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Javier Bellot, exrelaciones públicas: "Dejé a Almodóvar seis horas encerrado en un baño"
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ENTREVISTA

Javier Bellot, exrelaciones públicas: "Dejé a Almodóvar seis horas encerrado en un baño"

Uno de los hombres imprescindibles de la farándula española publica su tercer libro, 'Cómo sobrevivir a una madre', y nos cuenta anécdotas de famosos, de Rocío Jurado a Najwa Nimri

Foto: Javier Bellot, imprescindible de la vida farandulera española. (Cortesía)
Javier Bellot, imprescindible de la vida farandulera española. (Cortesía)

El de Javier Bellot es un nombre imprescindible del famoseo patrio. Montó uno de los primeros bares de Chueca y tuvo que aguantar a los fascistas montando barullo cada noche. Tiene una cicatriz en la cara que le hizo Rocío Jurado en un arrebato. Vivió en el ático de María Jimenez en la Gran Vía, un apartamento blanco y místico, con una terraza que te asomaba a las luces cegadoras de la lujuria madrileña. Fue jefe de prensa de festivales, folclóricas y mitos del cine.

Pero hace ya tiempo que Bellot vive retirado del ruido en una especie de vida introspectiva que ha dado como frutos tres libros ya. El último, 'Cómo sobrevivir a una madre' (Ocho y Medio) una dura conversación con su madre muerta en la que repasa su carrera, sus filias y sus fobias y le declara su amor imposible a la matriarca.

placeholder 'Cómo sobrevivir a una madre', escrito por Javier Bellot. (Cortesía)
'Cómo sobrevivir a una madre', escrito por Javier Bellot. (Cortesía)

El universo ‘bellotiano’ es único, con altares de vírgenes en su casa, amistades íntimas con los grandes de este país, generosidad con los recién llegados a un mundo cruel y elitismo intelectual marca de la casa. Hablamos con él para que nos cuente salseos, que tiene muchos, y también para adentrarnos en su mundo, fascinante como el de una folclórica.

Y ahí salen las anécdotas imperdibles, como la de Pedro Almodóvar encerrado en un baño, Rocío Jurado en bolas a gritos en un camerino, o Juanita Reina de after. Todo y más en su libro,

Pregunta. Hablas con tu madre fallecida. ¿Es una manera de saldar cuentas?

Respuesta. Más que de mi madre, hablo con mi madre muerta. Al principio, en la primera versión del libro sí era un poco un ajuste de cuentas. Al empezar a corregir, ella comenzó a hablarme: “Eso, no fue así”, “A ti nunca se te ha podido decir nada”. Lo que convierte el libro en un diálogo donde ella da su punto de vista y opinión sobre hechos ocurridos y personas. Hasta el punto que el último capítulo está dictado por ella y todo lo que dice se está cumpliendo. Lleva dos años escrito, aunque se publique ahora.

placeholder Rocío Carrasco, en un concierto benéfico en homenaje a su madre, Rocío Jurado. (EFE/Javier Lizón)
Rocío Carrasco, en un concierto benéfico en homenaje a su madre, Rocío Jurado. (EFE/Javier Lizón)

P. Con ella compartes tu vida, ¿qué cosas le cuentas en el libro que no habías contado?

R. Teníamos mucha confianza y nos lo contábamos todo o casi todo. Ese casi es que he tenido tres violaciones y nunca se lo dije. “Si me llego a enterar en su momento los mato”, es su respuesta. Mi madre era muy bruja y no se la podía engañar. Hay muchos hijos que tienen el trauma de la falta de cariño materno. El mío era lo contrario, el exceso de cariño, de advertencia, de protección. Cuando tenía 14 o 15 años, ella me decía cuando conozcas a un chico me avisas, me lo pasas por delante de la ventana y yo te digo sí o no. Ahora cuando algunos jóvenes me preguntan: ¿tú cómo saliste del armario? Mi respuesta es ¿Qué armario? Si de las cuatro parejas fijas que he tenido a tres me los ha metido mi madre en la cama. Más que un saldar cuentas es una reivindicación de territorio. Los grandes errores de mi vida los he cometido por llevarle la contraria. Basta que una madre te diga te vas a equivocar para que lo hagas. Siempre he sido muy rebelde.

"Rocío Jurado en bata sin atar, con todo su esplendor, gritando 'Rosa, las bragas'"

P. Tú has trabajado con todos los grandes. ¿Alguna anécdota o detalle que nos pueda gustar?

R. Hay muchos que te podrían gustar, pero que no voy a contar nunca. Ten en cuenta que el libro es un recorrido desde mis 20 años a los 50. Los orígenes de Malasaña, de Chueca. En la discoteca Aire, donde llevaba las relaciones públicas, dejé a Almodóvar seis horas encerrado en un baño. Cuando asumí las RRPP de Xenon le dije al dueño: voy a hacer una discoteca de maricones a la que pueda venir mi madre. Su respuesta fue: "El día que venga tu madre aquí te doblo el sueldo". Mis padres fueron tres veces, porque iba apurado para pagar los sueldos de la oficina. A mi madre le encantaba una anécdota en los camerinos de Azabache con Rocío Jurado en bata, sin atar, con todo su esplendor, gritando “Rosa, las bragas”.

placeholder Pedro Almodóvar y Bibiana Fernández se despiden de Rocío Jurado junto a Ortega Cano. (Vanitatis)
Pedro Almodóvar y Bibiana Fernández se despiden de Rocío Jurado junto a Ortega Cano. (Vanitatis)

También en Azabache un día entré en el camerino de Juanita Reina y la pillé en bragas y sujetador. Al ver mi cara, me pasó la mano y me cantó el Niño Macareno a pelo. Tengo una cicatriz en la cara que me hizo Rocio Jurado. Una rueda de prensa en Barcelona en la que obligué a las actrices y actores a llevar gafas de sol. Salimos de un after, pasamos por el hotel corriendo y sin ducharnos nos vestimos todos de negro, nos pusimos gafas y fuimos directos al cine. Imaginate el cabreo de los fotógrafos que no lograron que se quitaran las gafas de sol. ¡Cómo se las iban a quitar, nos llegaban las ojeras al suelo! El libro está lleno de anécdotas de esas.

P. Javier, ¿cómo se lleva eso de estar en la cima y después no estarlo?

R. Al principio mal, no lo entiendes, ni te acostumbras. He de decir que lo mío fue una baja voluntaria. Si hubiera seguido a ese ritmo hoy estaría muerto. Mi padre siempre decía “de los sitios hay que saber irse” y un día le hice caso. Llega un momento en que es necesario cambiar la vida exterior por la interior. Siempre he vivido una dualidad, el Bellot de las fiestas, los estrenos y festivales, que al llegar a casa se vestía de blanco, hacía meditación y se refugiaba en el silencio. Vivía en los dos excesos, ahora vivo en un punto medio que me produce mucha tranquilidad que es lo más parecido a la felicidad. Haciendo, por fin, lo que siempre he querido, escribir.

placeholder Juanita Reina junto a su hermana y dos amigos en los 90. (Cordon)
Juanita Reina junto a su hermana y dos amigos en los 90. (Cordon)

Han tenido que pasar unos años de barbecho. La mayoría de la gente no entiende que un director de comunicación o jefe de prensa rodeado de frivolidad pueda ser escritor. Tuve que dejar pasar un tiempo, en el que confieso, no lo he pasado muy bien. Pero tengo otros cuatro libros ya escritos para publicar.

P. Has vivido en Málaga estos últimos meses, ¿cómo está siendo la vuelta a Madrid?

R. Madrid es mi madre. Es la pareja fija. Esa entidad tan potente a la que de vez en cuando necesitas poner los cuernos para volver a ella y quererla más. Los reencuentros siempre son maravillosos.

P. ¿Los cambios de la ciudad para bien? ¿Y para mal?

R. Soy un niño de barrio que soñaba con triunfar en la Gran Vía. En los 80 fui a vivir a Malasaña que era un barrio de yonkis, después abrí un bar, Salón España, uno de los primeros bares de Chueca, que era un barrio de yonkis, donde iban los fachas a la puerta casi todos los días a pegarnos por ultrajar el nombre de España. Después hice muchos estrenos en la Gran Vía. Abrí Xenon en Callao y viví en el famoso ático de María Jiménez. Cuando se lo dije a mi madre su respuesta fue: “Antes en la Gran Vía solo vivía Concha Piquer, ahora ya puede vivir cualquiera”.

placeholder María Jiménez en una imagen de uno de sus conciertos. (Cordon Press)
María Jiménez en una imagen de uno de sus conciertos. (Cordon Press)

He visto hacerse el Madrid de hoy y en parte he colaborado a ello. Me siento orgulloso de la evolución. Se ha convertido en la gran ciudad que se merece. Ahora he vuelto al barrio del que siempre quise huir, antes era un descampado y ahora es Arturo Soria. He vuelto encantado a ser un chico de barrio que va al centro en la línea 5. Profesionalmente no me imagino trabajando en la jungla en que se ha convertido la ciudad.

"Abrí Xenon en Callao y viví en el famoso ático de María Jiménez"

P. ¿Cómo ves el panorama de famosos actual? ¿Crees que alguno tiene más potencial del que se le está sacando?

R. Lo veo bien. Diferente, antes éramos cuatro y ahora son cuatrocientos mil. La experiencia te hace ver mucho árbol de hoja caduca. Antes comprabas algo para siempre. Ahora todo tiene fecha de caducidad. Que disfruten sus cinco minutos de fama como decía Andy Warhol. Lo veo como un súper, hay demasiado producto. Los métodos siguen siendo los mismos, antes se liaban con toreros, ahora con futbolistas, eso ya lo hizo Lola Flores. La popularidad sigue viniendo, en la mayoría de los casos por las relaciones sentimentales que aireais los periodistas. Los productores quieren productos populares para tener audiencia. Es más de lo mismo. La vida sigue igual… jajaja

placeholder Esther Expósito, en su fiesta de cumpleaños. (Instagram)
Esther Expósito, en su fiesta de cumpleaños. (Instagram)

P. ¿Echarías a alguno?

R. No, se echan ellos y ellas solos.

P. ¿Crees que alguno tiene más potencial del que se le está sacando?

R. Soy un deboraseries y juego conmigo mismo a las apuestas. Quién ves que hace tres seguidas y que no está ahí por su vida sentimental tiene opciones. Como mi madre, no suelo equivocarme. Hice la comunicación de la primera película de Najwa Nimri y de su primer disco en solitario. Las dos primeras pelis de Amenábar… Mira, cada equis años se hace una serie de la que sale una nueva hornada. 'Al salir de clase', 'Compañeros', 'Física o Química', 'El internado', 'Élite', de ahí la industria va cribando. Solo hay que fijarse en que actores o actrices han seguido trabajando y cuales han sido después protagonistas. Esos y esas son los que seguirán.

"El famoseo actual lo veo como un súper, hay demasiado producto"

P ¿Qué echas de menos?

R. Nada, echar de menos es vivir con el lastre de la nostalgia. Mi vida es otra. No echo nada de menos de la anterior, mis ilusiones y esperanzas son otras jajaja. Nunca he querido ser la vieja señorita del paraíso rodeada de recuerdos y sin vida.

P. ¿Habrías escrito este libro si tu madre viviera?

R. Si, claro, pero hubiera sido más cruel. Ella no tenía freno. Era muy inteligente, siempre decía lo que pensaba. Es muy gracioso, anteriormente publiqué ‘Hijo, quiero que me ayudes a ser como tú’, donde el protagonista es mi padre. Cada vez que pasaba por una foto de ella decía: “Y mi libro, para cuándo”.

P. Se encumbran las relaciones madre-hijo y hay pocos quienes se atreven a romper eso…

R. Es la relación más difícil que hay. Imagina que ya sales de ella llorando. Aun después de muerta sigue presente, el cordón umbilical energético nunca se rompe. La mayoría prefiere vivir con el trauma a meter el bisturí y diseccionarla.

El de Javier Bellot es un nombre imprescindible del famoseo patrio. Montó uno de los primeros bares de Chueca y tuvo que aguantar a los fascistas montando barullo cada noche. Tiene una cicatriz en la cara que le hizo Rocío Jurado en un arrebato. Vivió en el ático de María Jimenez en la Gran Vía, un apartamento blanco y místico, con una terraza que te asomaba a las luces cegadoras de la lujuria madrileña. Fue jefe de prensa de festivales, folclóricas y mitos del cine.

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