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Así fue la infancia y juventud de Llum Barrera: "Mi madre se quedó viuda a los 45 años y salió adelante con sus tres hijos"
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'Mis primeros veinte'

Así fue la infancia y juventud de Llum Barrera: "Mi madre se quedó viuda a los 45 años y salió adelante con sus tres hijos"

La actriz abre su álbum familiar y recuerda cómo siendo una joven alcudiense comenzó a forjar sus primeros sueños teatrales y artísticos, en una etapa marcada por la influencia de su madre

Foto: Foto: Cortesía / Diseño: Sofía Sisqués
Foto: Cortesía / Diseño: Sofía Sisqués

Decía el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, expresó en su célebre obra ‘El mundo como voluntad y representación’: “Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario”. Sin duda, los momentos vitales de la juventud nos persiguen el resto de nuestra vida, sea por la nostalgia que a veces deviene melancolía o alegría. Recuerdos que queremos recuperar con nuestros invitados en 'Mis primeros veinte' para Vanitatis y, en este caso, de la mano de Llum Barrera.

La actriz se sumerge en los primeros años de su vida para reconstruir un relato íntimo en el que la familia, la creatividad y el humor ocupan un lugar central. Desde las fiestas en casa de sus padres, llenas de encuentros, comida y música improvisada, hasta sus primeras inquietudes artísticas, Barrera ofrece una mirada cercana a los orígenes de una trayectoria marcada por la vocación escénica. En sus recuerdos emergen también figuras esenciales de su infancia, una educación basada en la libertad y una forma muy particular de observar el mundo que, con el tiempo, ha moldeado su identidad profesional y personal.

PREGUNTA. ¿Cuál es el primer recuerdo de tu infancia que conservas con nitidez?

R. Las fiestas en casa de mis padres. Cualquier excusa era buena para que mi padre organizara una gran comida llena de gente. Mi madre cocinaba de maravilla y mi padre era un anfitrión excepcional: divertido, siempre dispuesto a reírse y a arrancarse a cantar.

P. ¿Hubo alguna persona en tu infancia que marcara especialmente tu forma de ser?

R. Mi madre, sin duda. Fue una mujer muy fuerte y muy luchadora, que siempre parecía capaz de superar cualquier dificultad. Se quedó viuda a los 45 años y salió adelante con sus tres hijos. Tenía una energía increíble, inagotable. Siempre ha sido mi faro.

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P. ¿Eras más de obedecer o de cuestionarlo todo?

R. Siempre fui bastante obediente, aunque después preguntara por qué. De entrada, no era nada rebelde. Prefería matarlas callando.

P. ¿Cuál fue tu primera gran travesura o la vez que más te metiste en problemas?

R. Con tres años me bajé de la cuna y fui directa al cajón donde mi madre guardaba las Aspirinas Mejoral Infantil. Estaban buenísimas, sabían a caramelos de naranja, así que me comí media caja. Pero, como ya he dicho, era muy obediente y, en cuanto vi a mi madre, se lo conté. Me llevó corriendo al médico. Intentaron que vomitara, pero fue inútil; ya os he dicho que estaban demasiado buenas.

Así que empezaron a darme leche, mi otro alimento favorito de pequeña, para ver si así conseguían que las expulsara, hasta que me quedé dormida de puro cansancio. Allí estaba yo, tan tranquila, con las pastillas nadando en leche, tan pichi.

P. ¿Cuál fue el primer sueño o meta que recuerdas haber tenido? ¿Qué queda de él hoy?

R. Mis padres me llevaban mucho al teatro desde bien pequeña. En uno de nuestros viajes me llevaron a visitar el Teatro Romano de Mérida. Yo tendría unos 8 años. Me subí al escenario, recité algún poema que me sabía o me inventé, siempre fui muy de inventar, y, en cuanto me bajé, le dije a mi padre: “De mayor quiero subir a hacer teatro aquí”. Y aún no he cumplido ese sueño. He tenido oportunidad en varias ocasiones, pero al final no han cuadrado bien las cosas y he tenido que renunciar. Todo se andará. Por suerte, he cumplido muchos otros.

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P. ¿Tuviste algún ídolo o referente que influyera especialmente en ti?

R. Lina Morgan y Mary Santpere. Me quedaba pegada a la tele en cuanto daban alguna comedia de teatro grabada o alguna película en la que salían ellas. También fui muy fan de Liza Minnelli. Me encantaba imitarla.

Sin embargo, por encima de todas, estuvo Beatriz Carvajal. Fui y sigo siendo muy fan suya. Cuando la conocí y trabajé con ella, tardé días en dejar de temblar de los nervios. La adoro. Me dio algunos de los mejores consejos en mis inicios, y aún hoy los tengo muy presentes.

P. ¿Había alguna asignatura o profesor que te marcara?

R. Mi profesora María Pons, de EGB, nos daba varias asignaturas y lo explicaba todo como si fuera un cuento, una lectura dramatizada. Fue muy inspiradora para mí, porque siempre he estudiado los apuntes en voz alta. Y ahora sigo haciéndolo con mis guiones.

En bachillerato tuve una profesora de inglés estupenda, Marga: joven, innovadora y muy empeñada en que perdiéramos la vergüenza y pronunciáramos bien. A mí siempre se me han dado muy bien los acentos. Otra de mis manías era leer los apuntes poniendo distintas voces y acentos, así no me aburría. Y, sin darme cuenta, aquella fue una forma de empezar a crear pequeños personajes.

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P. ¿Qué amistad de adolescencia fue clave en tu vida y por qué?

R. Mis amigas de adolescencia en Alcúdia (Mallorca), Bibi y Maria, que aún siguen siendo mis amigas del alma. Y más tarde, todavía en la adolescencia, cuando empecé a estudiar Periodismo en Barcelona, el primer día conocí a mis otras amigas para siempre: Mati y Ester.

Todas ellas son distintas, pero son, sin duda, mis mejores refugios, para lo bueno y para lo malo. Sobre todo para lo bueno, porque nos seguimos riendo muchísimo juntas. Huye de una persona con la que no te rías.

P. ¿Cómo recuerdas tu primer amor? ¿Y tu primer desamor?

R. Mi primer amor fue torpe. Y mi primer desamor fue doloroso, pero corto. No me entretuve mucho en lamentaciones.

P. ¿Te independizaste joven? ¿Qué te llevó a dar ese paso y cómo lo recuerdas? Y, si no fue así, ¿qué viaje o experiencia fuera de tu entorno te marcó más?

R. Empecé a estudiar la carrera de Periodismo con 17 años, porque soy de finales de año, así que sí, me independicé bastante joven. No me quedó más remedio. Los veranos empecé a trabajar para ayudar a mi madre a pagarme los estudios. Crecí y maduré más en los tres primeros meses de curso que en todos los años anteriores en casa. Los alquileres no estaban tan caros como ahora, pero aún así había que compartir piso de estudiantes. Toda una experiencia que quien tiene la facultad cerca de casa se pierde.

Esos macarrones con tomate frito, esas tortillas pegadas, esas fiestas con visita de la policía municipal… Pero recuerdo que gestionamos bastante bien la economía doméstica. Aprendimos a hacerlo, no quedaba otra.

La infancia de Llum Barrera

Crecí siendo una persona bastante alegre, positiva, el alma de la fiesta. Aunque con los años pierdes algo de frescura y ganas en preocupaciones, quizá también en algo más de frustración, de vez en cuando me gusta recordar a la chica que llegó a Barcelona y, más tarde, a Madrid a comerse el mundo, poco a poco, sin estrés y sin perder el sentido del humor.

Decía el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, expresó en su célebre obra ‘El mundo como voluntad y representación’: “Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario”. Sin duda, los momentos vitales de la juventud nos persiguen el resto de nuestra vida, sea por la nostalgia que a veces deviene melancolía o alegría. Recuerdos que queremos recuperar con nuestros invitados en 'Mis primeros veinte' para Vanitatis y, en este caso, de la mano de Llum Barrera.

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