Los especialistas en descanso coinciden en que no hace falta recurrir a soluciones complejas para minimizar ese impacto. Existe un gesto sencillo, pero muy eficaz, que puede marcar la diferencia desde los primeros días: adelantar progresivamente la hora de acostarse y de cenar durante los días previos al cambio.
Cómo evitar que el cambio de hora afecte a nuestro descanso. (iStock)
Este pequeño ajuste ayuda al organismo a adaptarse de forma gradual, evitando ese "shock" que se produce cuando de un día para otro se pierde una hora de sueño. El cuerpo funciona con un ritmo circadiano, y cualquier modificación brusca puede alterar la producción de hormonas clave como la melatonina.
El truco que recomiendan los especialistas
La clave está en la anticipación. Adelantar entre 10 y 15 minutos cada día la hora de acostarse permite que el cuerpo se adapte sin apenas esfuerzo. Además, conviene acompañar este cambio con una rutina nocturna más relajada. Reducir la exposición a pantallas, evitar cenas copiosas y apostar por actividades tranquilas como la lectura o una ducha templada favorece la transición hacia el descanso. Todo ello contribuye a mejorar la calidad del sueño.
Minimizar las consecuencias del cambio de hora para dormir mejor. (iStock)
El cambio de hora es temporal, pero sus efectos pueden prolongarse varios días si no se gestiona bien. Incorporar pequeños ajustes en la rutina permite que el cuerpo se adapte de forma más rápida y sin molestias. Dormir mejor no depende solo de las horas, sino de cómo se estructura eldescanso.