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El desayuno, nuevo campo de batalla entre hoteles de lujo: producto local, técnica y servicio en busca de la excelencia
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MARCA ESPAÑA

El desayuno, nuevo campo de batalla entre hoteles de lujo: producto local, técnica y servicio en busca de la excelencia

Durante años fue un trámite, ahora es el nuevo ring. Los hoteles de alta gama elevan el desayuno hasta convertirlo en experiencia: estacionalidad, proveedores cercanos, obrador propio y un servicio capaz de explicar qué hay en cada plato

Foto: Dime cuánto amor hay en tus desayunos y te diré qué tipo de hotel eres. (Cortesía)
Dime cuánto amor hay en tus desayunos y te diré qué tipo de hotel eres. (Cortesía)

Aún recuerdas, con horror, el indescriptible desayuno de ese hotelazo de Barcelona, coronado por cinco estrellas y apellidado gran lujo —en Madrid también nos ha pasado—. Fue tal tu decepción que el humor te cambió, para mal, y no levantaste cabeza hasta bien entrado el mediodía. La propuesta parecía sacada de los estantes refrigerados de esa cadena de supermercados a la que no puedes volver porque te quita la alegría de vivir. Mucha loncha de algo parecido al pavo, al queso o a la mortadela, mucho pan con tomate (de bote), algo de fuet de aspecto paleolítico, bollería industrial recalentada, huevos duros y zumo de naranja —y piña— con todo el sabor de tu farmacéutica favorita. Al director de food & beverage, nos contaron, le invitaron a irse. Pobrecito.

El desayuno ha dejado de ser el compromiso obligado de la oferta hotelera. En el segmento alto, donde la habitación presume de ser una obra de arte consagrada a tu confort y el spa un plus innegociable, la primera comida del día se ha convertido en herramienta real de diferenciación. No hablamos de apabullar con mil opciones en un bufé, sino de ofrecer un relato coherente: quién produce, cuándo se recolecta, cómo se elabora y, sobre todo, cómo se sirve. El nuevo desafío está ahí: que el huésped recuerde por siempre jamás el hotel por lo que desayunó.

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Empieza el desayuno en el Grand Hotel Son Net. (Cortesía)

En este sentido, el Grand Hotel Son Net, en Puigpunyent (Mallorca) —uno de Los 25 mejores hoteles boutique de España en 2025, según nosotros mismos— ofrece un ejemplo muy perfecto de hacia dónde se mueve el sector. Su propuesta se apoya en una idea simple: el desayuno como suma de producto local, coherencia y excelencia. Al frente de este personal arranque del día encontramos a Sergi Olmedo, chef ejecutivo del hotel.

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placeholder Sergi Olmedo, chef ejecutivo de Son Net. (Cortesía)
Sergi Olmedo, chef ejecutivo de Son Net. (Cortesía)

Una parte clave de su modelo es la estacionalidad del producto. La fruta aparece y desaparece de la mesa en función del calendario (olvídate de invernaderos y mares de plástico): presentación de las piezas con cortes sencillos, zumos puros y una línea de mermeladas caseras memorable. No se pretenden fuegos artificiales, solo huir, como alma que lleva el diablo, del desayuno estándar de los hoteles urbanos.

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placeholder Grand Hotel Son Net, Mallorca. (Cortesía)
Grand Hotel Son Net, Mallorca. (Cortesía)

La sección salada también responde a esa lógica. El hotel ofrece jamones y embutidos ibéricos con quesos mallorquines y otros internacionales, subrayando dos de sus productos estrella: la sobrasada y el queso de Mahón. En paralelo, incorpora aceite de oliva virgen extra ecológico propio, un detalle que funciona como acertada marca de la casa y cohesiona platos bajo el mismo hilo conductor.

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placeholder Grand Hotel Son Net, Mallorca. (Cortesía)
Grand Hotel Son Net, Mallorca. (Cortesía)

Donde el desayuno se juega de verdad su prestigio, sin embargo, es en dos terrenos: huevos y bollería. Los huevos —de gallinas felices— se ofrecen en preparaciones clásicas, con el foco puesto en la textura y el punto exacto; ya se sabe que un huevo mal ejecutado delata al instante el nivel de cocina. La bollería, por su parte, se plantea como producción artesanal con rotación diaria, combinando referencias conocidas —croissant, pain au chocolat— con variedades que cambian a diario para que la repetición no entorpezca la experiencia.

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Grand Hotel Son Net, Mallorca. (Cortesía)

A todo esto se suma un elemento menos visible, pero decisivo: el servicio. En los desayunos de lujo, el camarero ya no solo retira platos; debe saber explicar el origen y la composición de lo que llega a mesa, anticipar ritmos, manejar tiempos sin generar sensación de prisa y, sobre todo, leer al comensal sin que se note; hay personas a las que, desayunando, les da por hablar y otras que prefieren no articular palabra —¿tú en qué bando estás?—. Las nuevas fronteras del lujo no dejan de evolucionar. Feliz resto del día.

Aún recuerdas, con horror, el indescriptible desayuno de ese hotelazo de Barcelona, coronado por cinco estrellas y apellidado gran lujo —en Madrid también nos ha pasado—. Fue tal tu decepción que el humor te cambió, para mal, y no levantaste cabeza hasta bien entrado el mediodía. La propuesta parecía sacada de los estantes refrigerados de esa cadena de supermercados a la que no puedes volver porque te quita la alegría de vivir. Mucha loncha de algo parecido al pavo, al queso o a la mortadela, mucho pan con tomate (de bote), algo de fuet de aspecto paleolítico, bollería industrial recalentada, huevos duros y zumo de naranja —y piña— con todo el sabor de tu farmacéutica favorita. Al director de food & beverage, nos contaron, le invitaron a irse. Pobrecito.

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