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Planes para el puente

Cuatro buenas excusas para fugarse el puente

Ahora sí que sí: ya hace malo. Vivas donde vivas, tienes frío y la noche llega antes. Lo estás pidiendo a gritos: necesitas que te dé el aire este mismo fin de semana

Foto: Cuatro buenas excusas para fugarse el puente

Ahora sí que sí: ya hace malo. Vivas donde vivas, tienes frío, la noche llega antes y no te cuesta nada abandonarte a la melancolía, la nostalgia y, ¡ay!, la ensoñación. Lo estás pidiendo a gritos: necesitas que te dé el aire este mismo fin de semana, que para eso dura tres días; necesitas cuatro buenas excusas para sacudirte el frío. Ahí van. 

Mens sana... 

No hay que buscar motivos para dejarse caer por Bilbao: lo vas a pasar bien sí o sí. Pero también es cierto que, de unos años a esta parte, decir El Botxo es decir “las mejores exposiciones”, y este otoño no es una excepción. Te están esperando unas cuantas: Tàpies con una completísima retrospectiva en el Guggenheim hasta el 19 de enero, los cubistas de la Colección Telefónica en el Museo de Bellas Artes hasta el 21 de enero, y las Guerrilla Girls y su arte combativo anti-machista en la Alhóndiga: se van el día de Reyes. Tú, te puedes quedar todo el tiempo que quieras. Y si lo haces en el Hotel Miró (Alameda Mazarredo, 77. Bilbao. www.mirohotelbilbao.com), un capricho de hotel boutique en la mejor zona de Bilbao diseñado por Antonio Miró y Pilar Líbano y decorado con una estupenda colección de arte contemporáneo, no te querrás ir hasta por lo menos el otoño que viene. Seguro. 

… In corpore sano

Es cierto: el ejercicio físico dispara el nivel de endorfinas, las hormonas de la felicidad. Que lo sepas. Y su efecto es mucho mayor si lo practicas en un lugar como el Valle de Benasque, en el Pirineo oscense. Allí, a la sombra del Aneto, puedes desde lanzarte a tumba abierta por las pistas de la estación de esquí de Cerler a caminar sin prisa alguna a la búsqueda de la Forau d’Aiguallauts, donde desaguan -para desaparecer en el interior de la gruta- las aguas del glaciar del Aneto, pasando por descender en kayak las aguas del Ésera o planear en parapente sobre Castejón de Sos. Tanto despliegue físico tiene su recompensa: te mereces más que nadie ese lechón confitado con praliné de avellanas de El Fogaril (hotel Ciria, avenida de los Tilos, s/n. Benasque). Volverás caminando desde tu ciudad para comerlo de nuevo.  

Dándolo todo donde tiene que ser, en Madrid

No se ha inventado todavía el café con leche que pueda con Madrid. La letra del himno oficioso, un chotis escrito por un mexicano, de la -todavía y por muchos años- ciudad más animada de este lado del planeta cambia todos los días a golpe de tendencia, artificio y coraje de emprendedores: así que “Cuando vengas a Madrid, chulapa mía...” iremos a Malasaña, donde tras la explosión negocios de, por y para hipsters con más o menos posibles, aún quedan reductos del Madrid más castizo (Bodegas Camacho, San Andrés, 4)- y cabrito (La Vía Láctea, Velarde, 18) de verdad: tienes que darte prisa, antes de que algún gurú lo taguee por ahí y abran en su lugar una cupcakería más. Y cuando dicen -decimos- que la noche de Madrid es la mejor del mundo mundial, lo decimos por lugares como el Punk Bach (Castellana, 74). El local multi-task (copas, dj's, comidas, shows) de Emiliano Suárez sí es un must: dentro de muchos años hablarás de él y de lo que hiciste y de a quién viste en él con la misma pasión con la que tus padres te hablan de Bocaccio. ¿Entre semana? También. Vete un martes a ver cómo Los Quintana, los mismos del Varietón del teatro Compac, le dan la vuelta al garito y al mundo con él a golpe de fonomímica; y si vas los viernes, te encontrarás con algunos de los dj's más eclécticos y sorprendentes de la ciudad haciendo de las suyas, que son las tuyas. Porque todo Madrid se está citando allí, y solo nos faltas tú. 

Y para acabar, toca mimarse en Punta Umbría

Síndrome de Stendhal en Bilbao, adrenalina a tope en el Valle de Benasque, y noche madrileña... Para que tu plan de fuga otoñal salga a la perfección tienes que estar en paz contigo y con el mundo, en un entorno relajante y, a ser posible, en la otra esquina del mapa: correcto, en Punta Umbría. Allí, a un paso de la frontera con Portugal -y eso quiere decir Tavira, ¡ya estás tardando!-, y entre paseo y paseo por la playa de Los Enebrales, ir al spa del Barceló Punta Umbría Mar a vivir el tratamiento Sweet Chocolat es darse un capricho de otra dimensión. Casi nada: en una cabina ambientada con esencias de canela te harán una exfoliación con peeling de café, seguida de una envoltura caliente de chocolate que surte efecto mientras recibes un masaje cráneo facial al que sigue otro de cuerpo entero, y para terminar, una sesión en la sala de relajación para que tomes, sin complejo de culpa alguno, una bebida caliente y cuantos bombones de chocolate quieras. A esto le llaman convertirse en otra persona. Y al otoño, que le den. 

Ocio
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