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Atrapallada, el arte de saber renovarse

Reinventarse, cambiar aquello que eres, requiere valor, determinación, tener las ideas muy claras y saber combinar estilo y producto, que permitan impulsarte de nuevo

Foto: Atrapallada Enxebre
Atrapallada Enxebre

Llegar es difícil, mantenerse casi imposible. Es una máxima que bien podríamos aplicar a casi cualquier aspecto de nuestras vidas. El tiempo es la única constante que se muestra invariable en nuestra existencia. Modula, oxida y relativiza cualquier cosa. Lo que hoy puede ser fresco, actual y atractivo, mañana será común, maduro, clásico, y pasado habrá perdido frescura y se mostrará pasado de moda. Crecer es fácil, casi natural; reinventarse, cambiar aquello que eres, requiere valor, determinación, tener las ideas muy claras y haber guardado un poco de fuerza que te permita impulsarte de nuevo.

Atrapallada. Zona de barra
Atrapallada. Zona de barra

Hasta la aparición de locales como Lúa o Alabaster, la imagen que teníamos de los restaurantes gallegos en Madrid era la de sitios donde se comía bien, incluso muy bien; pero su aspecto, más propio de otra época, nos mantenían lejos de sus comedores. Atrapallada era uno de de ellos: exhibía una carta con buen producto (llevaba a gala su procedencia gallega) y una cocina sencilla pero correcta. En cambio, su personalidad, anclada en la noche de los tiempos, seguía mostrándose en blanco y negro. Ahora y gracias al relevo generacional, José y María Ángeles han abierto un nuevo restaurante con el mismo nombre, sí, pero totalmente nuevo. 

Atrapallada
Atrapallada

Han transformado una sala de dimensiones elefantinas en un comedor de proporciones razonables. La sala es ahora moderna y luminosa, se ha decorado con mucho gusto, colores claros, blancos, mucho cristal, maderas claras, iluminación industrial y rural, y espacios divididos por sogas. Todo ello diseño del estudio de interiorismo Zooco. Nada más entrar el local sorprende con una vitrina donde se exhibe un producto de cine: carabineros, gambas, bogavantes y rodaballos compiten por exhibirse. Frente a la barra, grandes ventanales iluminan la zona de mesas altas y sillones donde tapear. Detrás, el gran comedor.

Atrapallada
Atrapallada

Todas las cocinas en general deben ilustrar sus platos con el mejor producto, pero a la gallega, por su tradición, parece que se le exige un punto más. Aún así, Atrapallada cumple sobradamente con este apartado. Almejas, navajas y carabineros son excelentes. Los arroces, uno de los platos enseña de la casa, siguen ocupando su lugar prioritario en las comandas a la cocina. Bueno el sapito al horno; sobre el rodaballo salvaje, creo que su preparación más acertada es al horno, más que a la plancha, ya que así no queda tan jugoso como debiera.

Si prefiere picar en las mesas de la entrada, recomendar ostras (1,75 €), raciones de berberechos (10 €/250gr) y navajas (7 €), primero, y unas minihamburguesas de sepia y de ternera, después.

Atrapallada. Paseo de las Acacias, 12. Madrid.

 

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