Las relaciones personales influyen mucho más de lo que parece en la forma en que nos sentimos y afrontamos el día a día. Algunos vínculos pueden aportar calma, apoyo y estabilidad, mientras que otros generan un desgaste silencioso que acaba afectando
Nazareth Castellanos (Youtube | Pepe García 'El Estoico)
Las relaciones personales no solo afectan al estado emocional, también pueden dejar huella en el cuerpo. Cada vez más investigaciones ponen el foco en cómo determinados vínculos, especialmente los más conflictivos, tienen consecuencias que van más allá del malestar psicológico y terminan impactando en la salud física.
Sobre esta idea reflexiona la neurocientífica Nazareth Castellanos, que explica cómo las relaciones tóxicas pueden influir directamente en el envejecimiento del organismo. Según señala, existe un concepto clave para entender este fenómeno: el reloj biológico. No se trata de la edad que marca el calendario, sino de una medida interna del estado real del cuerpo.
Tal y como detalla, “nosotros tenemos en el cuerpo unos marcadores de nuestra edad biológica que no tiene por qué coincidir con la edad cronológica”. Esos indicadores pueden verse alterados por distintos factores, y entre ellos se encuentran las experiencias vitales intensas o sostenidas en el tiempo.
En el caso concreto de las relaciones tóxicas, el impacto es claro. “Cuando tenemos un episodio en nuestra vida o relaciones, en este caso una relación tóxica, hace que ese reloj se acelere”, explica Castellanos. La consecuencia directa es que el organismo envejece más rápido de lo que le correspondería por edad.
Escorpio tiende a preferir la intensidad a la estabilidad, por eso casi siempre acaba involucrado en relaciones tóxicas. (Pexels)
Algunos estudios ya han intentado medir este efecto. En uno de ellos, centrado en personas que mantenían vínculos conflictivos de forma prolongada, se observó que su edad biológica podía adelantarse. “Las personas con relaciones tóxicas mantenidas eran un año más viejas”, apunta la experta.
Este envejecimiento no es solo una cuestión teórica. Detrás hay cambios reales en el organismo: aumento de procesos inflamatorios, mayor desgaste psicológico y una mayor predisposición a desarrollar enfermedades. En palabras de Castellanos, “el cuerpo va acelerado”, una expresión que resume bien cómo el estrés sostenido termina afectando a distintos sistemas del organismo.
Sin embargo, la neurociencia también aporta una lectura menos determinista. El propio cuerpo tiene capacidad para compensar, al menos en parte, estos efectos. Castellanos menciona investigaciones en las que se ha observado el fenómeno contrario: la desaceleración del reloj biológico a través de hábitos saludables.
En uno de esos trabajos, centrado en la meditación, se comprobó que determinadas prácticas pueden contribuir a “rejuvenecer” ese reloj interno. La idea es que el estilo de vida, las rutinas y el cuidado emocional no solo influyen en cómo nos sentimos, sino también en cómo envejece el cuerpo.
Y aunque las relaciones tóxicas pueden tener un impacto real en la salud, también existen herramientas para reducir ese desgaste. Identificar estos vínculos, poner límites y apostar por hábitos que favorezcan el bienestar se convierte, así, en una forma de cuidar no solo la mente, sino también el propio organismo.
Las relaciones personales no solo afectan al estado emocional, también pueden dejar huella en el cuerpo. Cada vez más investigaciones ponen el foco en cómo determinados vínculos, especialmente los más conflictivos, tienen consecuencias que van más allá del malestar psicológico y terminan impactando en la salud física.