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'Mi año en Oxford', número 1 en Netflix en pleno agosto: cuando llorar de gusto es la clave
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EN LA TRADICIÓN DE 'LOVE STORY'

'Mi año en Oxford', número 1 en Netflix en pleno agosto: cuando llorar de gusto es la clave

La cinta ha llegado al top de la plataforma gracias al boca a boca y se perfila como un nuevo paso en los típicos productos que tienen en el melodrama y las lágrimas su gran as bajo la manga

Foto: Cartel principal de 'Mi año en Oxford'. (Netflix)
Cartel principal de 'Mi año en Oxford'. (Netflix)

Se estrenó el 11 de agosto sin grandes pretensiones y ha alcanzado el número 1 en Netflix gracias al boca a boca. 'Mi año en Oxford' no pasará a la historia del cine, pero se ha convertido en un visionado obligatorio para fans de los 'weepers', de esas películas hechas por y para llorar.

Cuando el calor aprieta (como si no fuesen ya bastante dolorosos los 40 y tantos grados que estamos sufriendo), nada mejor que acompañarlo de un buen drama.

El final inesperado y terrible (que por supuesto no desvelaremos) de esta historia de amor estudiantil ha despertado la curiosidad por este cuento amoroso que nos presenta a Anna de la Vega, una estudiante que viaja a Oxford para estudiar poesía y acaba enamorándose de Jamie, un profesor.

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placeholder Un amor para siempre: 'Un año en Oxford'. (Netflix)
Un amor para siempre: 'Un año en Oxford'. (Netflix)

No hace falta más que leer los comentarios de algunos espectadores para darse cuenta de que el desenlace de ese amor ha impactado a los corazones más sensibles y amantes del romance en pantalla. “Pensé que era una comedia romántica y terminé llorando como en un funeral”, dice uno de ellos. 'Mi año en Oxford' no es el enamoramiento bobalicón y bonito que muchos esperaban y su final es como una puñalada que, viendo el trailer previo, nadie esperaba.

Repasemos los datos: en sus primeros días, la película acumuló más de 24,6 millones de visualizaciones y alcanzó el puesto número 1 en los rankings de Netflix en 81 países durante su estreno. En España, el éxito también se ha replicado. En apenas 72 horas se convirtió en el film más visto y en uno de las más comentados en redes sociales.

La crítica, sin embargo, no ha compartido el entusiasmo. Solo hay que darse un paseo por medios como 'The Guardian' para comprobar que a los periodistas especializados en cine no les apasiona la película protagonizada por Sofia Carson y Corey Mylchreest, inspirada en la novela homónima de Julia Whelan. “Sentimental, predecible y carente de profundidad emocional”, escribe el crítico del medio británico, que señala la falta de originalidad.

La novela tampoco recibió demasiados elogios pero incluye, al menos, un final más positivo y esperanzador para los personajes. Un viraje hacia la tragedia que quizá, y de forma paradójica, ha acabado beneficiando el resultado del film.

Una tradición de Hollywood

El éxito de los 'weepers' no es ningún secreto a estas alturas. En 1998, muchos medios norteamericanos se preguntaban el porqué del estratosférico triunfo de 'Titanic' más allá de su recreación histórica, sus efectos especiales, su espectacularidad o la presencia de Leonardo DiCaprio. Y la conclusión fue la misma: los espectadores agradecían, 'My heart will go on' incluida, ir a llorar al cine. Y la muerte de Jack era algo así como una catarsis mundial con el siglo (y el milenio) a punto de acabar.

placeholder Kate Winslet y Leonardo DiCaprio en 'Titanic'. (Gtres)
Kate Winslet y Leonardo DiCaprio en 'Titanic'. (Gtres)

Precisamente por eso, en el 98 se estrenaron dramones como 'Cosas que importan', con una Meryl Streep enferma de cáncer, o Susan Sarandon, también moribunda y padeciendo la misma enfermedad (además de establecer una rivalidad con la mismísima Julia Roberts, que ya había tenido su propia muerte dramática en 'Magnolias de acero' unos años antes) en 'Quédate a mi lado'.

Aunque el fenómeno venía de lejos. No hace falta remontarse a las 'chick flicks' de Douglas Sirk (el hoy considerado rey del melodrama) en los que Rock Hudson era capaz de estudiar medicina para operar a la mujer, Jane Wyman, que se había quedado ciega por su culpa ('Obsesión', película imprescindible del Hollywood de los 50) para ver que, en la prehistoria anterior de las plataformas, ya se hacía lo mismo.

placeholder Rock Hudson y Jane Wyman en 'Solo el cielo lo sabe'. (Universal)
Rock Hudson y Jane Wyman en 'Solo el cielo lo sabe'. (Universal)

Eso explica el enorme éxito de 'Love Story', que seguía un esquema bastante similar al de 'Mi año en Oxford', pero en 1970. Es indescriptible lo que el público de la época lloró cuando Ali MacGraw moría al concluir la historia de amor con Ryan O'Neal. Y tampoco el dineral que se embolsó el mítico Robert Evans, jefe de producción de Paramount, gracias a semejante dramón.

De hecho, 'El Padrino' y otros hits del estudio en esa década quizá no habrían sido posibles sin el taquillazo de 'Love Story'.

placeholder Ryan O'Neal y Ali MacGraw, amor y drama frente al hotel Plaza en 'Love Story'. (Paramount)
Ryan O'Neal y Ali MacGraw, amor y drama frente al hotel Plaza en 'Love Story'. (Paramount)

Rodada en Oxford (Magdalen, St Hugh’s, Hertford, Bodleian Library) y otras icónicas localizaciones de Inglaterra como Windsor y el río Támesis, lo cual le otorga un aspecto visual muy atractivo, 'Mi año en Oxford' ni tiene ni aspira a tener la profundidad simbólica del cine de Douglas Sirk. Ni siquiera es un pálido reflejo de 'Love Story', que más de medio siglo después de su estreno ha alcanzado el estatus de mito.

Pero sí que plantea una clara pregunta: ¿por qué nos gusta llorar viendo una película? La respuesta quizá está en Netflix... o en Oxford.

Se estrenó el 11 de agosto sin grandes pretensiones y ha alcanzado el número 1 en Netflix gracias al boca a boca. 'Mi año en Oxford' no pasará a la historia del cine, pero se ha convertido en un visionado obligatorio para fans de los 'weepers', de esas películas hechas por y para llorar.

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