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Wellness entre viñedos: musicoterapia, relax y bienestar en Abadía Retuerta

La firma francesa Devialet ha creado una playlist hecha a medida de un tratamiento que mima rostro y cuerpo gracias al sonido envolvente que emiten sus altavoces Gold Phantom

Foto: Así es la piscina del spa Santuario del hotel Abadía Retuerta Le Domaine. (Cortesía)
Así es la piscina del spa Santuario del hotel Abadía Retuerta Le Domaine. (Cortesía)

Con la vendimia, el otoño se nos muestra en su máximo apogeo. Los colores de las pámpanas –que transitan entre ocres, naranjas y amarillos– dotan de un encanto singular a las inmediaciones del hotel Abadía Retuerta LeDomaine (www.ledomaine.es); un enclave de lujo situado en Sardón de Duero (Valladolid) donde gastronomía, enoturismo y relax se convierten en los ingredientes para una escapada otoñal.

Este establecimiento, que se levanta sobre los muros de una antigua abadía del siglo XII, es –además de uno de los mejores ejemplos del románico y el barroco castellano– todo un templo del bienestar. El nuevo wellness se escribe desde el Santuario LeDomaine, quintaesencia del lujo silencioso donde disfrutar de algunos de los múltiples tratamientos que ofrece este oasis del relax.

Este centro, abierto tanto a huéspedes como a clientes externos, se encuentra en lo que antaño fueron las caballerizas de la abadía. Eso sí, bajo tierra y con infinidad de lucernarios que garantizan la entrada de luz natural a sus más de 1000 m2 de espacio. Un área que cuenta con tres zonas diferenciadas: piscina interior climatizada, sauna, hamman, jacuzzi, duchas aromáticas y salas de relajación. Aunque eso no es todo.

Algunas de las estancias del spa de Abadía Retuerta LeDomaine. (Cortesía)
Algunas de las estancias del spa de Abadía Retuerta LeDomaine. (Cortesía)

Música, vino y holismo también forman parte de algunos de los rituales de belleza que ofrece este spa. El último en incorporarse a este listado es la Fusión del Sommelier: un tratamiento multisensorial que se realiza al ritmo que marca la cuidada playlist creada por Devialet (www.devialet.com) para ser reproducida en el altavoz inalámbrico Gold Phantom. Una experiencia donde poner a prueba a los cinco sentidos.

Todo comienza con una cata olfativa y gustativa que parte de tres mezclas de aceites esenciales (de yuzu, cedro o tomillo y romero) cuyos aromas están asociados a tres de los vinos producidos por Abadía Retuerta. Blanco LeDomaine, Pago Valdebellón y Selección Especial son los tres caldos sobre los que se articulan estos masajes diseñados específicamente para cada estado de ánimo. Un maridaje beauty donde la vinoterapia, la música y la técnica tradicional tibetana KuNye se convierten en toda una experiencia sensorial.

Una suite en su zona wellness con todo dispuesto para disfrutar de su masaje con la música de Devialet. (Cortesía)
Una suite en su zona wellness con todo dispuesto para disfrutar de su masaje con la música de Devialet. (Cortesía)

Un ritual en siete pasos

Una puesta a punto de cuerpo y mente que tiene una duración de 90 minutos cuyo precio se sitúa a partir de 190 euros. Una combinación de bienestar y música en la que cada nota y cada silencio están pensados para acompañar los movimientos y los tiempos de un ritual articulado de la siguiente forma.

  1. Bienvenida. Comienza con una exfoliación de sales del mar de Noirmoutier. Este primer paso despierta la visión, el tacto y el olfato con el aroma a mar que desprenden las sales al entrar en contacto con el agua.
  2. Cristalterapia. Se puede elegir entre ocho tipos de cristales diferentes: desde la obsidiana al cuarzo, pasando por el lapislázuli y otras cinco piedras. Cada una se asocia a un chakra y a una parte del cuerpo que se mantendrá junto al cliente durante todo el tratamiento.
  3. Llamada a la relajación. A través de la vibración de los cuencos tibetanos, que siguen el ritmo de la respiración, se invita a la relajación y a la desconexión más profunda.
  4. Exfoliación. Se realiza un peeling corporal al ritmo de la música con aceites naturales mezclados con pepita de uva. Su olor a barrica deviene en todo un viaje olfativo a las entrañas de esta bodega vallisoletana.
  5. Envoltura de vino. Una vez retirado el exfoliante, se extiende por el cuerpo una mascarilla corporal de vino tinto. Su textura ligera y cremosa se deja reposar entre 15 y 20 minutos; tiempo en que se realiza un masaje craneal.
  6. Hidratación. La envoltura de vino se retira mediante una ducha. A posteriori, se realiza un masaje corporal con el aceite seleccionado durante la cata. Todos los movimientos de la terapeuta se hacen a ritmo de la playlist escogida por Devialet para la realización de este tratamiento.
  7. Despedida. El ritual finaliza con el sonido de las campanas tibetanas y la aplicación de un diapasón en la planta del pie que transmite la vibración por todo el cuerpo.
De la cata de vinos y aceites al masaje craneal. Así es este tratamiento en siete pasos. (Cortesía)
De la cata de vinos y aceites al masaje craneal. Así es este tratamiento en siete pasos. (Cortesía)

Lujo castellano

Este ritual, capaz de relajar y recolectar al cliente, no se entendería si no fuera por el privilegiado entorno donde se encuentra este hotel & spa. Un oasis enclavado en la Ribera del Duero que permite a todo aquel que lo visite regresar a la rutina con otro ánimo. Viñedos a gogó y una situación geográfica muy singular, donde el silencio y la relajación lo son todo. Queda claro que los monjes fundadores del monasterio escogieron este enclave y no otro para levantar su abadía.

Abadía Retuerta LeDomaine es, además, gastronomía y viticultura. Especial mención merecen sus dos restaurantes: la Vinoteca (pensado para el almuerzo) y el Refectorio, dirigido por Marc Segarra, quien cuenta con una estrella Michelin. Este último, cuyo nombre hace honor a la estancia donde comían los monjes, ofrece una cocina de corte creativo con productos de temporada y proximidad. Sofisticada y con claras notas de la cocina castellana, invita a probar su menú degustación maridado con los vinos propios de su bodega.

Así es el jardín Hospedería que circunda la zona trasera de la abadía. (Cortesía)
Así es el jardín Hospedería que circunda la zona trasera de la abadía. (Cortesía)

Esta última bien merece una visita para descubrir cómo elaboran sus sobresalientes caldos. Una manera de hacer vino que mezcla tradición y tecnología. Y aún hay más: porque los aledaños de la bodega y el hotel invitan a pasear por sus impresionantes pagos y terruños. Una afinca con casi 700 hectáreas de las cuales 180 están destinadas al cultivo de la vid. Toda una experiencia que no se entendería sin cualquiera de las estancias de este establecimiento considerado como el epítome del lujo en plena meseta castellana. Recuerden que dispone de servicio de mayordomía.

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