Así lo explicó recientemente en el pódcast 'La Prórroga', donde dejó a un lado la alta cocina para compartir algunos de sus lugares favoritos para comer rico, sin artificios ni precios desorbitados. “Son restaurantes alejados del foco, pero superinteresantes, buenas casas para recomendar dónde sí se come muy bien”, resumía el chef, reivindicando una gastronomía más cotidiana y accesible, esa que conecta directamente con el comensal.
Su primera parada nos lleva a la Costa Brava, concretamente a Platja d’Aro. Allí se encuentra Ca la Pepa, una casa de comidas familiar que podría pasar desapercibida para quien no sabe lo que busca. “No está en primera línea de mar, ni en el paseo, está un poco retrocedido, pero es muy recomendable”, explica Roca. En su interior se esconde una cocina mediterránea casera, sin pretensiones, elaborada con mimo y respeto por el producto. Destacan especialmente las aves —codornices con foie, faisán o perdices— junto a pescados y carnes bien trabajados, además de una cuidada carta de vinos. Un restaurante aparentemente sencillo que, precisamente por eso, conquista.
La segunda recomendación cruza fronteras y aterriza en París, en el barrio de Belleville. Allí se encuentra Le Baratin, un bistró informal liderado por una chef argentina que dejó huella en el cocinero catalán. “No es alta cocina, es un bistró muy sencillo, pero con una cocina excelente”, señala. Su propuesta se apoya en una cocina regional honesta y una interesante selección de vinos naturales, demostrando que el talento también florece lejos de los grandes templos gastronómicos.
Y si hablamos de Barcelona, Joan Roca lo tiene claro. Hay un lugar al que suele acudir al mediodía cuando visita la ciudad y que se ha convertido en uno de sus imprescindibles: Gresca, en la calle Provença. “Es un restaurante en el que siempre como mucho y muy bien. No tiene estrella Michelin, pero se come fenomenal y tiene una muy buena carta de vinos”, afirma. Su cocina actual, basada en platillos a la carta pensados para compartir, apuesta por el producto de temporada, la casquería y la caza, una combinación que ha conquistado tanto al público como a la propia Guía Michelin, que lo recomienda aunque no le haya otorgado estrella.
Más allá de nombres concretos, el mensaje de Roca es claro: comer bien no es una cuestión de galardones, sino de sensibilidad, producto y oficio. Sus recomendaciones ponen el foco en restaurantes que trabajan desde la autenticidad, lugares donde el lujo no está en la etiqueta, sino en el sabor y en la experiencia.