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falleció ayer lunes en bali

Cris Lozano, el hombre que 'vigilaba' las noches del príncipe Felipe

Ver bailar en su local al heredero con las modelos de la agencia del relaciones públicas Carlos Mundy era una atracción más. Tampoco faltaban la infanta Cristina y Álvaro Bultó

Foto: Cris Lozano y Estefanía Luyk. (IG)
Cris Lozano y Estefanía Luyk. (IG)

Cris Lozano ha muerto en Bali a los 70 años. Fue uno de los empresarios más importantes (junto con Pedro Trapote) del mundo de la noche de Madrid y más tarde también estableció su territorio lúdico en Marbella con el apoyo de su sobrino Óscar Lozano.

Era un hombre tranquilo con nula presencia pública hasta que llegó a su vida la bella Jacqueline de la Vega. Estuvieron casados quince años y eran el prototipo de pareja ejemplar. La modelo ponía el encanto y la chispa; Cris, la sobriedad.

Su divorcio fue una de las sorpresas del mundo social. No hubo resentimiento por ninguna de las dos partes y mantuvieron una amistad que ha durado hasta su muerte en Bali. En esta isla de Indonesia se instaló durante varios años Jaqueline de la Vega, un lugar que descubrieron juntos.

Sentía devoción por las dos hijas que tuvo antes de conocer a la bella modelo mexicana. Cuando los amigos viajaban a cualquier lugar del mundo, el empresario les pedía que les compraran vestidos y complementos para regalárselos. También tenía pasión por Jacqueline. Una de las anécdotas que contaba el empresario era que su mujer se levantaba una hora antes que él para que no la viera sin arreglar. “Y no se puede ser más guapa”, decía.

LEA AQUÍ: Muere Cris Lozano, empresario y exmarido de Jacqueline de la Vega

Jackie, copas y misses

Jackie no le cambió su manera de actuar, pero sí le hizo 'socializarse' y era habitual ver a la pareja en las fiestas que se organizaban en Archy. Muchas veces invitaba al bufet a las misses y a los modelos que acudían a la sala. “Había orden de no cobrarles tampoco las copas. Creo que había muy poca gente famosa que pagara. Cris era muy generoso”, recuerda una de las relaciones públicas de aquellos años.

Mientras que Jackie se quedaba a la vista, Cris era el observador. Y no solo para que todo funcionara a la perfección en el comedor, sino también para vigilar que no hubiera intrusos (así llamaba él a los vendedores de cocaína) en la parte inferior del local donde se servían las copas.

En más de una ocasión mandó echar con disimulo y prohibió su entrada a jóvenes con padres de apellidos ilustres en el mundo Ibex o social que se sacaban un sobresueldo ofertando sustancias ilegales. Frente a ese tipo de elementos que reconocía solo con verlos, estaba el resto de la clientela de Archy, elegante y con un poder adquisitivo alto.

Los hermanos reales

Creó una especie de hilo conductor entre varias generaciones. Los mayores cenaban arriba y después compartían pista de baile con los jóvenes que estrenaban mayoría de edad. El entonces Príncipe de Asturias y la infanta Cristina era fijos los viernes por la noche. Ya se sabía que cuando los hermanos reales estaban dentro no había problema con la hora de cierre, que se alargaba hasta que ellos se marchaban.

Aparecían primero los escoltas y después ellos. Previamente había un acuerdo con los periodistas presentes tanto en la calle como en el interior. El aviso era claro y sin posibilidad de discusión: “Dentro ni una foto”. Y así era. Ver bailar al heredero con las modelos que formaban parte de la agencia del relaciones públicas Carlos Mundy era una atracción más. Y lo mismo sucedía con la infanta Cristina y aquellos primeros años de enamoramiento de Alvaro Bultó, con el que acudía al local.

Cris Lozano decía que tenía una mala salud de hierro. Tuvo dos infartos, le colocaron varios stent y decidió tomarse la vida con más calma. Su último viaje fue precisamente a su paraíso perdido de Bali.

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