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cómo es su vida privada

Millonario, discreto y amante de las cabras: así es Reed Hastings, fundador de Netflix

Su plataforma es noticia porque el Festival de Cannes considera que las películas tienen que pasar obligatoriamente por pantalla grande para poder participar en el certamen

Foto: Hastings en una imagen de archivo. (Reuters)
Hastings en una imagen de archivo. (Reuters)

Se llama Reed Hastings y ha cambiado la forma de ver la televisión en todo el mundo. El fundador de Netflix es noticia estos días por culpa del Festival de Cannes. O, más que él, su plataforma, la misma que ha hecho las delicias de todos aquellos que adoran ver series y cine en el sitio y en el lugar que quieran. Cannes considera que las películas tienen que pasar obligatoriamente por pantalla grande para poder participar en el certamen. Y adelantándose al escarnio, Netflix se ha retirado de la competición, lo cual será del agrado de un Hastings que, pese a su influencia mundial y a su fortuna de 1.500 millones de euros, apenas si es un personaje reconocido.

Lo de Hastings es una especie de vida a lo Julio Verne pero en pleno siglo XXI. A sus 57 años, ha vivido todo tipo de experiencias. Apunten para futuras biografías: estudió matemáticas, fue profesor en Suiza y acabó siendo marine cuando volvió a su país.

Nadie sospechaba que aquel joven risueño de apariencia ingenua acabaría desarrollando un software en el que se dejaría gran parte de sus ahorros. Junto a uno de sus amigos, Marc Randolph, fundó Netflix sin sospechar que millones de personas se suscribirían al servicio y convertirían a la empresa, que hasta 2007 no ofreció su ahora muy popular servicio de streaming, en una máquina de hacer dinero.

Reed Hastings en una imagen de archivo.(Gtres)
Reed Hastings en una imagen de archivo.(Gtres)

Para cuando le llegó ese éxito, en 1997, Hastings ya estaba casado con Patricia Ann Quillin. Novios de los de toda la vida, se casaron en 1991 y sus dos hijos fueron testigos del pelotazo empresarial que pegó su padre. Con más frecuencia de la cuenta, Reed Hastings empezó a dar entrevistas y a mostrar, de manera muy inteligente, las parcelas más privadas de su vida. Eso sí, solo las que él quería. Había fundado Netflix en 1997, cuando le multaron por devolver tarde un VHS alquilado de 'Apolo 13'. Fue entonces cuando pensó que quizá sería genial idear un servicio de alquiler de películas vía email que con el tiempo dio lugar al Netflix que todos conocemos.

En 2005, por ejemplo, la empresa ya poseía unos 4 millones de suscriptores y Hastings ya se permitía ciertos caprichos: vivir en Roma junto a su familia durante un año y desplazarse, una vez al mes, a su oficina de Silicon Valley. Patty, tal y como la llaman cariñosamente sus familiares, estaba encantada con la vida italiana.

Reed Hastings en Barcelona el año pasado. (Reuters)
Reed Hastings en Barcelona el año pasado. (Reuters)

También empezaron a abundar las entrevistas a los medios de comunicación y las declaraciones que mostraban sus peculiaridades de genio de la informática. Por ejemplo, la de que es “un fracaso como hombre del Renacimiento”, ya que ni pesca, ni caza ni hace otra cosa que no sea la de su quehacer diario. Además, el famoso no es solamente él. Su hija mayor, Molly Hastings, se ha ganado cierta reputación en el mundo de la música encabezando un grupo llamado Beverly Tender.

Sus gafas y sus divertidos cortes de pelo no han pasado desapercibidos para muchos usuarios de las redes sociales. Tampoco las mascotas de la familia. Hastings tiene dos cabras nigerianas como mascotas y las fotografías en compañía de sus hijos demuestran que, para ellos, no existe mejor animal de compañía que este. Las mencionadas cabras viven en la casa que la familia tiene en Santa Cruz (California), donde toda la familia se recluye para huir de posibles intromisiones en su privacidad.

La hija de Hastings con una de sus cabras. (RRSS)
La hija de Hastings con una de sus cabras. (RRSS)

Está claro que Hastings no es un Zuckerberg ni un Steve Jobs, pese a que su importancia en el universo audiovisual no es baladí. Basta echar un vistazo a sus fotografías para comprobar que su imagen no se corresponde con la del típico magnate de conglomerado empresarial. La fuerza de Netflix ha convertido a este genio rodeado de cabras (tal cual suena) en uno de los multimillonarios con más proyección mediática en el futuro. Y eso no hay Festival de Cannes que pueda ensombrecerlo.

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