Es noticia
Menú
Julia Martí, psicóloga: "Deja de esperar a que la gente cambie, nadie cambia si no es por una motivación propia"
  1. Vida saludable
Relaciones y emociones

Julia Martí, psicóloga: "Deja de esperar a que la gente cambie, nadie cambia si no es por una motivación propia"

Aceptar que las personas no siempre cambian puede ser liberador. Soltar expectativas poco realistas ayuda a preservar el bienestar emocional y a decidir con quién vale la pena seguir

Foto: No hay que esperar que los demás cambien. (Cortesía / Julia Martí)
No hay que esperar que los demás cambien. (Cortesía / Julia Martí)

En nuestras relaciones más cercanas, ya sean con familiares, amigos o parejas, tendemos a desear que el otro cambie aquello que nos incomoda. A veces, esa expectativa se convierte en una lucha constante: argumentos, explicaciones, ultimátums, silencios, todo en un intento por modificar un comportamiento que no encaja con lo que esperamos. Sin embargo, ese esfuerzo pocas veces da fruto y, más aún, puede provocar una gran frustración. ¿Qué ocurre cuando comprendemos que nadie cambia si no quiere hacerlo?

Esa es la reflexión que plantea la psicóloga Julia Martí en una publicación reciente en Instagram. Con un testimonio honesto, reconoce haber dedicado años a tratar de modificar actitudes ajenas. “Quizá quería que mi padre fuera más cariñoso o que mi hermana no me invalidara tanto”, escribe. Probó todos los métodos posibles: hablar desde el afecto, recurrir a su formación profesional, mostrar tristeza o enfado. Nada funcionó. Y entonces llegó la revelación: “Nadie cambia si no es por una motivación propia”.

Martí narra cómo ese cambio de enfoque fue clave para su bienestar. Dejó de sorprenderse cuando los demás repetían patrones y empezó a asumir que no podía intervenir en la forma de ser del otro. “Ella es así”, afirma al referirse a una prima con la que compartía reuniones familiares difíciles. En lugar de invertir energía en evitar esas situaciones, eligió aceptar lo que no podía controlar.

Esa aceptación no fue sinónimo de resignación, sino de madurez emocional. Empezó a observar más, a valorar lo que las personas sí aportaban y, sobre todo, a tomar decisiones conscientes sobre a quién quería en su vida. “Aprendí a soltar a quienes no me hacían bien”, concluye.

placeholder Hay que soltar aquello que no nos hace bien. (Freepik)
Hay que soltar aquello que no nos hace bien. (Freepik)

La psicóloga también advierte del desgaste que implica mantener relaciones desde la expectativa y no desde la realidad. Aceptar que cada quien actúa según sus propios ritmos y motivaciones no significa conformarse, sino liberarse de una carga innecesaria. “Tú decides si las quieres dentro o fuera de tu vida”, resume Martí.

En nuestras relaciones más cercanas, ya sean con familiares, amigos o parejas, tendemos a desear que el otro cambie aquello que nos incomoda. A veces, esa expectativa se convierte en una lucha constante: argumentos, explicaciones, ultimátums, silencios, todo en un intento por modificar un comportamiento que no encaja con lo que esperamos. Sin embargo, ese esfuerzo pocas veces da fruto y, más aún, puede provocar una gran frustración. ¿Qué ocurre cuando comprendemos que nadie cambia si no quiere hacerlo?

Psicología Bienestar
El redactor recomienda