Blanca Fabré y Alejandro Fauquié: “Creemos en los espacios que crecen con el tiempo, no en los que caducan con una tendencia”
En el estudio Fabré Fauquié el lujo es una cuestión de proporción, luz y materiales nobles. Empiezan siempre por la distribución, huyen de las modas y prefieren la palabra 'atemporal'. ¿Lo mejor de todo? Sus proyectos crecen con el tiempo
Blanca Fabré y Alejandro Fauquié: que lo que la arquitectura y el interiorismo han unido no lo separe el hombre. (Cortesía)
Para Blanca Fabré y Alejandro Fauquié, pareja profesional y matrimonio en la vida real, interiorismo y arquitectura son como el alma al cuerpo: la luz, las proporciones y la coherencia son las cartas que siempre pongan sobre la mesa antes de asumir un nuevo encargo. Su lujo es contenido y busca durar, ajeno a las tendencias 'fast food' (permítasenos el término). Sus viviendas o establecimientos son espacios donde mandan los materiales nobles, un fantástico equilibrio visual y una perfecta selección de objetos de deseo decorativos que habla por sí sola.
El lema de Fabré Fauquié, como estudio, es claro: la distribución primero. “Si la arquitectura interior no funciona, nada de lo que viene después podrá hacerlo”, aseveran. Desde ahí construyen una narrativa de texturas, arte, antigüedades y diseño con un rigor que sabe decir “no” cuando hay que decir “no”.
En esa mirada hay herencia y oficio. Blanca es hija de Patricia Sanchiz, interiorista ligada al gran residencial madrileño y conocida por su trabajo en el Pabellón del Príncipe en La Zarzuela, actual vivienda de Felipe VI y Letizia Ortiz. Alejandro es hijo de Fernando Fauquié, prestigioso anticuario. De ahí su apuesta por lo que permanece: “La atemporalidad no es una estética: es una actitud”.
Blanca Fabré y Alejandro Fauquié. (Cortesía)
PREGUNTA. Procedéis de dos familias con especial sensibilidad para el interiorismo y las antigüedades. ¿Vuestros respectivos destinos estaban escritos?
RESPUESTA. Más que escritos, estaban rodeados de señales. Crecimos en casas donde la conversación cotidiana giraba en torno a la luz, la proporción, la arquitectura, el arte y la historia de los objetos. No hubo una voluntad explícita de que siguiéramos ese camino, pero cuando convives desde niño con esa sensibilidad, con ese respeto natural por la belleza, es difícil que no acabe moldeando tu manera de mirar el mundo. Nuestro destino no estaba marcado, pero sí cultivado.
P. ¿Cómo os conocisteis y en qué momento empezasteis a miraros como posibles socios, más allá de lo personal?
R. Nos conocimos por cuestiones laborales, moviéndonos en los mismos entornos profesionales, y muy pronto descubrimos que compartíamos los mismos valores estéticos y un criterio similar a la hora de diseñar. Cada uno siguió desarrollando su propio estudio, pero con el tiempo entendimos que, uniendo nuestras visiones y experiencias, podíamos complementarnos y alcanzar un interiorismo más rico y más completo.
“Cuando convives desde niño con esa sensibilidad, con ese respeto natural por la belleza, es difícil que no acabe moldeando tu manera de mirar el mundo”
P. ¿Qué condiciones innegociables habéis pactado para que 'lo vuestro' funcione a largo plazo?
R. El respeto y la claridad son esenciales, pero también la admiración mutua. Valoramos profundamente el trabajo y el criterio del otro, y eso crea una base muy sólida. Cuando uno tiene una idea muy clara, el otro la respeta porque confía en su mirada; no solo la acepta, sino que la desarrolla y la hace suya para que el proyecto siga creciendo. Esa forma de trabajar, donde la convicción del uno impulsa la creatividad del otro, es la que mantiene el estudio en equilibrio y en evolución constante.
“Cuando uno tiene una idea muy clara, el otro la respeta porque confía en su mirada; no solo la acepta, sino que la desarrolla y la hace suya para que el proyecto siga creciendo”
P. ¿Qué aporta cada uno al estudio que el otro no tiene?
R. Alejandro aporta una creatividad brillante y muy singular, con una capacidad innata para ordenar el espacio y llevarlo a su máxima expresión. Su manera de diseñar es precisa, intensa y profundamente exigente. Blanca aporta un enfoque analítico, flexible y versátil, con una lectura más amplia del conjunto, y una sensibilidad específica para detectar qué necesita un espacio para alcanzar equilibrio y coherencia. La suma de ambas miradas es lo que da al estudio un lenguaje propio y completo.
P. Cuando llega un encargo nuevo, ¿quién hace qué, cómo os repartís el trabajo de forma práctica?
R. Comenzamos siempre juntos, analizando el proyecto desde su esencia. Después dividimos tareas según la naturaleza del encargo: uno se centra en la estructura, la distribución, la arquitectura interior; el otro, en la narrativa estética, en la selección de materiales, piezas y acabados. Pero el proceso es coral: cada decisión importante vuelve a pasar por ambos.
Por supuesto, también contamos con un equipo maravilloso que hace todo este trabajo posible y aporta su propia creatividad y profesionalidad para que, entre todos, este nivel de detalle, calidad y diseño se pueda materializar.
Blanca Fabré y Alejandro Fauquié. (Cortesía)
P. Vuestros padres, una interiorista y un anticuario-arquitecto, son vuestros maestros directos. ¿En qué decisiones del día a día notáis más claramente esa herencia familiar?
R. Tanto Patricia Sanchiz, madre de Blanca, como Fernando Fauquié, padre de Alejandro, son personas muy relevantes en el mundo del interiorismo. La trayectoria de Patricia se ha desarrollado en el mundo residencial del más alto nivel; entre sus obras más conocidas está el pabellón y residencia de nuestro actual rey Felipe VI y la reina Letizia.
Por su parte, Fernando fue un gran arquitecto, promotor y experto en el mundo del arte, por lo que se convirtió en un gran coleccionista de piezas del siglo XX y terminó convirtiendo su pasión en parte de su profesión, creando la firma FDG.
Ellos nos han inculcado la disciplina de no conformarnos, de ir más allá, la búsqueda de la calidad y el respeto por los oficios artesanales; la defensa del trabajo bien hecho, aunque nadie lo vea; y la importancia de entender el pasado no como un museo, sino como una herramienta para crear espacios más profundos y con más alma, en definitiva, únicos. Esa herencia nos acompaña en cada obra y hace que persigamos, en cada proyecto, el lujo entendido como algo único, irrepetible y personal.
“Nuestros padres nos han inculcado la disciplina de no conformarnos, de ir más allá, la búsqueda de la calidad y el respeto por los oficios artesanales; la defensa del trabajo bien hecho, aunque nadie lo vea”
P. Hablar de Fabré Fauquié es hacerlo de lujo contenido: paletas neutras, materiales nobles, piezas de gran formato. ¿Cómo llegasteis a ese lenguaje y qué está prohibido en vuestros interiores?
R. Para nosotros es esencial que lo que diseñamos perdure en el tiempo desde una mirada sofisticada. Esa es la base de nuestro lenguaje. Trabajamos con materiales nobles y naturales, paletas neutras y puntos de color seleccionados, porque creemos que la atemporalidad no es una estética: es una actitud. Y solo se consigue cuando cada decisión tiene coherencia.
La distribución es fundamental. Si la arquitectura interior no funciona, nada de lo que viene después puede hacerlo. Diseñamos a medida porque cada espacio exige una respuesta única y porque es la forma de integrar materiales, texturas y soluciones que aporten verdadera personalidad.
“Combinamos piezas de anticuario, arte y diseño con naturalidad, sin forzar”
A partir de ahí, combinamos piezas de anticuario, arte y diseño con naturalidad, sin forzar mezclas. Nos interesa que el espacio respire historia, cultura y criterio.
En nuestros interiores evitamos tres cosas: la 'moda rabiosa', la falta de contextualización y cualquier propuesta que carezca de cultura. Creemos en los espacios que crecen con el tiempo, no en los que caducan con una tendencia.
Blanca Fabré y Alejandro Fauquié. (Cortesía)
P. Os definís como “versátiles, pero rigurosos”, ¿cómo se traduce ese rigor cuando, por ejemplo, un cliente llega con una casa complicada o ideas poco realistas?
R. El rigor se traduce en explicar con honestidad. Hay clientes que llegan con sueños maravillosos, pero poco pragmáticos. Nuestro trabajo es convertir esa energía en soluciones reales sin renunciar a la belleza. Somos flexibles en el estilo, pero inamovibles en la calidad del proyecto, en la coherencia espacial y en que cada decisión tenga sentido.
“Somos flexibles en el estilo, pero inamovibles en la calidad del proyecto, en la coherencia espacial y en que cada decisión tenga sentido”
P. Trabajáis con un perfil de cliente de alto poder adquisitivo, especialmente pendiente del valor del metro cuadrado. ¿Qué decisiones de distribución o de uso del espacio son las que más impacto tienen hoy en la revalorización de una vivienda?
R. La distribución y la calidad son un motor económico. Espacios fluidos, circulaciones claras, piezas bien proporcionadas y luz natural bien trabajada incrementan inmediatamente el valor. Pero, sobre todo, soluciones que aporten atemporalidad, porque la revalorización no depende de la moda, sino de la permanencia.
P. Vuestro estudio está en Madrid, pero habéis desarrollado proyectos en Reino Unido, Portugal, Andorra, Estados Unidos, República Dominicana y Arabia Saudí. ¿Se os complica mucho la vida cuando os toca trabajar fuera?
R. Es más exigente, pero también más estimulante. Cuando trabajamos fuera, activamos una logística muy precisa: proveedores locales en coordinación con nuestro equipo de artesanos, visitas periódicas, control remoto milimétrico.
Por suerte, a día de hoy no es complicado, porque tenemos mucha experiencia y eso hace que podamos trabajar en cualquier lugar del mundo de una forma fluida y con mucha seguridad en lo que hacemos. Nos apasiona la capacidad de adaptar nuestro lenguaje a contextos culturales y ambientales completamente distintos: enriquece muchísimo nuestro trabajo.
Blanca Fabré y Alejandro Fauquié. (Cortesía)
P. ¿En qué momento decidís que una pieza de mobiliario tiene que diseñarse a medida y quién suele liderar más ese proceso?
R. El diseño a medida es, para nosotros, parte esencial de nuestra identidad. Es lo que hace que cada proyecto sea verdaderamente singular y lo que nos permite expresar nuestro lenguaje con total libertad. Diseñar piezas propias nos mantiene en un estado de creatividad constante y nos permite ofrecer a nuestros clientes lo mejor de nosotros: soluciones que no existen en el mercado y que responden exactamente a lo que cada espacio necesita.
Normalmente, uno de los dos inicia la propuesta, pero el desarrollo siempre es conjunto: la idea se enriquece, se revisa y se afina entre todo el equipo hasta llegar a su versión final. Ese proceso compartido es, en sí mismo, una parte fundamental del resultado.
“España está madurando hacia una cultura residencial más exigente, más consciente y más orientada a la permanencia”
P. Hasta la fecha, ¿cuál ha sido vuestra 'pica en Flandes'?
R. Probablemente, convertir viviendas con estructuras muy condicionantes en espacios armónicos. Nos atraen los retos donde la arquitectura parece resistirse: ahí es donde se ponen a prueba nuestras capacidades y donde hemos conseguido transformaciones realmente significativas.
P. ¿Y cuál es vuestro proyecto soñado?
R. Un proyecto en el que el cliente confíe plenamente en el proceso y nos permita desplegar una narrativa completa: desde la arquitectura interior hasta la última obra de arte. No importa el país ni la tipología; importa la libertad creativa.
“Huimos de la sostenibilidad como eslogan; para nosotros es responsabilidad con el tiempo”
P. Decís que lo próximo en vuestra profesión es la sostenibilidad. Más allá del tópico, ¿qué estáis cambiando ya en vuestra manera de proyectar para que esa sostenibilidad no se quede solo en el discurso, para no caer en un blanqueo ecológico?
R. Para nosotros, sostenibilidad significa longevidad, perdurabilidad. Optamos por materiales nobles que envejecen bien, por distribuciones que no requieran ser modificadas, por piezas con historia que evitamos que caigan en el olvido. Y trabajamos con artesanos siempre que es posible. Huimos de la sostenibilidad como eslogan; para nosotros es responsabilidad con el tiempo. La belleza indiscutible ocurre cuando ves algo que, tras el paso del tiempo, sigue generando una emoción en ti sin importar etiquetas de nuevo, viejo, moderno o antiguo. Simplemente es bello y quieres permanecer ahí: no quieres que nada cambie; ese lugar te hace sentir.
P. En los últimos años, han cambiado precios, normativas y expectativas sobre la vivienda. ¿Qué es lo que más os está sorprendiendo de la nueva forma en que se compra, se reforma y se vive una casa en España?
R. Nos sorprende la búsqueda creciente de calidad real. El cliente empieza a entender que una reforma no es maquillaje, sino arquitectura; que un buen mueble no es un gasto, sino una inversión; que una casa no es un escaparate, sino un refugio. España está madurando hacia una cultura residencial más exigente, más consciente y más orientada a la permanencia.
Para Blanca Fabré y Alejandro Fauquié, pareja profesional y matrimonio en la vida real, interiorismo y arquitectura son como el alma al cuerpo: la luz, las proporciones y la coherencia son las cartas que siempre pongan sobre la mesa antes de asumir un nuevo encargo. Su lujo es contenido y busca durar, ajeno a las tendencias 'fast food' (permítasenos el término). Sus viviendas o establecimientos son espacios donde mandan los materiales nobles, un fantástico equilibrio visual y una perfecta selección de objetos de deseo decorativos que habla por sí sola.