Crítica de 'La Casa del Dragón' (T3): un prodigio técnico en la temporada más épica y espectacular de todas
Pese al peligro de abusar de esos golpes de efecto que amenazan la vida de cualquier personaje, estamos ante la temporada más espectacular, tan 'bigger than life' como 'Juego de tronos' aunque no iguale el carisma de aquella
“Aquí hemos venido a jugar”. Eso parecen decirnos los creadores de la tercera temporada de ‘La Casa del Dragón’, que se estrena este lunes 22 de junio. Los primeros cuatro capítulos (los dos primeros con finales de infarto, con esas puñaladas narrativas que dejaban con la boca abierta a los fans de ‘Juego de Tronos’), vistos por este medio, van directamente al grano. Quien esperase un incendio, tras los intentos de encender una y otra vez la mecha, aquí lo tiene.
Repasando la segunda temporada, es cierto que la historia básica de amistad y posterior rivalidad entre la princesa Rhaenyra (Emma D’Arcy) y Alicent (Olivia Cooke), el verdadero corazón de la serie, se complicó sobremanera.
Las críticas más comunes resaltaron que la madeja del guion se enredaba demasiado, que las subtramas crecían como setas y que los secundarios, además de abundantes (ya sabemos que en el universo de George R.R. Martin suele ser así), interactuaban poco, restando emoción al conjunto y distrayendo la atención de la historia troncal.
Al espectador, incluso al más fiel, le daba la sensación de que iba a llegar un cataclismo que nunca hacía acto de presencia, como esos anzuelos que acaban mareando a un pez que termina mordiéndolos por pura desidia. No ocurre lo mismo con esta tercera temporada.
La batalla del Gaznate, un espectáculo de primera. (HBO Max)
El primer capítulo, dirigido por Loni Peristere y supervisado por el ‘showrunner’ Ryan Condal, llega directo a la Batalla del Gaznate, uno de los momentos más esperados por los lectores de ‘Canción de Hielo y Fuego’. En los primeros minutos vemos a la pobre Rhaena Targaryen intentando controlar al rebelde dragón ‘Robaovejas’ (un nombre que no deja lugar a dudas sobre la mayor afición del bicho). Es un anticipo de la eclosión final, de la que también ella y su dragón serán partícipes.
Elementos que pasan tan desapercibidos como el sonido, que añade crudeza a cada muerte, cada grito o cada llamarada, están cuidados con un mimo especial.
La flota que permanece fiel a Rhaenyra Targaryen, dirigida por Corlys Velaryon (Steve Toussaint), se enfrenta a la Triarquía en alta mar y los resultados, sobre todo a nivel de puesta en escena, son espectaculares.
Aunque el CGI se palpa en algunos planos, la factura técnica es impecable. Elementos que pasan tan desapercibidos como el sonido, que añade crudeza a cada muerte, cada grito o cada llamarada, están cuidados con un mimo especial.
Príncipes y dragones en 'La Casa del Dragón'. (HBO Max)
También el montaje, que va de lo grande a lo pequeño, de lo épico a lo íntimo, en cuestión de segundos. Porque, por encima de las épicas tomas aéreas y del furioso vuelo de los dragones (es muy inteligente, por ejemplo, el uso de planos semisubjetivos para hacernos partícipes de las luchas), está la emoción de ver las dinámicas de los personajes, acentuadas de forma melodramática, en un momento tan tenso.
Pero, tanto o más que esa exhibición técnica y logística, al espectador también le interesa ver cómo, en pleno fragor de la batalla, Corlys se juega su credibilidad como padre ante un hijo que sigue resentido con él. O cómo participan en la contienda, con voluntades opuestas y de forma directa o indirecta, la propia Rhaenyra y su hijo, el príncipe Jacaerys Velaryon.
Rhaenyra y su hijo Jacaerys, un personaje fundamental en el inicio de esta temporada. (HBO Max)
El elegíaco final de ese primer capítulo es, sin duda, uno de los más emocionantes de toda la serie. El segundo, en el que Rhaenyra da un paso que marcará la ficción para siempre (Emma D’Arcy logra un momento espléndido y de una amplia riqueza gestual en cierta secuencia), también. Aunque con algún pero.
Hay cierto peligro en el gusto por la estocada final; la afición por despertar en el público esa sensación de que ningún personaje está a salvo o es intocable.
Sin ánimo de hacer spoilers, diremos que, pese a que el desenlace de ese segundo episodio sube muchos grados la temperatura emocional, también recuerda a una peligrosa tendencia que acabó estropeando algunos de los mejores guiones de ‘Juego de Tronos’: el gusto por la estocada final; la afición por despertar en el público esa sensación de que ningún personaje está a salvo o es intocable. Un recurso hábil y potente que, usado sin medida, puede rozar lo paródico.
Harry Collett y Emma D'Arcy en 'La Casa del Dragón'. (HBO Max)
Afortunadamente, en los dos episodios posteriores los guionistas ponen el foco en lo que verdaderamente nos importó desde el principio: la relación de amor y odio, de lealtad y viejos reproches, entre Rhaenyra y Alicent. Lo que una debe aceptar, por encima del resentimiento y el dolor, y lo que otra está dispuesta a ceder, sabiendo como sabe, que su hijo Aemond puede llegar a ser un monstruo.
Las dos vuelven a ser la columna vertebral de la historia por encima de las subtramas o de los tejemanejes de su descendencia.
Olivia Cooke en 'La Casa del Dragón'. (HBO Max)
Ese epicentro, unido a un extraordinario trabajo de los actores y a una puesta en escena digna de cualquier ‘epic’ de Hollywood (suena a cliché, pero efectivamente, ESTO ES CINE), hacen de esta nueva temporada de ‘La Casa del Dragón’ la más espectacular de todas y la más satisfactoria desde la primera.
Una canción de ‘hielo y fuego’ violenta y emocionante que, pese a no superar en carisma a ‘Juego de Tronos’, ya es tan ‘bigger than life’ como aquella.
“Aquí hemos venido a jugar”. Eso parecen decirnos los creadores de la tercera temporada de ‘La Casa del Dragón’, que se estrena este lunes 22 de junio. Los primeros cuatro capítulos (los dos primeros con finales de infarto, con esas puñaladas narrativas que dejaban con la boca abierta a los fans de ‘Juego de Tronos’), vistos por este medio, van directamente al grano. Quien esperase un incendio, tras los intentos de encender una y otra vez la mecha, aquí lo tiene.