Aaron Lee, la oscura historia tras el joven prodigio de la Orquesta Nacional de España: palizas, secuestro y amenazas
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EL TERROR A MANOS DE SU PADRE

Aaron Lee, la oscura historia tras el joven prodigio de la Orquesta Nacional de España: palizas, secuestro y amenazas

Con 16 años, a punto de cumplir 17, cuando ya había comenzado a estudiar en el conservatorio, su evidente destino se torció. En ese momento comenzó la pesadilla

placeholder Foto: Aaron Lee. (Victoria Iglesias)
Aaron Lee. (Victoria Iglesias)

Cuando tenía 20 años, un joven llamado Aaron Lee (1988) logró aprobar las pruebas de ingreso en la Orquesta Nacional de España. Consiguió así convertirse en el miembro más joven de la institución. Aquello cambió su vida de una manera que nadie podía imaginar.

No nos referimos al giro profesional que experimentó tras un tiempo en el que trabajó como camarero, como dependiente o como músico callejero deleitando a los transeúntes con su violín, a pesar del enorme talento que, desde niño, había demostrado tener. Aquel trabajo en la Orquesta Nacional de España ofreció a Aaron Lee el entorno de seguridad y de estabilidad económica que necesitaba para superar un miedo que se había instalado en lo más profundo de su ser. El origen de ese miedo fue el infierno que sus propios padres le habían hecho pasar desde los 16 años.

Foto: Aitor Gómez y José Bono júnior. (Lagencia Grosby)

Aaron Lee pertenecía a una familia de surcoreanos que se había instalado en España. Nació en Madrid y a los cuatro años ya tocaba el piano. Con 9, su virtuosismo con el violín asombraba a los mayores expertos en la materia.

Pero con 16 años, a punto de cumplir 17, cuando ya había comenzado a estudiar en el conservatorio, su evidente destino se torció. En ese momento comenzó la pesadilla, una historia de horror, valentía y superación que Aaron convirtió en libro el año pasado, ‘Yo soy el que soy’ (Letrame, 2020), y que este sábado 16 de enero se materializará también sobre las tablas del teatro. La historia de la vida de Aaron será estrenada en el Pavón Teatro Kamikaze de Madrid.

Aaron Lee ha tenido la amabilidad de hablar para Vanitatis. Esta es su historia.

placeholder Aaron Lee. (Victoria Iglesias)
Aaron Lee. (Victoria Iglesias)

PREGUNTA: Con 16 años comienza tu pesadilla. Fue una noche, cenando con tus padres. ¿Qué ocurre en esa cena?

RESPUESTA: En aquella cena mis padres me dijeron que fuese lo que fuese lo que me pasaba, podía confiar en ellos, que no me preocupase. Parecía que me estaban invitando a salir del armario como si ya lo supiesen. Por eso yo les confesé mi orientación sexual. Les dije que era gay, y partir de ahí es donde cambió todo el ámbito familiar y comenzaron las coacciones, las amenazas, los maltratos también físicos, terapias con médicos…

P: ¿Cuál fue la solución, entre comillas, que tu padre encontró?

R: Intentaron 'curarme' primero a través de un médico amigo de la familia. Después de meses de consultas, el médico les dijo que no había nada que cambiar y entonces ellos decidieron, en ese verano, llevarme a una isla en Corea, a encerrarme en la habitación de una iglesia con el propósito de cambiarme.

P: Antes de que eso ocurriera tú ya habías pensado, a los 15 años, que morirías con 30. ¿Por qué ese pensamiento surgía de la cabeza de un adolescente?

R: En realidad no tenía nada que ver con una idea de suicidio. Era una filosofía de vida en la que uno no se plantea las mismas preguntas, llegado un cierto momento de su vida en el que se acerca al ecuador de la misma, que cuando siente que le quedan 30 o 40 años por delante. Cómo te planeas las relaciones, el trabajo, la pasión. Eso me hacía reflexionar y darme cuenta de que muchas de las cosas que hacemos y de las relaciones que tenemos las damos por hechas y que sigues por inercia, como un hámster que corre en una rueda sin llegar a ninguna parte. Yo pensaba que si me quedaban 15 años de vida, a lo mejor le daba valor a unas cosas y le quitaba fuerza a otras.

P: ¿El pensamiento que tu padre tiene sobre la homosexualidad es algo cultural o es algo personal de él?

R: Creo que es una mezcla de ambas cosas… Hay una herencia cultural, una mentalidad heredada de la sociedad que viene de momentos muy duros, de una posguerra. La guerra de Corea terminó en el 53. En ese año, la ONU colocó a Corea como Tercer Mundo. Mis padres son del año 62, por lo que son niños de posguerra que han pasado muchas dificultades familiares y económicas para poder sobrevivir. Eso también marca mucho en una sociedad en la que las prioridades son otras. Todo eso unido a la religión, que como estamos viendo ahora en otros países en desarrollo, se agarra a la fe como un clavo ardiendo. Lo mismo pasa en Corea. Son mucho más radicales en ese sentido y los dogmas también están a la orden del día. No es lo mismo cómo se plantea la homosexualidad en la Iglesia protestante, en Dinamarca, en Alemania o en ciertas partes de EEUU, que en Corea.

No sabría decirte qué es lo que más influyó en mi padre, pero quizás la religión es lo que más.

placeholder Aaron Lee. (Emilia Gutiérrez)
Aaron Lee. (Emilia Gutiérrez)

P: Cuando tú le cuentas a tu padre quién eres, imagino que lo haces confiando en que lo va a entender. ¿Esperabas la reacción y la violencia que mostró?

R: Yo no me esperaba esa reacción para nada. Fue una sorpresa…

P: ¿Cuánto duró el encierro y cómo terminó?

R: Duró un verano. Desde junio hasta agosto. Finalizó cuando me volví a meter en el armario, muy a mi pesar y haciendo creer a todo el mundo que el milagro había obrado. Fue una estrategia meditada. Tuve que vender la moto de que había obrado el milagro de Dios.

P: De vez en cuando, durante el encierro, salías y en aquellas salidas, de alguna manera, te vengabas de la actitud de tu padre con algunos gestos. ¿Cómo lo hacías?

R: El peor golpe para él era el silencio, el que yo me convirtiese en una pared de hormigón que no respondía y que no comunicaba. Luego tenía pequeños gestos de jugar con la pluma, sabiendo que eso es lo que más puede irritar a una persona así.

P: Secuestro, palizas, amenazas… ¿Cómo se supera algo así? ¿O no se supera nunca del todo?

R: Todo se supera. Todos somos más fuertes de lo que imaginamos y podemos superar situaciones con tiempo y con ayuda emocional, psicológica. En mi caso, la música ha sido un bálsamo, una ayuda. La sensación de soledad se vio muy aminorada gracias al violín.

P: ¿Cómo y cuándo tu vida da un paso definitivo que te permite alejarte de todo ese infierno?

R: Fue en 2010. Logré entrar a formar parte de la Orquesta Nacional de España, la institución musical más importante del país. Yo era el miembro más joven y era el niño de la casa. Eso me cambió radicalmente. Pasé de ganar 400 o 500 euros al mes a ganar más de 3.000.

P: A la orquesta llegas después de sobrevivir en Madrid en trabajos nada estimulantes y pasando incluso hambre… Ahí ya te habías independizado de tus padres, ¿verdad?

R: A mí en 2007 ya me habían echado de casa. Desde diciembre de 2007 hasta enero de 2010 tuve que ingeniármelas para sacarme las castañas del fuego. Fui camarero, dependiente, tocando en la calle, en bodas… Haciendo de todo para sobrevivir. Todo el abuso sufrido y este periodo de supervivencia me han hecho ser la persona que soy hoy. He sido capaz de transformar lo negativo en positivo y el terror en energía que dediqué a la música.

P: ¿Crees que sin la música habrías logrado escapar de esa situación?

R: Creo que sí, pero habría sido más duro y no habría llegado tan lejos. Me habría quedado a medio camino, como le ha ocurrido a otras personas que conozco. No han llegado a tener un título. Yo con 18 ya era licenciado y eso facilita ciertas cosas.

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Aaron Lee. (Victoria Iglesias)

P: ¿Cuándo y por qué decides contar tu historia y hacerla pública a través de un libro?

R: He dejado pasar 15 años hasta que me he atrevido a abrir la caja de Pandora. Ha supuesto reabrir todos mis diarios personales y reescribir sobre ello. Ha sido un proceso de maduración. Me di cuenta de que a lo mejor ya era el momento de ayudar a otras personas con mi historia, y en mi caso, de cerrar un círculo, una etapa para poder seguir los próximos 15 años con la mochila muy ligera. Yo he sido víctima, pero no me gusta nada vivir como víctima. Las cosas malas pasan. Todos pasamos cosas malas de una forma u otra. No digo que mi dolor sea más grave o peor que el de los demás. El mensaje es que las cosas malas van a pasar de una forma u otra, pero sigue caminando, no te hundas, sigue luchando y las cosas van a mejorar.

Mucha gente, familiares, conocidos, que no conocían mi historia, e incluso los que sí sabían de ella, se quedaron impactados por los detalles. No es lo mismo que alguien te cuente algo a grandes rasgos a que puedas leer la transcripción literal de mis diarios.

P: Ahora estrenas obra de teatro, este sábado, sobre tu vida. Háblame de ese proyecto, que imagino que es sanador pero duro a la vez…

R: Llevar mi historia a los escenarios no era algo que estaba pensado. Junto con Gaby Goldman pensamos hacer una presentación del libro, una especie de lectura dramatizada en la que también tocábamos. Miguel del Arco vino a un ensayo y fue él quien dijo que esta historia tenía que estar en el Pavón Teatro Kamikaze en forma de obra de teatro. Todo esto además lo produce Arte que Alimenta, la fundación que presido y que uno de los objetivos que tiene es crear la casa Sylvia Rivera, que es uno de mis deseos primordiales para el 2021. Más allá de los aplausos sobre el escenario, quiero que la música se convierta en refugio para mujeres transexuales. Por eso se llama Sylvia Rivera, pionera en la lucha por los derechos de este colectivo. Es un homenaje y una forma de hacer reflexionar a todos sobre el hecho de que los derechos hay que lucharlos cada día porque si no se pueden perder.

P: ¿Eres feliz?

R: Sí, por supuesto.

placeholder Aaron Lee. (Álex Setraru)
Aaron Lee. (Álex Setraru)

P: La dureza de tu historia parece insuperable pero aquí estás, fuerte y feliz. ¿Qué le dirías a cualquier chico o chica que en estos momentos no ven salida?

R: Que pida ayuda. Hay instituciones públicas y privadas que ofrecen ayuda. Ya no es lo mismo que cuando me pasó a mí en 2005. A nivel personal les recomiendo que sigan nadando, que no se rindan, que las cosas mejoran de la manera más insospechada. Que no se dejen llevar por las circunstancias. Hay una frase de Ortega y Gasset muy conocida que es: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Pero lo que más me gusta a mí es lo que continúa tras esa frase y que se conoce menos: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. Esa parte a mí me marcó mucho en la adolescencia.

P: ¿Tienes algún tipo de relación con tus padres? ¿Hablas con ellos? ¿Has logrado perdonar?

R: No. No tengo relación con ellos, pero hace años que ya perdoné todo porque si no, no hay manera de avanzar ni a nivel humano, ni a nivel personal e incluso te diría que artístico. No comparto su proceder, pero he intentado entender, hacer un ejercicio de empatía, con el que no lo disculpo pero que a mí me ha ayudado a crecer como persona.

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