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repasamos su vida

Carmen Martínez-Bordiú: de ser la Bordi a duquesa de Franco

La vida de la ahora noble cambiará poco con la obtención de su nuevo título. Sus parejas y su trayectoria vital siempre se han guiado por los mismos patrones

Foto: Carmen Martínez-Bordiú por Jate.
Carmen Martínez-Bordiú por Jate.

Carmen Martínez-Bordiú acaba de convertirse en duquesa de Franco. Un título heredado como primogénita del clan, una vez que falleció su madre Carmen Franco hace seis meses. La Ley de Igualdad para la Sucesión de Títulos Nobiliarios de 2010 hizo que ejerciera su derecho cuando todos pensaban que sería su hermano, Francis Franco, el menos simpático de la familia.

Desde hace una semana, Carmencita (como la llamaban desde pequeña) ya es duquesa. Dicen los que la conocen que no habrá cambio de vida, que de ninguna manera utilizará el título para conseguir mesa en locales de moda como hacen otras 'nobiliarias' consortes. En realidad no le hace falta: nació acunada por la Guardia Mora, entre algodones y con el NO-DO como álbum familiar.

[Leer más: Primeras palabras de la duquesa Carmen Martínez-Bordiú]

Carmen Martínez-Bordiú en una imagen de archivo. (Cordon)
Carmen Martínez-Bordiú en una imagen de archivo. (Cordon)

Vive su vida al día y no se mete en temas polémicos y menos aún relacionados con su familia. En su caso ya fue titulada cuando se casó con Alfonso de Borbón Dampierre en una boda fastuosa que la convertía también en princesa de la imposible restauración de la Corona francesa. Abandonó todo (familia, estatus, tierras y herencias) al enamorarse de Jean Marie Rossi. El anticuario le abrió los ojos en todos los sentidos, incluido el erótico. Le enseñó a que apreciara la lencería más sexi, que por cierto se la compraba ella, y a entender de antigüedades realizando cursos en el Museo del Louvre. Mantiene una relación fantástica con el exmarido, no solo por ser el padre de su hija Cynthia, sino también por ser su Pigmalion. “Aquí en Francia da igual que seas la nieta de Franco”, le decía para que tuviera los pies en la tierra.

Una vez divorciada, cuando tenía problemas y tristezas en su vida, se instalaba en Rueil Malmaison, la casa familiar de monsieur Rossi. Allí encontraba la alegría que le faltaba. Nunca ha hablado mal de sus exparejas y del único que nunca quiso saber nada tras la ruptura fue José Campos. Contaban las amigas que “Carmen es generosa pero no tonta y con este no acabó bien”.

Carmen Martínez-Bordiú en una foto de archivo. (EFE/Javier López)
Carmen Martínez-Bordiú en una foto de archivo. (EFE/Javier López)

Efectivamente tuvo problemas, pero como siempre ha sucedido en su vida cuando se encuentra con situaciones que no le gustan, cerró ese capítulo y se olvidó del muchachote cántabro. El gran amor de Carmen, como ella misma ha confirmado en varias ocasiones, ha sido Luismi Rodríguez, el dueño de Desguaces La Torre, del que se enamoró perdidamente. El empresario la llama 'la Bordi' y se siguen viendo a menudo: “Es mi amiga y le tengo mucho cariño”. La historia se acabó porque al 'rey del desguace' le gustan casi todas las mujeres. Y es un inconveniente cuando la otra parte quiere fidelidad.

Ahora se supone que sigue con Timothy Mckeague, su compiyogui con el que se deja ver poco en ambientes sociales. Al profesor de yoga no le gusta ser personaje público y prefiere la intimidad. La última vez que estuvieron en Sevilla, en una entrega de premios, el 'amigo entrañable' se quedó en el hotel mientras Carmen acudía a la cita en solitario. Le gusta viajar y además no tiene que hacer desembolso económico porque hay medios o amigos que financian este hobby. Lo mismo aparece sonriente en reportajes con gorilas y jirafas, en templos chinos o griegos, en cruceros por la Costa Azul o sobrevolando en helicóptero la Laguna Azul en Islandia. Este gusto viajero lo heredó de su madre, con la que un año antes de saber que el cáncer era irreversible, se fue de excursión a Cuba

La estrenada duquesa de Franco se encuentra en un momento existencial en el que quiere tranquilidad. La gran tragedia fue la muerte de su hijo Fran y desde ese día aprendió lo frágil y efímera que es la felicidad. Aprovecha lo que la vida le da en cada momento sin mirar al futuro.

Sus amigos la quieren, sus nietos y su hijo Luis Alfonso la adoran y como ella mismo dice: “Tengo salud. No quiero pedir más”.

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