El velero más grande del mundo, en la Costa Brava: cubierta de teca, windsurf y champán
Destinado a crucero de súperlujo, el Club Med 2 ha navegado por la costa con las cinco velas desplegadas. Después de la Costa Azul y la Brava, se dirige a la isla de Skiathos
El Club Med 2, el velero más grande del mundo, delante de Palamós. (Vanitatis)
Hay barcos, hay iconos y luego está el Club Med 2. Quienes hayan estado estos días en la Costa Brava, ya sea en la playa, en la barca o en un balcón con vistas, sabrán de lo que aquí escribimos.
El velero más grande del mundo, con una facha impactante, ha recalado estos días en la zona catalana rumbo a Grecia y ha dejado a más de uno boquiabierto.
El crucero Club Med 2, el año pasado en Alicante. (EFE/Morell)
La embarcación no se construyó para competir con los yates de jeques ni, mucho menos, con los cruceros de pulserita. Se construyó para navegar. Con elegancia, con propósito y, sobre todo, con ese ‘savoir faire’ francés que no necesita ostentar para imponer respeto.
Esta semana, decíamos, la silueta inconfundible de sus cinco mástiles ha surcado las aguas frente a Cadaqués, después Calella de Palafrugell, Palamós... como si fuera un guiño discreto a los que aún levantan la vista del móvil cuando algo bello pasa por el mar.
Con sus 187 metros de eslora y casi 15.000 toneladas de desplazamiento, el Club Med 2 es el velero de recreo más grande del mundo. Se botó en 1996, en los astilleros de Le Havre, y desde entonces ha vivido muchas vidas, pero siempre con la misma filosofía: ofrecer una experiencia de crucero exclusiva.
Pasamanos de caoba
A bordo no hay camarotes, qué va. Hay cabinas con madera de caoba, todas con vistas al mar. Tampoco hay discoteca de poliestireno, sino piano bar con copa de champán incluida. Ni, se lo pueden imaginar, hay buffet de croquetas frías, sino foie y vino francés servido con una sonrisa educada y distante. Lo mejor de todo, sin embargo, es que no hay prisa. No hay carreras para subir y bajar, ni colas para tomar algo, ni horarios apretujados.
Son 2.700 metros cuadrados de cubierta de teca, con pasamanos de caoba y 184 cabinas decoradas al detalle. Además, ha sido recientemente reformado con una inversión millonaria. Los restaurantes, los bares, los gimnasios y hasta la piscina han pasado por revisión y han cambiado completamente.
En la actualidad pertenece al grupo de inversión chino Fosun, pero conserva intacto su acento francés. Su clientela es internacional pero mayoritariamente europea, con parejas maduras, familias discretas y algún que otro ejecutivo en busca de silencio sin wifi. Todo incluido, claro que sí: desde el windsurf hasta el masaje sueco, pasando por cenas bajo las velas y puestas de sol de postal.
3.000 euros para empezar
Los precios se sitúan a partir de los 3.000 euros por semana, en condiciones mínimas, y suben según el nivel de capricho. ¿Vale la pena? Depende. Si lo que uno busca es una navegación real, de esas en las que se nota el mar, el viento, las olas, mientras lee o medita en cubierta, entonces sí.
Después de navegar por nuestro Mediterráneo, estos días el Club Med 2 recorre el Egeo. Zarpó de Italia, ha pasado por la Costa Azul, la Costa Brava y ahora juega con las aguas turquesas de Grecia. Su próxima parada, Skiathos. Después, quién sabe.
Porque lo exclusivo y bello del Club Med 2 es que uno no va a ningún sitio concreto, sino a bordo. La verdadera escala está en el viaje. Y en una frase que se escucha mucho entre sus pasajeros más fieles: “Esto no es un crucero, es otra cosa”.
Hay barcos, hay iconos y luego está el Club Med 2. Quienes hayan estado estos días en la Costa Brava, ya sea en la playa, en la barca o en un balcón con vistas, sabrán de lo que aquí escribimos.