El único hombre que ha salido bien parado de las memorias de Mar Flores: Javier Merino, el empresario y padre de familia que nunca quiso ser famoso
La historia de Mar Flores y Javier Merino: de un discreto empresario a protagonista involuntario de la prensa rosa, con amor, negocios, crisis y una separación que marcó sus vidas
Javier Merino y Mar Flores, en una imagen de archivo. (Gtres)
A diferencia de las otras parejas de Mar Flores, como fueron Fernández Tapias, Lequio y, en los últimos años, Elías Sacal, a quienes no les importaba tener vertiente pública, Javier Merino fue siempre todo lo contrario. Era conocido para el sector de la prensa económica, pero no para el mundo de las revistas y medios sociales. Incluso en la primera época de su relación con la que años después se convertiría en su mujer, no quiso ser protagonista y pasaba muy desapercibido.
Es más, no existen imágenes de aquel noviazgo incipiente que sucedió en 1995 y no tuvo recorrido. Fue justo cuando Mar Flores había salido de su tormentoso matrimonio con Carlo Constanzia y lo que quería era divertirse, salir y acudir a todas las fiestas donde se convirtió en un personaje que gustaba a la prensa.
Mar Flores y Javier Merino, en una imagen de archivo. (Gtres)
Coincidieron una noche en la que Mar y sus amigas salieron a pasarlo bien. Conectaron y comenzaron a salir. No salió bien ese primer intento de estabilidad emocional. Mar tenía 26 años, un hijo al que no podía ver y una situación personal inestable. Merino, con 38 años y una vida estable, era la otra cara de la moneda. Abogado, empresario y con ganas de formar una familia. Sus negocios estaban relacionados con el mundo de la restauración, gasolineras, construcción e industria minera y del petróleo. Era un hombre muy bien posicionado económicamente y con empresas que funcionaban con éxito. No se había casado nunca, no tenía hijos y, por lo tanto, su mochila emocional era liviana.
Mar Flores y Javier Merino, en una imagen de archivo. (Gtres)
En aquellos años, Javier Merino era un profesional que participaba en reuniones y foros exclusivamente económicos. Nada se sabía de quién era su familia, su entorno más directo y, cuando de nuevo retomaron la relación muchos años después, la referencia era la de empresario honesto y emprendedor en su sector. Hasta que no se casó con Mar Flores, los problemas económicos —que los tuvo— no se publicaban. La razón era que, por sí mismo, no interesaba.
Javier Merino, en una charla que mantuve con él a raíz de su separación, me explicaba ese razonamiento: “Hay empresarios que se separan, que tienen deudas, que los negocios no van tan bien como quisieran y no aparecen en las informaciones. Y mucho menos con titulares como los que yo he tenido que leer: ‘El marido de Mar Flores arruinado’, ‘Merino se queda sin empresas y sin Mar Flores’ o incluso que nos separábamos para apartarla de futuros embargos. Y nada de eso es verdad. Cuando se discute por todo a diario, hay que separarse. Y no hay más explicación”.
Javier Merino, en una imagen de archivo. (Gtres)
En 1996 compró el palacete Fortuny, inscrito en el Registro Mercantil a través de una sociedad donde también figuraba una hermana. Un año después, en mayo de 1997, se inauguró el local único con jardín, que pronto se convirtió en el lugar de moda durante muchos años. Fue punto de encuentro de empresarios, políticos y, por supuesto, de los vips de las revistas del corazón, tanto de España como de estrellas de Hollywood.
Aún así, Javier Merino seguía sin tener perfil social y dejó ese apartado profesional en manos del departamento de comunicación de su empresa. Solo los que le conocían de siempre lo conectaban en el pasado con la que después sería su mujer y madre de sus cuatro hijos. Cuando llegó el 2008, Merino tuvo que afrontar, como otros muchos profesionales, una crisis terrible. El edificio, que era la joya de la corona, entró en subasta para pagar a los acreedores.
Mar Flores y Javier Merino, en una imagen de archivo. (Gtres)
La segunda oportunidad amorosa llegó en el 2000. Mar Flores había sido la protagonista de varias historias sentimentales que se convirtieron en titulares de prensa por las traiciones y las infidelidades plasmadas en imágenes en Roma, donde aparecía con Alessandro Lequio mientras ella era pareja oficial de Fernández Tapias. Después vendrían otras fotos mientras estaba con Cayetano Martínez de Irujo. Todo eso la dejó (o se dejó) fuera de juego. Entonces llegó otra vez el caballero andante en forma de Javier Merino.
“Vivió de lleno la etapa en la que hacían cosas horrorosas. Él se metió a gestionarlo, pero se dio cuenta rápidamente de que era inútil. Salió a defenderme muchas veces hasta que, cansado y harto, me dijo: ‘Mar, los dos sabemos la verdad, así que yo jamás te voy a cuestionar nada. Te creo, he visto la realidad de las cosas como son. Pero se acabó’”, contaba en sus memorias la modelo.
Mar Flores y Javier Merino, en una imagen de archivo. (Gtres)
Y ahí comenzó una vida mucho más discreta para la familia Merino Flores. Mar se dedicó a sus hijos, Merino a sus empresas y, aparentemente, formaban una unidad perfecta. Ya casados, en esa segunda oportunidad que se dieron, esos problemas económicos se convirtieron en un bache en el matrimonio. Y llegó la separación, que Mar nunca esperaba y así nos lo reconoció en una presentación de un producto del que ella era imagen.
“Nunca hubiera imaginado que Javier quisiera separarse. La verdad es que me ha costado asumir ese cambio de vida. Cuando uno se siente triste, se ve fatal. La decisión de terminar nuestro matrimonio no fue mía, fue de Javier. Cuando a una mujer como yo, que ha formado parte del mundo de la moda, le dicen ‘hasta aquí’, ‘ya no continuamos’, lo que sientes es que te están rechazando. Como mujer me sentí muy dañada y me costó reconstruirme, explica en ‘Memorias de Mar Flores. Mar en calma’.
Javier Merino, en una imagen de archivo. (Gtres)
Javier Merino volvió a su perfil bajo, dedicado a sus empresas y a sus hijos. Y Mar ha vuelto a tener un protagonismo abriendo la caja de los truenos en forma de biografía. Lo que sí queda es una relación espléndida con el que ahora, además de padre de sus hijos, es su mejor amigo. Así lo describe: “Javier es un tipo estupendo, discretísimo, simpático y sensato, y no era capaz de racionalizar a qué venía esa persecución desproporcionada. Ha sido el gran amor de mi vida”.
A diferencia de las otras parejas de Mar Flores, como fueron Fernández Tapias, Lequio y, en los últimos años, Elías Sacal, a quienes no les importaba tener vertiente pública, Javier Merino fue siempre todo lo contrario. Era conocido para el sector de la prensa económica, pero no para el mundo de las revistas y medios sociales. Incluso en la primera época de su relación con la que años después se convertiría en su mujer, no quiso ser protagonista y pasaba muy desapercibido.