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Las confesiones de Gonzo en el estreno de 'Salvados': “Con políticos, a veces piensas que eran más listos a lo que muestran después”
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Las confesiones de Gonzo en el estreno de 'Salvados': “Con políticos, a veces piensas que eran más listos a lo que muestran después”

Después de seis años, Fernando González, más conocido como ‘Gonzo’, regresa a La Sexta con una nueva temporada de Salvados, que arranca con un especial reencuentro

Foto: Gonzo durante la presentación de la nueva temporada de 'Salvados' en Vitoria. (Gtres)
Gonzo durante la presentación de la nueva temporada de 'Salvados' en Vitoria. (Gtres)

Después de seis años, Fernando González, más conocido como ‘Gonzo’, regresa a La Sexta con una nueva temporada de Salvados, que arranca con un especial reencuentro junto a El Gran Wyoming, su antiguo jefe en El Intermedio. Este encuentro permite a Gonzo repasar no solo su trayectoria profesional, sino también la etapa que marcó su vida, tal y como ha explicado a Vanitatis. “Lo que hacemos no es tanto una entrevista, sino una charla con un referente”, señala, destacando el giro del programa hacia historias más personales y reflexivas desde 2019, tras la marcha de Jordi Évole, incluyendo episodios tan relevantes como su visita a su antiguo colegio dirigido por los Jesuitas para tratar los abusos sexuales.

En la entrevista con Vanitatis, Gonzo también abre la puerta a aspectos más íntimos de su vida, desde su infancia y los valores que le marcaron, hasta la forma en que equilibra su vida familiar con la exigente labor periodística. Esta temporada promete, así, combinar el periodismo incisivo por el que Salvados es conocido con un acercamiento más humano y personal, mostrando al público al hombre detrás de la cámara y su forma de vivir y entender la televisión.

placeholder Gonzo vuelve con otra temporada de 'Salvados'. (Gtres)
Gonzo vuelve con otra temporada de 'Salvados'. (Gtres)

PREGUNTA: Empezáis la temporada con el Gran Wyoming. ¿Es más difícil entrevistar a un político en campaña o a un cómico como él?

RESPUESTA.: Es más difícil entrevistar a un político en campaña, sin ella o cuando deja de ser político incluso. Y la entrevista a Wyoming, no lo califico nunca de cómico. Me parece que es un hombre del Renacimiento: es músico, actor, guionista, escritor. Lo que hacemos no es tanto una entrevista, sino una charla con un referente, compañero y amigo. La parte más grande del programa es él y yo en un bar, donde hemos pasado mucho tiempo juntos, hablando de la vida, no solo profesional sino personal. Queríamos hacerlo bien porque “el gran Chechu”, como lo llamamos, es una persona interesantísima, con una vida que tiene mucho que contar y de la que, si lo escuchas con atención, todos tenemos mucho que aprender.

P.: En tu etapa en Salvados, especialmente durante el último año y medio, se nota que tratas más temas personales y te abres más. ¿Ha sido esto fruto de una decisión consciente dentro del programa para marcar esa diferencia?

R.: Cumplimos ahora dos años desde aquel programa de los jesuitas, mi colegio. Hubo una decisión de profundizar más en los aspectos humanos de las historias. Y ahí pensamos: vamos a empezar dando ejemplo. Porque es muy difícil pedir a la gente que hable de su vida sin hacerlo uno mismo. Empecé contando mi historia personal, llamando a compañeros de colegio, amigos, profesores y eso fue como una carta de presentación. Durante la pandemia vimos que la gente estaba más preocupada por lo emocional que por lo político o económico. Ahora buscan entender a otras personas, conectar, aprender. Llevamos dos años en esa dinámica y esta es nuestra tercera temporada porque nos sentimos muy cómodos y respaldados por los espectadores.

P.: Comentabas la comprensión y tu transición de ‘El Intermedio’ a ‘Salvados’. Obviamente, también hay un cambio en la forma de relatar las ferias. ¿Sentías que necesitabas más profundidad que simplemente abordar los temas desde la perspectiva del humor?

R.: No era una necesidad porque siempre he sentido que mis trabajos están marcados por el aprendizaje para seguir creciendo. En ‘El Intermedio’ y después en ‘Salvados’, he podido aprender otra forma de contar las mismas historias. Después de nueve años, llegó la posibilidad de pasar a Salvados y, aunque me llevó un tiempo de reflexión y de hablarlo con mi familia, sentía que ya había dado lo mejor y era hora de abrir nuevas posibilidades.

P.: Cuando hablabas, decías que no era solo tu decisión, sino también de tu familia. Y ahora, con los programas desde marzo, ¿cómo consigues equilibrar esa vida familiar con las exigencias de la televisión?

R.: Creo que soy un privilegiado en mi vida personal. Lo único que tengo que gestionar es el poco tiempo que paso en casa cuando estoy trabajando y compensarlo de otra forma. Hay gente que lo tiene mucho más difícil. Llevo 20 años así, porque cuando empecé en televisión ya estaba con mi pareja. Somos un combo, porque ella es la otra mitad de presentar y dirigir Salvados, ya que sin ella, sería imposible. Por eso, no me voy a poner la medalla porque soy un privilegiado.

P.: A lo largo de tu carrera has entrevistado a muchos personajes. ¿Ha habido alguno que te haya decepcionado al conocerlo?

R.: No voy con muchas expectativas, y quizá esa sea la clave. No soy muy mitómano. He tenido ilusiones por conocer a gente, como Wyoming o Jordi Évole, cuando empecé a trabajar con él. Cuando entrevistas a políticos, ya sabes como son y a veces piensas que eran más listos o que vendían una imagen distinta a lo que muestran después. En cambio, sí me he llevado muchas alegrías: gente muy famosa que, en el trato cara a cara, me ha sorprendido para muy bien. Personas normales, empáticas, de mucho éxito en lo laboral. Perteneciendo al gremio de la tele, ver que hay gente que normal, que son admiradas por muchas personas es beneficioso para todos, para la sociedad en general.

P.: ¿En algún momento el periodismo te ha frustrado hasta replantearte tu relación con la profesión?

R.: No porque el periodismo me lleva dando de comer casi 30 años y lo he podido ejercer con libertad. Otra cosa son los medios de comunicación, que es donde se ejerce. Hablo muchísimo con amigos y compañeros y me encanta hablar sobre la profesión. Hay que consumirlo con los ojos abiertos, sin prejuicios, siendo quien eres y sí, confías en lo que estás viendo, escuchando o leyendo, siempre te va a aportar algo útil. Lo que no es periodismo es disfrazarse de periodista para hacer otra cosa. Yo diferencio mucho entre comunicación y periodismo. Entonces no, al contrario, le debo la vida.

P.: En alguna ocasión habías dicho que cuando tenías ocho años tu vida era aburrida. ¿Te reconoces ahora como alguien con una vida ajetreada o todavía rutinaria?

R.: He hecho mucho para que mi vida dejase de ser aburrida. Ahora me lo paso muy bien, en el trabajo y fuera. No recuerdo mi infancia muy divertida, entrañable en ciertos aspectos. A partir de los 18 o 19 años comencé a divertirme y tuve claro que no quería volver a vivir años así. Mis decisiones han estado guiadas por la idea de pasarlo bien, que para mí es hablar con gente, viajar, trabajar en equipo y los tres programas en los que he trabajado, me lo han permitido.

P.: Si tuvieras que elegir un solo recuerdo de la infancia para revivir, ¿cuál sería?

R.: Probablemente, mi abuelo Toño, mi padrino, que fue el primero en fallecer. Fue una de las personas que más he querido y de las que más he aprendido. Cuando vuelvo a mi aldea siempre le digo a mi madre: ¿cómo puede ser que hayan pasado 25 años y lo siga echando tanto de menos?

P.: Esas vivencias, ¿Te llevan más a esos vínculos de la infancia?

R.: Sí, es donde más cariño y sentido he encontrado. De niño me gustaba ese estilo de vida. En la aldea, cuando se hacía la matanza en invierno, venían los vecinos y familiares de otros pueblos a echar un cable y yo, siendo extrovertido, lo disfrutaba. Con los años me he dado cuenta de que aquello se convirtió en un principio para mí: la necesidad de contacto directo, de bajar al barro. El poder rural que les digo a mis hijos, el ‘rural power’, porque es una forma de estar en el mundo que sigo dando por buena. Eso me lo dieron mis abuelos, que fueron felices con poco. Mis referentes siguen siendo ellos y lo tengo clavado como ejemplo y referencia.

P.: También es esencial tu parte de amigos de Vigo, muy presentes en tu vida. ¿Qué papel tienen en tu equilibrio con Madrid?

R.: Es que es mi vida, porque, aunque llevo 20 años en Madrid, sigo sintiéndome de paso. Mis amigos de Vigo son quienes más me han ayudado y con los que crecí. Ahí están mi familia y la de mi pareja, que viva en otra ciudad o viaje mucho, no cambia el hecho de que nació allí. Estoy muy orgulloso de dónde vengo, incluso más que de dónde he llegado.

P.: Tu padre es del Deportivo y tú eres del Celta. ¿En qué se parecen más los debates de fútbol en casa o los políticos en televisión?

R: No había mucho debate porque a mi padre le encanta el Deportivo, pero nunca le gustaron los exabruptos y fanatismos. El que, por ser del Deportivo, fueses anticeltista. Siempre me enseñó que un equipo de fútbol significa lo que significa y ya está. El chiste es superficial y da para reír, pero no puedo ser antideportivista porque me gusta ver feliz a mi padre. Recuerdo verlo pletórico en la época dorada del club. Una vez tuve el placer de entrevistar a Lendoiro y le di las gracias porque cuando él fue presidente, le vi feliz a él. Al final cumplí un pequeño sueño para él, incluso conseguí que él y mi padre se escribieran. Y hostia, como no voy a ser feliz de haber hecho eso siendo su hijo. Supongo que él también se sentiría más orgulloso si yo fuera del Depor, pero más allá de eso, soy su hijo. La vida consiste en tener hijos para que vivan sus propias vidas y apoyarlos siempre.

P.: ¿Le recomendarías a tus hijos ser periodistas?

R.: Si es lo que quieren, sí. Ellos saben lo que significa porque lo ven en casa. Pero si no, no los convencería. Más o menos voy viendo que es lo que les gusta y lo que hacemos en casa es apoyarles porque si te gusta algo, no significa que lo vayas a conseguir, sino trabajarlo. Es mucho más fácil luchar por algo que te gusta que por algo que no.

Después de seis años, Fernando González, más conocido como ‘Gonzo’, regresa a La Sexta con una nueva temporada de Salvados, que arranca con un especial reencuentro junto a El Gran Wyoming, su antiguo jefe en El Intermedio. Este encuentro permite a Gonzo repasar no solo su trayectoria profesional, sino también la etapa que marcó su vida, tal y como ha explicado a Vanitatis. “Lo que hacemos no es tanto una entrevista, sino una charla con un referente”, señala, destacando el giro del programa hacia historias más personales y reflexivas desde 2019, tras la marcha de Jordi Évole, incluyendo episodios tan relevantes como su visita a su antiguo colegio dirigido por los Jesuitas para tratar los abusos sexuales.

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