Dormir bien no siempre depende solo del número de horas que pasamos en la cama, sino también de cómo nos preparamos antes de acostarnos. En una sociedad que vive con prisas y exposición constante a pantallas, establecer una rutina nocturna clara puede marcar la diferencia. La Sociedad Española de Neurología (SEN) advierte que entre un 20 y un 48 % de los adultos sufre dificultades para iniciar o mantener el sueño, y al menos un 10 % padece trastornos crónicos no siempre diagnosticados.
Con esto en mente, la doctora Ana Pérez Ballesta ha compartido en su cuenta de Instagram un sencillo protocolo para mejorar el descanso: el método 3-2-1. Se trata de una guía práctica dividida en tres momentos clave, centrados en los hábitos de las horas previas a dormir.
El segundo consiste en reducir la ingesta de líquidos dos horas antes de dormir. El objetivo es minimizar las interrupciones nocturnas: “Esto te ayudará a que no te despiertes en mitad de la noche para ir al baño”.
Evitar los líquidos antes de dormir puede que nos despertemos. (Freepik / lookstudio)
Finalmente, una hora antes de irse a la cama, sugiere limitar el uso de pantallas. “Esto ayudará a tu cerebro a desconectar y aumentar la secreción de melatonina, la hormona del sueño”, añade.
Este enfoque progresivo forma parte de lo que se conoce como higiene del sueño: un conjunto de hábitos que facilitan el descanso natural y reparador. Dividir la rutina nocturna en bloques horarios no solo ordena el final del día, sino que también puede mejorar la calidad del sueño sin necesidad de medidas complejas.
El uso de pantallas antes de dormir puede influir en nuestro sueño. (Freepik)
Como siempre, ante cualquier dificultad persistente para dormir, lo más recomendable es consultar con un profesional de la salud que pueda ofrecer un enfoque personalizado y seguro.
Dormir bien no siempre depende solo del número de horas que pasamos en la cama, sino también de cómo nos preparamos antes de acostarnos. En una sociedad que vive con prisas y exposición constante a pantallas, establecer una rutina nocturna clara puede marcar la diferencia. La Sociedad Española de Neurología (SEN) advierte que entre un 20 y un 48 % de los adultos sufre dificultades para iniciar o mantener el sueño, y al menos un 10 % padece trastornos crónicos no siempre diagnosticados.