Sandra Ferrer, psicóloga, sobre la ley de hielo en parejas: "No es solo falta de comunicación, es una lucha de poder silenciosa que erosiona los cimientos de la confianza"
Sandra Ferrer, psicóloga, sobre la ley de hielo en parejas: "No es solo falta de comunicación, es una lucha de poder silenciosa que erosiona los cimientos de la confianza"
A veces, lo que parece una simple pausa o una manera de evitar una discusión esconde una dinámica más dañina, capaz de aumentar la distancia y alimentar la inseguridad entre ambos
La psicóloga Sandra Ferrer, en sus redes sociales. (Instagram/@programamia))
Dejar de hablar a la pareja puede parecer una forma de tomar aire, marcar distancia o evitar una discusión mayor. Pero cuando el silencio se convierte en una herramienta para castigar, medir la reacción del otro o hacerle sentir culpa, la dinámica deja de ser una pausa saludable y empieza a desgastar la relación.
La psicóloga Sandra Ferrer ha puesto el foco en esta conducta, conocida popularmente como “ley de hielo” o retirada afectiva. Según explica, no se trata simplemente de una dificultad para comunicarse, sino de un mecanismo mucho más delicado: “No es solo falta de comunicación, es una lucha de poder silenciosa que, lejos de protegerte, erosiona los cimientos de la confianza”.
Ferrer lo explica con claridad: “Cuando tú castigas con silencio, lo que estás buscando es que el otro reaccione”. Es decir, el silencio no siempre significa ausencia de comunicación; muchas veces comunica enfado, decepción y reclamo, aunque lo haga de manera indirecta.
El problema es que esa estrategia rara vez consigue el efecto deseado. La otra persona puede sentirse confundida, atacada o insegura, y responder con más distancia. Ahí aparece lo que la psicóloga describe como un efecto bumerán: si una parte genera inseguridad, es probable que reciba inseguridad de vuelta.
Además, este silencio también pasa factura a quien lo utiliza. Aunque al principio pueda dar una sensación de control, pronto suele convertirse en espera, ansiedad y vigilancia constante sobre la reacción del otro. La persona deja de estar centrada en lo que siente y empieza a medir si la pareja escribe, llama, insiste o cambia de actitud.
La especialista recuerda que muchas de estas reacciones vienen de recursos aprendidos cuando éramos más pequeños. “A pesar de que tengamos cuerpo de adulto, se nos han quedado grabados recursos que utilizábamos cuando éramos niños”, señala. Por eso, ante una herida emocional, algunas personas reaccionan desde el impulso: se retiran, castigan o ponen a prueba al otro.
La alternativa no pasa por negar el enfado ni por obligarse a hablar cuando uno necesita calmarse. La diferencia está en hacerlo desde la claridad. No es lo mismo decir “necesito un rato para ordenar lo que siento y luego lo hablamos” que desaparecer emocionalmente para provocar una reacción.
Ferrer propone moverse hacia una comunicación más adulta y directa: hablar desde uno mismo, explicar qué ha dolido y preguntar qué está ocurriendo en la otra parte. Expresiones como “me está pasando esto” o “me he sentido así con lo que ha ocurrido” abren una conversación mucho más útil que un silencio cargado de reproche.
Aprender a poner límites es su tarea pendiente. (Pexels)
La ley de hielo puede parecer una forma de protegerse, pero en realidad suele aumentar la distancia. En una relación sana, poner límites no debería confundirse con castigar. Y pedir claridad, afecto o presencia tampoco debería hacerse desde una lucha silenciosa, sino desde una conversación honesta que permita saber si ambas personas están dispuestas a cuidar el vínculo.
Dejar de hablar a la pareja puede parecer una forma de tomar aire, marcar distancia o evitar una discusión mayor. Pero cuando el silencio se convierte en una herramienta para castigar, medir la reacción del otro o hacerle sentir culpa, la dinámica deja de ser una pausa saludable y empieza a desgastar la relación.