Las confesiones de Charlène: de su año más difícil a los motivos de su tristeza
  1. Casas Reales
LA PRINCESA TRISTE

Las confesiones de Charlène: de su año más difícil a los motivos de su tristeza

La princesa de Mónaco ha abierto su corazón y las puertas de palacio a una revista sudafricana, en un reportaje exclusivo en el que ha posado junto a sus hijos, Jacques y Gabriella

Foto: La princesa Charlène, en una imagen de archivo. (EFE)
La princesa Charlène, en una imagen de archivo. (EFE)

Por fin sabemos por qué Charlène está siempre tan seria. O, al menos, conocemos una explicación que ha dado la propia princesa de Mónaco, admitiendo así que sabe no siempre está tan sonriente como se espera y que su gesto triste llama la atención dentro y fuera del principado. Y lo ha hecho vía entrevista exclusiva. La elegida ha sido la revista 'Huisgenoot', de Sudáfrica, para la que la exnadadora ha abierto su corazón, desvelando algunos secretos de su vida familiar e intentando explicar los motivos de su habitual tristeza.

En sus propias palabras, este 2019 no ha sido un año especialmente fácil para ella, ya que perdió a dos amigos en un intervalo muy corto de tiempo: "Murieron los dos en 10 días. Fue increíblemente doloroso". Una tragedia a la que se suma la preocupación por el estado de salud de su padre, Michael Wittstock, que también tuvo que ser operado: "Este año definitivamente me dio un golpe bajo. La gente es muy rápida para decir, 'Oh, ¿por qué ella no sonríe en las fotos?'. Bueno, a veces es difícil sonreír. No saben lo que está pasando en el fondo".

Portada de la publicación sudafricana.
Portada de la publicación sudafricana.

Otra de las confesiones de Charlène y que intenta explicar su habitual seriedad es la añoranza que siente por su país y su gente: "Tengo el privilegio de tener esta vida, pero sí echo de menos a mi familia y amigos en el Sur de África y me pongo triste porque no siempre puedo estar allí para ellos". Aunque reconoce que es para ella muy importante tener en Mónaco a su hermano Gareth, su cuñada, Irish, y sus dos sobrinos. Una confesión casi innecesaria, al menos en el principado, donde se sabe que la exnadadora no se siente del todo cómoda en el ambiente principesco y entre la familia Grimaldi, poniendo el acento en la difícil relación que tiene con sus cuñadas, las princesas Carolina y Estefanía de Mónaco.

Charlène y Carolina de Mónaco, en las celebraciones por el Día Nacional. (EFE)
Charlène y Carolina de Mónaco, en las celebraciones por el Día Nacional. (EFE)

Charlène habla también de sus hijos, Jacques y Gabriella -a la que la sudafricana llama Bella durante la entrevista-, con los que además posa para el reportaje: "Es agotador, pero me dan mucha fuerza". Los niños son bilingües gracias al príncipe Alberto, que los habla tanto en inglés como en francés, y dan clases extraescolares de natación y gimnasia: "Vamos a ver cómo evolucionan, pero quiero que tengan una vida. Es difícil para mí creer que yo era tan solo tres años mayor de lo que ellos son ahora cuando empecé a entrenar para los Juegos Olímpicos. Nadaba 10 kilómetros al día con tan solo ocho años".

Según la editora, "Su Alteza Serenísima derrocha elegancia y es considerada una de las mejor vestidas de Europa" -algo que probablemente no compartirían los expertos en moda-, aunque admite que está mucho más cómoda con una sudadera y unos vaqueros en casa. Y Charlène tiene claro a lo que se hubiera dedicado si el destino no la hubiera llevado hasta el palacio Grimaldi, desvelando uno de los aspectos más desconocidos de su pasado: "Es muy sencillo, haría todo lo que estoy haciendo ahora, pero sin el título. Ayudar a la gente y tratar de educar a los demás. Mi tío es misionero y trabajó en Japón y Australia, y está ahora en Zambia. De hecho, viajé dos veces con él para ayudarle a restaurar una escuela local. Me gusta ayudar donde puedo".

La princesa Charlène, en la tradicional entrega de regalos navideña. (EFE)
La princesa Charlène, en la tradicional entrega de regalos navideña. (EFE)
Princesa Charlene de Mónaco