Según la psicóloga y sexóloga, Joana Palomares, a través de sus redes sociales (@joanapsix), esto tendría una explicación muy sencilla que parte de la siguiente pregunta: ¿Qué aprende nuestro cerebro cuando experimentamos este tipo de relaciones? Y por tanto, por qué nos acabamos volviendo adictos. “La explicación la tiene el mecanismo de recompensa del cerebro. Este se encarga de generar sensaciones de placer en nuestro organismo mediante estímulos y/o acciones recibidas”. Según Palomares, cuando estamos dentro de este tipo de relaciones nos enganchamos a personas o a sensaciones que nos han hecho sentir bien en algún momento, y ello, luego nos cuesta tanto dejarlas, y esto podría producirse por carencias del pasado.
Palomares continúa explicando que en diversas ocasiones, “al no poder darnos ni proporcionarnos amor propio ni autocuidado, pedimos y exigimos que sea el otro quien nos la dé”. Siendo precisamente en este momento cuando empezamos a conformarnos con las migajas de amor que nos ofrecen. Por lo que nuestras relaciones podrían verse afectadas tanto por nuestra autoestima como por nuestro pasado.
Es por ello, que la psicóloga recomienda que si nos vemos identificados con alguno de estos patrones pidamos ayuda y seamos conscientes del tipo de relación que mantenemos. Este tipo de conexiones tóxicas pueden llegar a ser muy perjudiciales para nuestro bienestar mental por lo que debemos aprender a identificarlas, para poder mantener vínculos más positivos, responsables y conscientes así como relaciones más sanas.