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ENTREVISTA

Álvaro O. Bultó: "Cristina más que la Infanta, para mí era la novia de mi tío"

Alto, corpulento y con unos llamativos ojos azules que reconoce son herencia familiar, el arquitecto abre las puertas de su luminoso estudio en el madrileño barrio de Chamberí

Foto: Álvaro Olivier Bultó para Vanitatis. (Foto: Daniel Sánchez Alonso)
Álvaro Olivier Bultó para Vanitatis. (Foto: Daniel Sánchez Alonso)

Es nieto de Paco Bultó, un hombre presente en la historia del motociclismo español como fundador de dos de las grandes marcas de motocicletas: Montesa y Bultaco. Reconoce sentirse orgulloso de su abuelo y que mucha gente le identifique con él, además de recordarle como un excelente patriarca referencia de todo el clan Bultó. Por sus venas le corre la adrenalina de las carreras de motos a las que se han dedicado algunos miembros de su familia, entre los que destaca su primo, el piloto Sete Gibernau. Sobrino del desaparecido aventurero Álvaro Bultó, “mi tocayo”, como le llama cariñosamente, Álvaro Oliver Bultó abre las puertas a Vanitatis de su luminoso estudio de arquitectura en el madrileño barrio de Chamberí.

Alto, corpulento y con unos llamativos ojos azules que reconoce son herencia familiar, Álvaro no abandona la sonrisa durante toda la entrevista. Recuerda su infancia “muy divertida y feliz, rodeado siempre por su familia. Éramos dieciocho primos Bultó siempre juntos y pasábamos largas temporadas en San Antonio, la casa de mi abuelo”. Allí aprendió a montar antes en moto que en bici. “Tendría unos tres o cuatro años. Ahora existen las motos infantiles, pero en aquel momento nuestro abuelo fue de los primeros en hacer una Bultaco que se llamaba Chispa y mi tío Ignacio, la Merlín DG1. Prácticamente eran como bicicletas con motor. En casa de mi abuelo había una pista asfaltada donde aprendíamos a montar en moto y luego cuando ya sabíamos hacíamos excursiones todos los primos juntos. Recuerdo, yo que era de los primos pequeños de esa primera generación, que tenías que seguir como pudieras a los primos mayores porque si no, te quedabas solo y nadie te esperaba”, cuenta riendo.

Alvaro Olivier Bultó para Vanitatis. (Foto: Daniel Sánchez Alonso)
Alvaro Olivier Bultó para Vanitatis. (Foto: Daniel Sánchez Alonso)

Pregunta: Además de una exitosa vida profesional de la que ahora hablaremos, va a cumplir un año de matrimonio con su pareja, Cheme Closa Moradell.

Respuesta: Sí, estamos muy contentos. Después de diez años juntos la boda solo formalizó más un compromiso que ya estaba patente.

P: La profesión de arquitecto a veces es difícil de comprender: viajes, visitas de obra, horarios interminables… ¿Qué opina Cheme?

R: Sí, totalmente. La dedicación es mucha, pero aunque él se dedica a la correduría de seguros, nada que ver, también le gusta mi profesión. A muchos de los viajes me acompaña.

P: Este verano se cumplirán cinco años de la muerte de su tío Álvaro Bultó. ¿Qué aprendió de él?

R: Recuerdo que cuando me dijeron que había fallecido estaba en una visita de obra en Madrid. Fue una sensación horrible, un vacío total. Como era mi tocayo me cuidaba mucho, estábamos muy unidos. En mi época de estudiante comíamos juntos todos los martes. Era un tío que hacía siempre lo que le apetecía y estaba siempre de buen rollo. Era todo positividad, adrenalina, aventura… De él aprendí a ser positivo y feliz.

P: Cuando usted era niño, su tío Álvaro mantuvo una relación con la infanta Cristina. ¿La conoció?

R: Sí. Yo era pequeño. Ella era muy natural, estaba en casa y la tratábamos como a una persona normal. Más que la Infanta, para mí era la novia de mi tío. Era muy simpática y campechana, esquiaban mucho juntos, era época de Olimpiadas y hablábamos de ello. Creo recordar que la relación tampoco duró mucho tiempo.

Álvaro Olivier Bultó para Vanitatis. (Foto: Daniel Sánchez Alonso)
Álvaro Olivier Bultó para Vanitatis. (Foto: Daniel Sánchez Alonso)


Arquitecto de profesión, Álvaro, como buen Bultó, tiene las motos presentes en su vida. Por Madrid, la ciudad en la que vive desde hace doce años, se mueve en moto; y el trial y el cross forman parte de su lista de aficiones en los ratos libres. Cuando decidió estudiar arquitectura recibió el apoyo familiar, aunque le advirtieron que era una profesión en la que poco le podrían ayudar. A pesar de haber estudiado una carrera técnica, lo hizo desde la modalidad de letras mixtas porque le interesaba mucho la parte artística y nutrirse de la parte humana. Sin haber terminado la carrera, se responsabilizó de las obras de la masía familiar y firmó el proyecto de obra recién licenciado en Arquitectura con tan solo veintidós años. Talento no le falta ya que nunca ha tenido que enviar un curriculum vitae para buscar trabajo.

Comenzó trabajando fichado por unos profesores de la escuela en la que estudiaba y tres años más tarde ya dirigía su propio estudio, Foxium Arquitectura’. “El espíritu emprendedor me viene de familia, somos todos superemprendedores, cada uno en su ámbito. Montar tu propio estudio da vértigo, porque además de los proyectos está toda la parte empresarial, que salgan los números a fin de mes… Pero a mí no me asustaba. El estudio al principio éramos yo y mi portátil, y ahora somos un equipo donde todos aportamos, formado por cuatro arquitectos, un interiorista, un ingeniero y un aparejador, más una serie de colaboradores externos”.

Proyecto de Álvaro Olivier Bultó, El Toque de Sal. (Cortesía de Álvaro)
Proyecto de Álvaro Olivier Bultó, El Toque de Sal. (Cortesía de Álvaro)

No le gusta hacer proyectos en cadena: “Todos los proyectos que hago me tienen que gustar, son muchas horas y terminan siendo algo muy tuyo. Aunque lo importante es que el espacio o el edificio lo va a usar el cliente. Nosotros damos respuesta a las peticiones que nos entran, pero indudablemente la última palabra la tiene él”, admite. No hay disciplina que se le resista, en su portfolio constan impresionantes viviendas de obra nueva, rehabilitaciones, fincas privadas, hoteles de ensueño, bibliotecas, modernas y funcionales oficinas, restaurantes como el nuevo Kamikaze de Larrumba, residencias de estudiantes o una escuela de hostelería. Entre risas, nos cuenta una anécdota que les ocurrió reformando un edificio: “Fue en Las Ramblas de Barcelona. En la bajocubierta, que es una cámara de aire entre el último piso y la cubierta, encontramos dos cadáveres de la época de la guerra, supongo. ¡No sabéis la que se lio! Policía judicial, levantamiento de los cadáveres y paralización de la obra.

Entre sus retos a futuro están continuar ampliando el espectro del estudio, seguir reinventándose con cada proyecto, poder continuar seleccionando sus proyectos y sentirse orgulloso de ellos. A nivel personal le preguntamos si será padre: “No. La verdad que nunca me lo he planteado”.

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