Lejos de la idea de una vivienda que simplemente se adapta a las limitaciones físicas que puedan surgir con la edad, Salvá apuesta por un diseño que estimule el bienestar, la luz natural, la conexión con la naturaleza y la funcionalidad sin renunciar al estilo. Para él, la clave está en proyectar espacios que inviten a vivir con calidad: ambientes abiertos, sin barreras arquitectónicas innecesarias, con acceso directo al exterior y distribuciones cómodas que faciliten tanto el movimiento como la vida social. Uno de los pilares en sus propuestas es la importancia de la luz y la ventilación cruzada, algo que no solo mejora la eficiencia energética, sino que también influye directamente en nuestro estado de ánimo. Asimismo, Salvá pone el foco en materiales nobles y sostenibles, que conecten con lo sensorial y aporten calidez: madera, piedra natural o textiles suaves que inviten al confort.
Así sería nuestra casa ideal en nuestra jubilación. (Pexels)
Aunque su enfoque tiene muy presente las necesidades prácticas que pueden aparecer con el paso de los años —como evitar escaleras o facilitar el acceso a baños y cocina—, su mirada va más allá: para él, la vivienda en la jubilación debe inspirar y fomentar el disfrute. Desde una terraza donde tomar el sol por la mañana, hasta un rincón de lectura junto a una ventana con vistas al jardín.
Jaime Salvá demuestra que el hogar ideal para la jubilación no es sinónimo de limitación, sino de posibilidades. Y que, al final, el verdadero lujo en esta etapa de la vida no es el tamaño de la casa, sino cómo nos hace sentir vivir en ella.