmen Martínez-Bordiú, el experto asegura que es de un valor incalculable y explica que “seguramente es desmontable y se convertía en broche y en pulseras. Es muy habitual en ese tipo de joya”. En este caso se trata de una corona en oro blanco de 18 quilates y con cinco grandes esmeraldas colombianas de la zona de Boyacá, de donde proceden las gemas más valoradas”.

En realidad, según Nicols, el precio depende de muchos factores: “Valor gemológico, histórico, artístico y sentimental”. En este caso, se juntan las cuatro cualidades y por lo tanto el precio puede variar hasta la cifra que alcance en una subasta importante.

Otras piezas significativas eran los collares de perlas que Carmen Franco a su vez heredó de su madre, aunque en su caso prefería los zafiros, aguamarinas, rubíes y, por supuesto, las esmeraldas. “Las perlas en aquellos años venían de Filipinas o directamente de Japón”. Para los expertos, Carmen Franco era la Elisabeth Taylor de las joyas porque además valoraba el trabajo de los profesionales en una de las joyas que más utilizaba en su vida pública: “Los broches de doble clip que se dividían en tres partes”.

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