Balduino de Bélgica: el rey que se enamoró de Ávila y veraneaba en Motril
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90 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

Balduino de Bélgica: el rey que se enamoró de Ávila y veraneaba en Motril

En abril de 1960 comenzó la historia más singular de cuantas se habían oído sobre cómo se comprometieron el rey Balduino y la española Fabiola de Mora y Aragón

Foto: Balduino de Bélgica: el rey que se enamoró de Ávila y veraneaba en Motril
Balduino de Bélgica: el rey que se enamoró de Ávila y veraneaba en Motril

Iba a cumplir los 21 años, la mayoría de edad, cuando se sentó en el trono de los belgas. Aparentemente triste, melancólico e introvertido, tímido, muy delgado y miope desde edad temprana, el joven Balduino rey de los belgas iniciaba una andadura muy incierta. Era el heredero, aunque no parecía el mejor candidato. Y menos aún en una situación tan compleja como la que precipitó su ascenso al trono.

Balduino Alberto Carlos Leopoldo Axel María Gustavo de Sajonia Coburgo Gotha y Bernadotte nació el 7 de septiembre de 1930, justamente hace 90 años, en el castillo de Laeken, Bruselas.

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Fue el segundo hijo (primer varón) de Leopoldo III rey de los belgas (1901-1983) y la princesa Astrid de Suecia (1905-1935), que falleció a los 29 años en un accidente de tráfico, poco antes de que el pequeño Balduino cumpliese los cinco.

Leopoldo III se casó posteriormente (1941) con Lilian Baels, que ostentó el título de princesa de Rhéty, con quien tuvo tres hijos más.

Acosado por las críticas, en gran medida promovidas por un sector político muy determinado, el rey Leopoldo abdicó.

Los belgas, aunque inicialmente comprendieron —en su mayoría— que el Rey se hubiera rendido ante Alemania (1940), que permaneciera en su país (y no acompañara al gobierno al exilio) y que tratara de mejorar la situación de su pueblo buscando el favor de Hitler… lo cierto es que posteriormente se puso al lado de las posiciones más críticas. Y no le perdonó que se casara a escondidas, en plena invasión alemana.

Balduino de Bélgica en una imagen de archivo. (Getty)
Balduino de Bélgica en una imagen de archivo. (Getty)

Huérfano de madre, la crisis, el exilio…

Muy poco pudo entender, con tres años, sobre aquella hora, al mismo tiempo triste y feliz, que dejó a su abuelo Alberto I en la tumba (1934) y a su padre en el trono. Pero entendió menos aún que su madre no regresara al castillo de Leaken después de las vacaciones de 1935. La desaparición de la reina de los belgas dejó una honda huella en el pequeño Balduino. Y la llevaría siempre en su corazón.

Vivió el dolor, el desconcierto y el desamparo de quienes pierden a un ser tan querido siendo aún muy niños.

Más tarde conoció las consecuencias de la invasión nazi (1940). Inicialmente fue trasladado con sus hermanos a España (País Vasco), aunque después (tras el verano de 1940) vivió la reclusión, con su familia, en Leaken y en Ciergnon. En 1944, la familia fue deportada a Hirschtein (Alemania) y a Strobl (Austria), donde fueron liberados por los aliados en mayo de 1945.

Finalmente, tras la guerra, Balduino conoce el dolor del exilio, en Suiza. El Parlamento belga niega al Rey la posibilidad de regresar a su país, por el conjunto de críticas ya citadas (se denominó la ‘Cuestión real’).

Y ya en 1950, cuando Leopoldo III regresa a Bruselas y parecía que podía haber una vía de entendimiento, los enfrentamientos no cesan y el Rey decide abdicar en favor de su hijo Balduino.

El rey Balduino de Bélgica en una imagen de archivo. (Getty)
El rey Balduino de Bélgica en una imagen de archivo. (Getty)

Al volante de su ‘Cadillac’ negro descapotable

Balduino no quería reinar tan pronto, pero lo aceptó por responsabilidad. Y así lo hizo saber en su comparecencia del 16 de julio de 1951, en el balcón del palacio real, junto a su padre. “Papá, seré digno de ti”, dijo el joven rey ante miles de personas. La reacción popular fue muy favorable.

A partir de esa fecha, cada mañana se desplazaba desde la residencia familiar (Leaken) al Palacio Real de Bruselas, al volante de su ‘Cadillac’ negro descapotable. Y su actitud sorprendió a todos.

Firme y decidido, contra todo pronóstico

En contra de todo pronóstico, Balduino comenzó a ejercer sus funciones y a tomar decisiones con una firmeza que nadie hubiera imaginado.

Supo encauzar las relaciones de la corona con las distintas fuerzas políticas y con el Gobierno. Y también supo ceder. Por ejemplo, pidió a su padre y a su madrastra que abandonaran Leaken, para evitar las críticas sobre la influencia de ambos en él.

También tuvo que gestionar la compleja situación del Congo, cuyo proceso de independencia se precipitó.

Su quehacer diario hizo que la figura del Rey generase, sorprendentemente, un cierto apaciguamiento entre valones y flamencos… En todo caso, lo cierto es que Bélgica logró un razonable prestigio internacional. Y Bruselas se convirtió en capital europea.

La boda, cuestión de Estado

Pero había un asunto personal, que también era de Estado, que el joven Balduino debía resolver más pronto que tarde: su matrimonio y su descendencia.

Hubo muchos dimes y diretes en torno a esta cuestión. Su profundo sentido de la religión, su rica vida interior y su firme compromiso con la Iglesia católica alimentaron la idea de que Balduino iba para monje.

El rey Balduino de Bélgica en una imagen de 1969. (Getty)
El rey Balduino de Bélgica en una imagen de 1969. (Getty)

Quizás se lo planteara seriamente en alguna ocasión, aunque la aceptación de la Corona en 1951 había cerrado esa puerta. La opción ya no era viable.

Sinceramente, su imagen pública tampoco despertaba un gran entusiasmo entre las jóvenes de los años 50, aunque su posición sí interesaba a numerosas familias de las distintas casas reales europeas.

De hecho, Balduino se preocupó por conocer a un buen número de ‘candidatas’. Bien es sabido que los engranajes familiares de la realeza trascienden fronteras y son generalmente muy eficaces en este tipo de misiones.

La reina Federica de Grecia lo intentó

No consta que el Rey de los belgas viajase en el crucero ‘Agamenón’ que promovió la reina Federica de Grecia en 1954. Pero sí hay algún testimonio sobre el interés de la reina griega por emparejar a su hija mayor, Sofía (luego reina de España y madre de Felipe VI), con el monarca belga.

En 1959, Balduino conoció también a las dos jóvenes princesas que ocupaban más páginas en los diarios de la época: Desiré y Brígida de Suecia, dos de las cuatro hijas del príncipe Gustavo Adolfo y de la princesa Sibila de Sajonia Coburgo Gotha.

Aunque la cita clave para el Rey de los belgas había tenido lugar dos años antes (1957), por iniciativa de la reina Victoria Eugenia, viuda de Alfonso XIII.

Un encuentro en Lausana abre nuevos horizontes

La reina Victoria Eugenia (1887-1969) organizó un encuentro en su residencia de Lausana, Villa Fontana, con el objeto de que su nieta Pilar de Borbón (1936-2020) conociera a Balduino. Todo estaba preparado y a punto. Las expectativas eran muy altas.

Fue la propia anfitriona la que invitó a su ahijada Fabiola de Mora y Aragón (1928-2014) a la cita, como acompañante de su nieta Pilar. Tenían trato y confianza suficiente como para ello, aunque no es desdeñable la idea de que, además, unas y otras eran conscientes de la habitual discreción de Fabiola.

Al igual que otras jóvenes de su edad, la infanta Pilar se encontró con un rey tímido y de aspecto aburrido… Tan distinto a ella (a todas ellas) que invitaba a poner cualquier excusa para no dar pie a nuevos encuentros.

Balduino y Fabiola de Bélgica junto a Isabel II y el príncipe Felipe en 1963. (Getty)
Balduino y Fabiola de Bélgica junto a Isabel II y el príncipe Felipe en 1963. (Getty)

Ciertamente, el fracaso de ese encuentro dio al traste con los argumentos de alguna ‘novelita’ que ya se había ‘cocinado’ en Villa Giralda, Estoril, residencia de la familia real española en el exilio.

Sin embargo, para el joven Rey de los belgas, la cita de Villa Fontana fue el principio de un largo ‘cuento’, con final feliz, cuyos principales ingredientes se desconocen.

‘Ávila’ se convirtió en su propia razón de ser

En los años 50 o 60 del siglo pasado era frecuente que un católico fuese ‘católico practicante’, como lo era Balduino. Fue un hombre de oración, que confiaba en la Providencia. Y como tal, confió en que encontraría a la mujer adecuada.

Que se fijó en alguna de las jóvenes que conoció durante esos años… ¡Seguro! Que una de ellas fue la aristócrata española Fabiola, ajena inicialmente al interés de la amiga a la que acompañaba, ¡parece evidente! Como lo es, también, que el Rey desplegó distintas operaciones —tan discretas como desconocidas— para hacerle llegar a Fabiola su interés por conocerla mejor.

Atento lector de la obra de Santa Teresa y de la de San Juan de la Cruz, Fabiola se convirtió en ‘Ávila’. Y a medida que iba teniendo referencias de ella, ‘Ávila’ se convirtió en su propia razón de ser.

‘Grecia’ se acerca a ‘Ávila’ por encargo de ‘Luigi’

Sobre cómo se conocieron Balduino y Fabiola no hay más que especulaciones. Ellos mismos dijeron en alguna ocasión que no contarían esa historia personal a nadie, salvo a sus hijos. Y no tuvieron hijos, como es bien sabido.

Por las referencias históricas que hay, es evidente que los dos mantuvieron algún encuentro a partir de esa cita de Lausana (1957). Pero solamente es conocida la última fase de su ‘noviazgo’, cuyas referencias históricas se pueden extraer del relato novelado que publicó el cardenal Suenens (‘Balduino, el secreto de un rey’), que incluye una pequeña parte del diario personal del rey Balduino.

Fabiola de Bélgica en 1967. (Getty)
Fabiola de Bélgica en 1967. (Getty)

Sin entrar, ahora, en el análisis de la obra del cardenal Suenens, sí conviene recordar que en la última fase del noviazgo, Balduino acudió a una irlandesa, Luisa María O’Brian (1905-1998), que había tomado el nombre de Verónica cuando se unió a las Damas de Santa Clotilde.

En el momento en el que Balduino acude a miss O’Brian, ella conserva el nombre de Verónica y es una de las mujeres más activas de la Legión de María.

Así comienza la historia más singular de cuantas se habían oído antes de que Suenens publicara su particular versión: ‘Grecia’ (nombre en clave de Verónica O’Brian) viaja a Madrid en busca de ‘Ávila’ (Fabiola) por encargo de ‘Luigi’ (el rey Balduino) …

Para Fabiola, el problema de Balduino “es que es rey”

Fue el último cartucho del Rey de los belgas, que había encomendado esta misión muy especialmente a la Virgen de Lourdes. Todos sus intentos anteriores (que se suponen, porque no hay noticia de ellos) habían fracasado.

Verónica (‘Grecia’) viaja a Madrid en abril de 1960. Nadie conoce cuál es su misión, salvo el Nuncio del Papa, que había accedido a respaldarla ante terceros en el caso de que fuese necesario.

La irlandesa se presenta ante Fabiola, en su casa de la calle Braganza, pero ‘Ávila’ se mantiene en sus trece: el problema de Balduino “es que era rey”, dijo; y ella no quería caer en supuestos delirios de grandeza.

El compromiso de Balduino y Fabiola en Ciergnon. (Getty Images)
El compromiso de Balduino y Fabiola en Ciergnon. (Getty Images)

En todo caso ‘Ávila’ pidió la confirmación al Nuncio, que ratificó la veracidad de lo que le hubiese transmitido ‘Grecia’. Y ésta, con cierto desánimo, confirma a ‘Luigi’ la enorme dificultad de su misión.

Había rechazado irse a Estados Unidos y ahora consideraba ir a Bruselas

Después de numerosas conversaciones, viajes y rezos, en junio de 1960 Fabiola accede a viajar a Bruselas. No podía explicar a nadie la razón de su viaje. Se iba como si hubiera sido ‘secuestrada’ por ‘Grecia’… Y el objetivo no era otro que encontrarse con el rey Balduino en un piso de la calle Suisse de Bruselas, donde residía Verónica O’Brien.

Y después, Fabiola visitó la gruta de Lourdes para poner su cuestión matrimonial en manos de la Virgen, tal y como había hecho su pretendiente.

Ella, que no había accedido años atrás a la petición de mano que le hizo un joven diplomático, porque suponía trasladar su residencia a Estados Unidos, ahora estaba considerando una propuesta más sorprendente aún: vivir en Bruselas como reina consorte de los belgas.

“Esta vez sí y no me volveré atrás”

Balduino y Fabiola volvieron a verse en Lourdes a principios de julio de 1960. El rey viajaba en un ‘Dauphine’ amarillo alquilado. Pasearon, hablaron, rezaron… Y el 8 de julio, ‘Ávila’ dijo: “Esta vez sí y no me volveré atrás”.

El compromiso de Balduino y Fabiola en Ciergnon. (Getty Images)
El compromiso de Balduino y Fabiola en Ciergnon. (Getty Images)

Acordaron hacer público su compromiso el 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen. Aunque la crisis del Congo obligó a aplazar el anuncio hasta el 16 de septiembre. Y la boda se celebraría el 15 de diciembre de ese mismo año, 1960.

Ambos construyeron una monarquía moderna, que abrió nuevos caminos a las monarquías de toda Europa. Compartieron los buenos y los malos momentos durante casi 33 años, en los que la peor noticia que recibieron fue la imposibilidad de tener hijos. Fabiola reconoció haber sufrido cinco abortos: “Perdí cinco niños, pero he aprendido a vivir con ello”.

[LEA MÁS: Los duros comienzos de Fabiola de Bélgica como reina y la 'injusticia' española]

El rey Balduino se convirtió en un buen muro de contención ante las habituales crisis entre flamencos y valones. Su reinado ha pasado a la historia como un periodo de estabilidad, en términos generales.

Fabiola fue muy bien recibida por los belgas. Y muy querida. A ellos se entregó hasta el final de sus días, aunque sin renunciar a su tierra.

Visitaban España con frecuencia. Conocieron muchas de las ciudades (Ávila fue una de las más visitadas) y veraneaban en Villa Astrida (Motril, Granada), donde falleció Balduino durante las vacaciones, el 31 de julio de 1993. Se fue tan discretamente como vivió.

Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

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