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La Alberca, un pueblo de cuento (de Navidad) en Salamanca que tienes que visitar ya

Ahora que es tiempo de desempolvar los libros de Hans Christian Andersen, nada como visitar este rincón lleno de casitas que parece que se pueden comer. Darán alas a tu imaginación (y a tu IG)

Foto: Las casas de La Alberca son de cuento de hadas. (Cortesía Hotel Las Batuecas)
Las casas de La Alberca son de cuento de hadas. (Cortesía Hotel Las Batuecas)

Hay pueblos asomados al mar, en blanco y azul, que son capaces de conseguir el sueño de un verano (sin mucho calor) perpetuo, tipo Cadaqués. Otros son palaciegos hasta decir basta y poder competir con lo más granado de la realeza, caso de Úbeda. Y los hay también que parecen haber echado el ancla en un érase una vez lejanísimo, con todas las hechuras de un perfecto cuento de hadas de los que casan bien con el frío y la Navidad. De estos últimos es La Alberca, el precioso pueblo de Salamanca que está dentro muy dentro de la comarca de la Sierra de Francia, que es donde se encuentra la famosa Peña de Francia, con su Virgen Negra, que ya citó Miguel de Cervantes en El Quijote. A las Batuecas, que están en sus márgenes, tampoco les falta leyenda: allí se refugiaron dos enamorados huyendo de la Corte. Sin duda, está entre los pueblos más bonitos de España. Ya lo verás.

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Casitas que parecen de chocolate

Sus casas, unas detrás de otras cruzadas por travesaños de madera y repletas de flores de colores, recuerdan a las de tantos cuentos de hadas, tipo 'Hansel y Gretel' (de los hemanos Grimm), y nos llevan directamente a viajar a un lugar tan encantador como es Giethoorn, en Holanda, por ejemplo y salvando las distancias, aunque aquí no haya canales. Es tan increíble que es el primer municipio español que fue nombrado monumento histórico-artístico. Y cómo no.

Las casas con sus típicas balconadas y sus flores componen la estampa más típica de este pueblo salmantino. (Cortesía Turismo La Alberca)
Las casas con sus típicas balconadas y sus flores componen la estampa más típica de este pueblo salmantino. (Cortesía Turismo La Alberca)

Ermitas en el bosque, cuevas prehistóricas...

Nos hemos ido hasta los Países Bajos, al pueblo que llaman la Venecia holandesa, pero nos podríamos haber quedado en nuestra geografía y haber puesto rumbo al norte hasta arribar en el fronterizo Fuenterrabía, que tiene mucho de La Alberca, pero en clave marinera y guipuzcoana, y con más color. Es cierto que cuenta con su insigne iglesia parroquial del siglo XVIII y una gran torre que costearon los primeros duques de Alba, pero cuyas campanas, leyenda dixit, están hechas con las joyas fundidas de los albercanos; varias ermitas, algunas de ellas en mitad del bosque, incluso cuevas prehistóricas esparcidas por el valle de las Batuecas, pero lo que le hace realmente encantador son sus calles empedradas, su Plaza Mayor y sus casas (de chocolate) con sus balconadas.

¿Te imaginas ya paseando por aquí? (Cortesía Turismo La Alberca)
¿Te imaginas ya paseando por aquí? (Cortesía Turismo La Alberca)

Tres culturas y una plaza

Es más, los dinteles de estas casas de fábula están cincelados con las fechas de su fundación, con inscripciones, signos y anagramas religiosos. Dicen que su estructura, la de sus calles, es la de una judería, pero también que sigue el patrón de los arrabales de Damasco. Sea como fuere, el caso es que aquí convivieron las tres culturas. En torno a una plaza con fachadas recorridas por dos series de balcones, que siempre está entre las más bellas y singulares de España -con permiso de la de Almagro o Santiago, por citar dos-, con soportales e hileras de columnas graníticas, como manda la tradición, y un crucero, que ya es emblemático, presidiéndola.

Para perseguidores de la belleza

Así reza en la bienvenida que se da a los visitantes en su página web. Y sigue: “... de la paz, el sosiego, los paseos y el buen comer”, lo que da una pista de cómo es y qué puedes encontrar en este pueblo salmantino. También sale a relucir que es un sitio ideal para huir del mundanal ruido y de las prisas (de hecho, estar en las Batuecas es estar absorto), y para perderse -eso que tanto nos gusta- por sus rincones y sus plazuelas mientras sacamos fotos sin parar. Se avecinan paisajes pintorescos, trazados imposibles, fachadas equilibristas y juegos de luces y sombras, los que provocan los tejados de las casas enfrentadas casi tocándose.

Otro rincón de esta Alberca mágica. (Cortesía Turismo La Alberca)
Otro rincón de esta Alberca mágica. (Cortesía Turismo La Alberca)

Paisaje pintoresco, bendita naturaleza

Tienes La Alberca a unas tres horas de distancia en coche de Madrid, pasando por Ávila, llegando a Salamanca capital y poniendo rumbo al sur hasta llegar a este punto del Parque Natural de Las Batuecas-Sierra de Francia, en las estribaciones de la Cordillera Central, un paisaje que te resultará la mar de exótico. Hay abrigos con pinturas rupestres, castros vetones y explotaciones mineras romanas. Mucho bosque y un habitante de excepción: la cigüeña negra. Bueno, o dos: el lince ibérico, en uno de sus últimos reductos.

Los bordados, amarás su artesanía

Así son sus bordados. (Cortesía Turismo La Alberca)
Así son sus bordados. (Cortesía Turismo La Alberca)

Si ya el pueblo en sí te producirá una emoción extraña, casi mágica, ya verás cuando descubras su artesanía, y en especial sus joyas y otras alhajas de oro, plata y coral, usadas como amuletos desde generaciones, y sus bordados serranos con toda una mitología de animales, peces y aves.

Dónde dormir... y comer

El hotel Las Batuecas (www.hotelasbatuecas.com/es) es un clásico del lugar, con 34 habitaciones (desde 47 euros la noche), jardines, terrazas y un restaurante donde degustar la tradicional comida albercana y regional con los productos naturales de la zona, con especial atención a las carnes a la brasa y al jamón de cerdo ibérico. Otro hotel en el que también podrás probar la cocina típica es la Abadía de los Templarios (abadiadelostemplarios.com), con spa y cuyas habitaciones (desde 96 euros) tienen balcón, terraza y chimenea.

El hotel Las Batuecas, un lugar para desconectar. (Cortesía)
El hotel Las Batuecas, un lugar para desconectar. (Cortesía)

En su restaurante Las Bóvedas, orientado a la sierra, te podrás dar un homenaje. Con una sopa castellana al pimentón agridulce y su huevo poché, sus patatas meneás al estilo de la Sierra de Francia, sus alubias pintas al estilo de la Abuela Tere o su cabrito de Las Hurdes hecho a las ascuas con moje albercano. Pero aún hay más, en La Catedral, su otro restaurante, en plena Plaza Mayor, o sea, a un kilómetro de la Abadía, te ofrecen una sopa de ajo al estilo de Castilla y el cochinillo cuchifrito o al horno de leña. Por ejemplo. Por haber hay hasta una Cafetería Mudéjar.

La Cafetería Mudéjar, en la Abadía de los Templarios. (Cortesía)
La Cafetería Mudéjar, en la Abadía de los Templarios. (Cortesía)

Por los alrededores

Una vez ya en La Alberca, no hay que perderse los vecinos San Martín del Castañar, Miranda del Castañar, Sequeros o Mogarraz, todos impresionantes conjuntos históricos. Compiten en belleza, en un a ver quién puede más. Hay que apuntarlos en la ruta.

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