La fe mueve montañas. El amor es capaz de eso e incluso de más. De hecho, por amor han sido muchos los que han decidido dejar a un lado las creencias religiosas y entregarse de lleno a los caprichos de Cupido. Este es el caso de la princesa Letizia, que pasó de proclamar a los cuatro vientos su ateísmo en sus años de juventud a ser una “católica de eventos”, como así la definió su propia tía Henar en la revista Vanity Fair, tras coronarse como Princesa. Pero esta semana ha dado un paso más en su compromiso con la Iglesia y ha aceptado la propuesta de ser la Camarera de Honor de la imagen de Nuestra Señora de la Amargura de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Barbastro (Huesca), como ha informado esta semana Vanitatis.

Imagen de la boda entre los Reyes de España en Atenas (I.C.)Imagen de la boda entre los Reyes de España en Atenas (I.C.)Pero la nuera del Rey don Juan Carlos no es la única que no ha puesto impedimentos a las cuestiones religiosas. Letizia ha encontrado en la Reina un ejemplo a seguir. Doña Sofía se educó desde pequeña bajo los preceptos ortodoxos, pero tuvo que renunciar a su religión de cuna para alzarse como reina de los españoles y convencer al General Franco de que era digna para ello. El dictador detestaba a la consorte real por ser ortodoxa y porque su padre era masón. Pero ganó méritos y aceptó su boda con Juan Carlos I, en mayo de 1962 en Atenas mediante tres ceremonias: una católica en la Catedral de San Dionisio Areopagita, la segunda por lo civil en el Palacio Real de Tatoi y la última por el rito ortodoxo en la Catedral Metropolitana de Atenas. 

Más cercano en el tiempo, el pasado mes de septiembre, la modelo Kendra Spears pasó a ser la princesa Salwa Aga Khan, tras intercambiar alianzas con el príncipe Rahim, segundo hijo del líder espiritual de los musulmanes ismaelitas nazaríes. Su nueva condición real no sólo le obligaba a abandonar su profesión como maniquí de renombre internacional –lo cual no ha cumplido– sino que también debía abrazar la religión de los Aga Khan si quería formar parte de la familia. Lo hizo sin miramientos, como sus predecesoras. La familia está plagada de modelos conversas al Islam, dada la predilección de los varones del clan por las reinas de la belleza.

Los príncipes Salwa y Rahim Aga Khan el día de su bodaLos príncipes Salwa y Rahim Aga Khan el día de su boda

Australiana de nacimiento, la princesa Mary de Dinamarca, no sólo tuvo que cambiar de nacionalidad para casarse con el príncipe heredero danés, sino que además tuvo que abrazar la religión oficial del estado. Se crió bajo los valores presbiterianos, pero por amor no dudó en dejarse aconsejar por la Iglesia Luterana Evangélica, de la cual ahora es una fiel más. Unas circunstancias similares a las protagonizadas por la princesa Charlene de Mónaco, que vive bajo los preceptos católicos desde su matrimonio con el príncipe Alberto, dejando a un lado la creencia protestante bajo la que se crió.

Católicas le pese a quien le pese

Los duques de Cambridge tras convertirse en marido y mujer (I.C.)Los duques de Cambridge tras convertirse en marido y mujer (I.C.)El abanico de casos es amplio dentro de las casas reales europeas, pero hay dos princesas que se negaron a renunciar a sus creencias religiosas. Este es el caso de la duquesa de Cambridge, Kate Middleton, que no pasó por el aro cuando las autoridades anglicanas pusieron la voz en grito al conocer que el príncipe Guillermo tenía intención de contraer matrimonio con una católica. Una ley de 1701 prohibe en Reino Unido que los miembros de la casa real se desposen con católicos. Una cuestión que se llevó en numerosas ocasiones a las cámaras legislativas para su modificación, ya que es discriminatoria al no hacerse mención en ella a otras religiones como el islamismo o el judaísmo. Finalmente, el nieto de Isabel II llevó al altar a Kate, sin importarle si él es anglicano y ella católica.

También se ha mantenido firme en sus convicciones religiosas Máxima de Holanda. Tuvo que cambiar de nacionalidad al desposarse con el príncipe heredero Guillermo Alejandro, pero mostró su reticencia a renunciar al catolicismo. No obstante, tras ofrecer el primer ‘sí, quiero’ en febrero de 2002 mediante una ceremonia civil oficiada por el alcalde de Ámsterdam, Job Cohen, hizo lo propio de forma religiosa más tarde bajo el protestantismo. La cuestión religiosa en este caso no tuvo mayor repercusión y, a excepción de las críticas de los sectores protestantes más radicales, no hubo demasiado revuelo al no ser la primera royal católica de los Países Bajos. La princesa Irene, tía del ahora rey Guillermo de Holanda, se casó con el príncipe Carlos Hugo de Borbón Parma que también era católico.

Mette-Marit en el 900 aniversario de la Iglesia de NoruegaMette-Marit en el 900 aniversario de la Iglesia de NoruegaLuego está el caso de Matilde de Bélgica y Estefanía de Luxemburgo, que no ha tenido que cambiar la dirección ni forma de sus rezos por la corona ni por amor. Son católicas, al igual que sus marido, el príncipe Felipe y el príncipe Guillermo respectivamente, y han tenido la ‘suerte’ de haber nacido en el seno de familias afines a las de sus esposos. Además, son las únicas princesas europeas que no son de procedencia plebeya, ya que sus nombres tienen un profundo arraigo nobiliario.

Por su parte, la princesa Mettet-Martit tampoco tuvo que cambiar de religión por casarse con el príncipe heredero Hakkon de Noruega, ya que ambos pertenecen a la Iglesia de Noruega evangélica luterana. Para ella, la polémica no le vino por la cuestión religiosa, sino por la desinhibida adolescencia de la que disfrutó en sus años de soltera.