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POLÉMICA POLÍTICA

La inversión millonaria de Zaplana que se ha convertido en mansión fantasma

En 1999, como presidente de la Comunitat Valenciana, compró una finca por 4,6 millones en un parque natural. La mansión tenía ocho dormitorios con cuarto de baño y pista de pádel

Foto: Eduardo Zaplana. (EFE)
Eduardo Zaplana. (EFE)

Fue una inversión millonaria que todavía le persigue. Eduardo Zaplana era presidente de la Comunidad Valenciana cuando en 1999 invirtió 4,6 millones de euros en una finca en el Parque Natural Penyal d’Ifac, en Calpe, que debía ser destinada al alojamiento de grandes personalidades que visitaran la zona. Han pasado casi 20 años y el lugar sigue sin ser usado y totalmente abandonado.

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Había ocho cuartos de baño, uno por dormitorio, magníficas vistas, piscina, medidas de seguridad extremas, con cámaras incluidas. Y hasta una pista de pádel, un deporte que por entonces Zaplana disfrutaba en sus estancias en Madrid -famosas eran sus partidas en el Club Abasota de la calle Pradillo, junto al entonces edificio que albergaba la redacción de 'El Mundo'-.

Eduardo Zaplana en una rueda de prensa en 2014. (EFE)
Eduardo Zaplana en una rueda de prensa en 2014. (EFE)


El chalet en cuestión ocupaba 730 metros cuadrados sobre una parcela de 6.456 metros cuadrados. El coste, en versión oficial, fue de 1,2 millones de euros, pero el periodista Francesc Arabí aportó documentación en 2016 en un artículo en el periódico 'Levante' en el que demostró que la compra costó 2,2 millones a lo que se debía sumar el gasto de la reforma y el equipamiento, llegando a sumar 4,6 millones en total.

Los gastos fueron sufragados con dinero público, puesto que se trataba, según dijeron en su momento, de una propiedad que debía servir para el alojamiento de altas personalidades. Pero nunca fue así. Incluso la esposa y el chófer de Zaplana aparecieron en los papeles como gestores, algo que se revocó después en un tribunal. Lo que hizo sospechar a muchos de que se trataba de una compra para uso personal, sobre todo porque fue él mismo, en calidad de presidente, quien firmó la operación.

La mujer de Zaplana, Rosa Barceló. (EFE)
La mujer de Zaplana, Rosa Barceló. (EFE)

La finca maldita es hoy un lugar abandonado, donde la pista de pádel languidece llena de grietas y en la piscina no hay más que agua sucia. Hay ventanas rotas, tal y como ha atestiguado la prensa del lugar, y ha habido incluso okupas. Una inversión que se convirtió en una patata caliente para todos los gobernantes que sucedieron a Zaplana en el cargo, que dejó Valencia rumbo a Madrid en 2002.

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Y que ninguna administración, ni siquiera el Ayuntamiento de Calpe, ha sabido reconducir. Hasta ahora. Parece que el lugar será destinado, como publicó la prensa local el pasado verano, a ser un centro de investigaciones científicas. Quizás la pista de pádel sirva a los hombres de ciencia para desestresarse en sus ratos libres.

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