Carreras de coches, megayate y esquí: así es el empresario catalán que ha vendido Titán
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Carreras de coches, megayate y esquí: así es el empresario catalán que ha vendido Titán

Joaquín Folch-Rusiñol Corachán es miembro de una histórica familia burguesa: Santiago Rusiñol fue su antepasado. Amigo de Bernie Ecclestone, ha vendido por más de 100 millones

Foto: Carreras de coches, megayate y esquí: así es el empresario catalán que ha vendido Titán
Carreras de coches, megayate y esquí: así es el empresario catalán que ha vendido Titán

Campeón de Formula One, amigo de Bernie Ecclestone, miembro activo de la Fundación Princesa de Asturias... El que ha sido el histórico presidente de Titán (Titanlux) hasta hace pocos días, cuando la empresa se vendió a AzkoNobel y Neuce, es un miembro de la alta burguesía con ocho o más apellidos catalanes. Joaquín Folch-Rusiñol Corachán reside en la zona más exclusiva de Pedralbes, en una gran casa con jardín, y pasa largas temporadas en Suiza, donde practica otro de sus deportes favoritos: el esquí.

Casado con Virginia Faixat Botey, tienen dos hijos, a quienes pasó el día a día de su empresa, centenaria y familiar. Un negocio que le ha convertido en uno de los hombres más ricos de Europa, algo que se traduce en sus aficiones: amante de las carreras de coches, tiene un superyate de 38 metros de eslora, el Buka, y su empresa contaba con un avión privado que alquilaban a terceros y que vendieron en 2019.

Joaquín Folch-Rusiñol Corachán, en una de sus carreras. (AL)
Joaquín Folch-Rusiñol Corachán, en una de sus carreras. (AL)

La familia fundadora de Titanlux, que forma parte de Fábricas Folch, empresa matriz, está entroncada con los nombres más poderosos de la sociedad catalana. No suelen aparecer en prensa porque son, como casi todos los grandes empresarios catalanes, amantes de la discreción. Eso sí, prefieren que las informaciones sobre ellos sean veraces y por eso aceptan contarnos algunos detalles de la vida de este millonario.

Arte en las venas

Uno de sus antepasados es el pintor Santiago Rusiñol, representante del Noucentisme, muchas de cuyas obras decoran las paredes del Círculo del Liceo para solaz de sus elitistas socios. Folch-Rusiñol Corachán delegó el día a día de la empresa Titán en sus dos hijos, Joaquín y Alberto, en 2015, mientras él mantenía el mando en Fábricas Folch, de la que se ha ido desligando con los años y son ahora ellos quienes la dirigen.

La muestra 'El Greco. La mirada de Rusiñol'. (EFE)
La muestra 'El Greco. La mirada de Rusiñol'. (EFE)

Podríamos decir, pues, en palabras de sus allegados, que es un jubilado con posibles que trata de disfrutar la vida tras una larga carrera. La venta de Titán, por más de 100 millones de euros, es otro motivo para celebrar esa vida que Folch-Rusiñol sabe exprimir.

Amigo de Bernie Ecclestone

Desde esa especie de retiro de la primera línea, Folch-Rusiñol ha seguido muy activo en otras labores, como su presencia en el Patronato de la Fundación José Carreras y en el de la Fundación Princesa de Asturias, del que forma parte por su vinculación al mundo del deporte, en especial al del motor. No en vano, posee una buena colección de piezas de este sector. Su afición por las ruedas empezó de joven, cuando participaba en carreras de motos, algo que fue derivando en los coches clásicos. En este ámbito, ganó el Campeonato del mundo de Fórmula One, donde compiten coches de los 70 y los 80, en 2012. De ahí surge su amistad con Ecclestone, uno de los padres de la Fórmula 1.

Foto: Los yates de lujo, también de cuarentena: del de Tita en Barcelona al de Andic en Ibiza

En su familia siempre han sido coleccionistas, afición que inició su abuelo, Joaquín, el primer miembro de esta generación de empresarios, quien coleccionaba minerales. Alberto Folch-Rusiñol, padre de Joaquín, creó una colección de arte contemporáneo muy admirada y que heredaron sus hijas. Su hijo, Joaquín, protagonista de estas líneas, colecciona -decíamos- motos, su gran pasión.

Megayate

Otra de sus aficiones es el esquí, por lo que pasa largas temporadas en Suiza, donde su entorno puntualiza que no vive y que ha pagado siempre sus impuestos en España. Así ha hecho también con su barco, el yate Buka, de pabellón español, una maravillosa embarcación con la que suele surcar las aguas del Mediterráneo. Este pasado verano, por ejemplo, estuvo en las islas griegas.

El yate Buka. (Cortesía de Hessel Yachts)
El yate Buka. (Cortesía de Hessel Yachts)

El yate está valorado en unos 10 millones de euros y es el tercero de este empresario. Lo compró en la década de los 2000 y apareció incluso en un reportaje de la CNN en el que se contaba qué supone tener un superbarco: "Es como nuestra segunda casa", declaró entonces Folch-Rusiñol. Decorado por su mujer, en colaboración con la empresa Omega, el destino favorito de la familia son las Baleares, a donde suelen ir siempre que pueden, de mayo a octubre.

"Somos una familia muy deportista -contó entonces este empresario-, así que cuando vamos a las Baleares, tan conocidas por sus fiestas, nosotros no llevamos ese tipo de vida; al contrario, nos vamos a dormir pronto, madrugamos y hacemos gimnasia, nadamos, vamos en bici y salimos a correr". Amante de la velocidad en todas sus formas, Folch-Rusiñol admitía en el citado reportaje que "si los negocios siguen yendo bien, puede que nos compremos un barco más grande". Quizás ha llegado el momento.

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