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NO MÁS OFENSAS AL REY

La desesperada solución para cortar las ofensas a Mohamed VI por su tren de vida

El régimen marroquí quiere poner coto al auge de las embestidas contra el monarca alauí por parte de raperos, en las redes sociales y en los estadios

Foto: Mohamed VI, en una imagen de archivo. (Getty)
Mohamed VI, en una imagen de archivo. (Getty)

“Tú, Mohamed VI, lees tu discurso balbuceando, un discurso que te han escrito para dirigirte al pueblo, para apaciguar su cólera. ¿Ha tenido resultados ese discurso? ¡No! Mientras llevas una vida cómoda, el pueblo padece la dictadura, la pobreza y la corrupción. ¿Qué hemos conseguido desde tu entronización en 1999? Opresión, miseria y cárcel. Tienes un palacio en cada ciudad. No puedes decir que empatizas con nuestro sufrimiento mientras vivas en palacios”.

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El que pronunció estas palabras ante la cámara, dirigiéndose al rey de Marruecos, es el youtouber Mohamed Sekkaki, apodado Moul Kaskita, que fue detenido el 1 de diciembre en Settat, al sur de Casablanca, e imputado por “injurias a los marroquíes y a las instituciones constitucionales”, es decir a la monarquía. El rey es “inviolable y se le debe respeto”, según el artículo 46 de la Constitución marroquí y todo aquel que le ofende puede ser condenado a entre uno y cinco años de cárcel y a una pequeña multa.

El rapero Kaskita. (Redes Sociales)
El rapero Kaskita. (Redes Sociales)

Sekkani no recurrió al anonimato para arremeter contra el monarca alauí, como tampoco lo hizo, en noviembre, el rapero Mohamed Munir, conocido como Gnawi, su nombre artístico. En su canción 'Viva el pueblo' criticaba el acaparamiento de riquezas por la monarquía. La revista estadounidense 'Forbes' calcula que la fortuna de Mohamed VI alcanza los 5.125 millones de euros. Es el quinto monarca más rico del mundo.

Gnawi fue condenado el 25 de noviembre a un año de cárcel por ultrajar a policías. Los fiscales marroquíes suelen evitar, cuando formulan la acusación, mencionar los ataques al monarca para no empañar la imagen de un rey querido que propagan los medios audiovisuales. Por eso el rapero cumple condena detrás de los barrotes por ofender a las fuerzas del orden.

El rapero Gnawi. (Redes Sociales)
El rapero Gnawi. (Redes Sociales)

La mayoría de la embestidas contra el soberano no se llevan a cabo a cara descubierta sino aprovechando el anonimato de las redes sociales y sobre todo en los campos de fútbol de Casablanca, Tánger, Tetuán, Fez y Alhucemas, la capital del Rif. Allí, antes de que empiece el partido, miles de aficionados entonan canciones en las que arremeten contra los poderes públicos, empezando por el jefe del Estado, denuncian la corrupción y hasta reivindican el derecho a emigrar. A veces corean los raps de Gnawi o de Youssef Mahyoute, otro cantante díscolo. Los estadios se han convertido en espacios de libertad que la policía no puede clausurar.

La prensa oficialista de Marruecos se esfuerza por defender al monarca. “Las quejas contra el rey son variadas y, a menudo, no guardan relación con sus competencias constitucionales con tanta más razón que no puede vigilar el día a día en todo el territorio nacional”, escribió, por ejemplo, en un editorial Ahmed Charai, director del diario 'Al Ahdat al Magrebia' y asiduo colaborador del servicio secreto marroquí (DGED), según los cables y correos desvelados en el otoño de 2014. Charai fue también condenado en España en 2011 por difamar al expresidente José María Aznar atribuyéndole la paternidad de la hija que tuvo, en 2008, Rachida Dati, ministra de Justicia francesa.

Mohamed VI, en una imagen de archivo. (EFE)
Mohamed VI, en una imagen de archivo. (EFE)

“Los jóvenes de Marruecos (…) quieren resultados rápidos”, cuando se dirigen al soberano, prosigue Charai. “Sucede que en algunos pocos casos [los jóvenes] no cumplen con su obligación de respeto [al rey] y entonces es necesario aplicar la ley para garantizar la soberanía del Estado”, recalca el editorialista.

La solución a los ataques

La ley sirve de poco frente a aquellos que se amparan en el anonimato o en la muchedumbre que desde las gradas arremete contra Mohamed VI. El más poderoso de los ministros del Gobierno de Marruecos, el titular de Agricultura, Aziz Akhnnouch, lo reconoció, la semana pasada, durante una reunión con inmigrantes celebrada en Milán. “No es ya la Justicia la que debe hacer este trabajo”, declaró. “Debemos reeducar a los marroquíes que carecen de educación”, sentenció.

Akhnnouch es el hombre más rico de Marruecos, después del rey, con una fortuna evaluada en 1.708 millones de euros. Es además el miembro del Ejecutivo que mantiene la relación más estrecha con el soberano hasta el punto de haberle invitado a su casa de Casablanca a compatir un 'iftar', la cena con la que los musulmanes rompen el ayuno del Ramadan. La relación entre ambos se estableció a través de sus esposas, la princesa Lalla Salma y Salwa Idrissi. Desde que el monarca se divorció, en marzo de 2018, ha perdido algo en intensidad.

El rey Mohamed VI y, detrás, Aziz Akhnnouch, ministro de Agricultura y Pesca. (MAD)
El rey Mohamed VI y, detrás, Aziz Akhnnouch, ministro de Agricultura y Pesca. (MAD)

Las palabras de Akhnnouch suscitaron reacciones airadas por parte de otros políticos y de la sociedad civil. “El mero hecho de que haga un llamamiento a los marroquíes para que sustituyan a la Justicia recuerda, en el fondo, algunos de los aspectos claves del totalitarismo (…)”, sostiene Ali Amar, director del diario digital 'Le Desk', una de las pocas publicaciones independientes que subsiste en Marruecos.

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En las redes sociales las reacciones son más virulentas. Se formulan llamamientos al boicoteo de Afriquia, una red de gasolineras perteneciente a Akhnnouch. En la primavera de 2018, decenas de miles, quizás cientos de miles de conductores ya optaron por no repostar en Afriquia causando un gran perjuicio a la empresa. Fue una de las compañías designadas, junto con una emblemática agua mineral (Sidi Ali), y la multinacional francesa Danone, para ser boicoteadas. La consigna partió de las redes sociales, tuvo mucho éxito y duró hasta el verano del año pasado. Aún hoy en día no se sabe quién la lanzó.

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