José Luis Moreno, el muñeco
  1. Famosos
OPINIÓN

José Luis Moreno, el muñeco

Su fama de explotador y hasta cierto porte de avaro perturban mi credibilidad en torno a la pátina de éxitos que él mismo cuenta de su vida

placeholder Foto: José Luis Moreno. (Ilustración: Jate)
José Luis Moreno. (Ilustración: Jate)

Hablar por los codos. Aquello de lo que José Luis Moreno hizo oficio y biografía. Oficio, enfundándose un hueco títere en medio brazo. Biografía, hablando de sí mismo como si en realidad fueran siete. Oficio de Dios dotando a trozos de trapo a su capricho de vida. Biografía del clásico superhéroe que a fuerza de tantas virtudes acabó en inadaptado. Tanto hablar por boca de otros, tanto hablarse a uno mismo, ¿cómo puede no acabar un poco en esquizofrenia? Tanta historia tan contada, tanta heroicidad de vida, ¿cómo no va a volverte una persona psicótica?

Foto: José Luis Moreno en una imagen de archivo. (Getty)

Hablan también por los codos aquellos que le sufrieron. El artista triunfador a base de marionetas se recicló a productor sin parecer distinguir bien lo que era carne o tela. Todos tan maltratados, maltraídos y vacíos. Todos eran sus muñecos. Los que guardaba en la caja y los que solo quería si hacía caja con ellos. Y todos tan mal pagados que nunca salieron las cuentas. El que manejaba los hilos, hoy colgado por los tobillos y convertido en muñeco de piñata. Y no es la primera vez que le están moliendo a palos. No sé si duelen estos más, pero se curan más tarde.

placeholder José Luis Moreno con su muñeco Rockefeller. (TVE)
José Luis Moreno con su muñeco Rockefeller. (TVE)

Tanto cuervo de mentira, tanto niño mal criado, tantos personajes falsos distorsionan mi criterio. Tanto nos ha hablado entre dientes, tanto les ha metido mano, que no sé muy bien a qué Moreno atenerme. Quiero creerme el políglota. Le he visto lo del piano. Necesito pensar que es cierto que fue un joven tenor, reputado. He visto sus mil programas y acreditado sus éxitos. Está claro su poder, su trascendencia mediática. Pero se deja entrever, ya son muchos episodios, una parte muy oscura. Un alma acorazada por azares de la vida que, igual que la de su casa, no sé muy bien como está. Si está llena de riquezas y experiencias de mil vidas o vacía, húmeda y cochambrosa. Ordenada y sorprendente como correspondería a un genio o lúgubre, y hasta podrida, como la tendría un huraño víctima del paso del tiempo. Las dos versiones he leído, de su alma y de su cuarto.

Está más que acreditada su capacidad de trabajo. La inquietud del castellano nacido en casi posguerra que huye de la pobreza es casi una fuerza mística. Bien lejos le ha llevado. A él y a muchos. Tiene que tener algo, eso lo tengo muy claro. Pero su mirada me inquieta y sus enfados sonados nunca en realidad me gustaron.

Su fama de explotador y hasta cierto porte de avaro perturban mi credibilidad en torno a la pátina de éxitos que él mismo cuenta de su vida.

Esta última detención parece ser definitiva. No veo que después de esto logre reanudar la marcha.

placeholder Captura de vídeo que muestra a José Luis Moreno a su salida de la sede de la Audiencia Nacional. (EFE)
Captura de vídeo que muestra a José Luis Moreno a su salida de la sede de la Audiencia Nacional. (EFE)

Tienen que ser grandes y sólidas las evidencias de un Moreno delincuente. Le piden tres millones de euros para evitarse la cárcel. La caída desde el cielo no pone tus pies en la tierra, más bien te arrastra al infierno. Puestos a especular esas trazas de soberbia que aprecias al repasar algunas de sus entrevistas puede que tomaran el control cuando quebró su empresa. Y no hace tanto de eso. De productor millonario a sentirse la última mierda si tuviera que reconocer errores o su pobreza.

Demasiado brusco el cambio. Cuando caes desde tan alto te agarras a lo que sea. Y si se cruza el diablo y tiende una mano abierta no es tan fácil no agarrarla cuando manda la soberbia.

Un dinero imprescindible para tu forma de vida. Una imagen que explotar después de explotar tu empresa. Esa sensación de intocable que da la popularidad. Un más que probable hueco sentimental, de los que duelen muy dentro, que no logró cubrir hombre ni mujer alguna. La locura de la soledad que te empuja a hacer locuras. Un cuerpo de setenta años trabajado con excesos albergando a aquel muchacho ambicioso y pizpireto en una cruel tesitura. Carne de cañón del fraude. Primero de delincuencia.

Ese diablo al que se agarró dicen que es un tal Aguilera. Un abogado ramplón quemado para los trabajos honestos por estafas sucesivas. Resulta imposible pensar que José Luis y su inteligencia no supieran evaluar los riesgos de unirse a la troupe de tal fantoche. Eso ya me resulta un gran indicio de delito. El de la voluntad de hacerlo o el de la desidia de no comprobar bien en qué se estaba metiendo.

placeholder José Luis Moreno en una imagen de archivo. (EFE)
José Luis Moreno en una imagen de archivo. (EFE)

Me gustaría esperar. Soy condescendiente con el éxito. No me quiero dejar llevar por esa envidia nacional y ese sospechar perpetuo que manda en nuestras relaciones. Preferiría en unos días a un José Luis Moreno, otra vez soberbio y muy enfadado o quizá arrepentido, demostrando a todo el mundo que, solo por esta vez, él resultó el muñeco. Alguien que prestó su imagen y miró para otro lado sin pretender indagar, no sea que alguna pregunta limitara sus ingresos. Un hombre hinchado de ego y, a fuerza postreros fracasos, absolutamente ensimismado, incapaz de poner criterio para alejarse de un gánster o de su propia codicia. Alguien que en lugar de engañar resultó del todo engañado.

Voy a esperar, pero me temo, que su inocencia acabará siendo solo una ilusión. Como la de ver a hablar a sus muñecos.

José Luis Moreno
El redactor recomienda