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LA ACTRIZ NAJAT EL OUAFI, DETENIDA

Una actriz, una suite y dos detenciones (otras más) por adulterio en Marruecos

Su marido, residente en EEUU, la denunció y la policía la detuvo en Casablanca junto con su nueva pareja, un director de cine

Foto: Najat el Ouafi. (Instagram)
Najat el Ouafi. (Instagram)
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3.048 personas fueron investigadas por adulterio en Marruecos el año pasado, según la memoria de la Fiscalía General del Reino alauí publicada a finales de junio. Casi todos son gentes desconocidas del público a las que los jueces condenan hasta a dos años de cárcel en aplicación del artículo 491 de un código penal que un buen número de marroquíes consideran desfasado.

A veces, sin embargo, el peso de una ley que no tiene parangón en Europa recae también sobre personajes célebres a los que la prensa marroquí dedica largas crónicas y que suscitan furor en las redes sociales. Este es el caso del 'escándalo' al que la policía judicial de Casablanca puso fin el pasado domingo. Atendiendo a las órdenes de la Fiscalía, los agentes irrumpieron en un piso del acomodado barrio de Gauthier en cuyo interior encontraron a Najat el Ouafi, de 44 años, una de las actrices cinematográficas más conocidas de Marruecos, y a Said Khalaf, de 49 años, director de cine varias veces premiado en el mundo árabe.

Ambos fueron trasladados ante la Fiscalía, que les envió a prisión, mientras la policía científica tomaba en el dormitorio muestras del 'delito'. La actriz, que ha rodado numerosas series televisivas, fue denunciada por su marido, residente en EEUU. El esposo encargó, a amigos o a una empresa, un seguimiento privado de la mujer en Casablanca. Cuando tuvo la certeza del lugar en donde estaba y quién la acompañaba se puso en contacto con el ministerio público. En casos de adulterio, la Fiscalía nunca actúa de oficio en Marruecos.

La operación policial que condujo a la cárcel a la actriz y al director fue desvelada el martes por el diario 'As Sabah' de Casablanca y desde entonces toda la prensa escrita marroquí se hace eco de ella aunque la mayoría de los diarios omiten desvelar la identidad de los protagonistas. En las redes sociales sí se les defiende o se les despelleja dando sus nombres y apellidos

Este es el segundo caso, en los últimos tres años, de personajes célebres en Marruecos detenidos por adulterio. A principios de 2017, la policía apresó a la empresaria Hind el Achchabi, madre de tres hijos pequeños y dueña de Dania Air, una compañía de vuelos privados, y al que ella consideraba su marido, el hombre de negocios Moshine Karim-Bennani.

La mujer aseguró durante la instrucción que se había divorciado de su primer marido, un diplomático de Kuwait, y que contrajo incluso matrimonio en Mali con Karim-Bennani. El kuwaití denunció, sin embargo, la infidelidad de la que aún consideraba su esposa y la Justicia marroquí le creyó y no dio validez al divorcio de Hind el Achchabi ni a su segundo matrimonio.

Para intentar no dar con sus huesos en la cárcel, Hind el Achchabi puso incluso en circulación un vídeo en el que su hijo mayor, de 11 años, rogaba clemencia ante la cámara con lágrimas en los ojos, pero el diplomático kuwaití no retiró su denuncia y la mujer fue condenada, en abril de 2017, a dos años, que cumplió íntegramente. Los jueces fueron más benévolos con su amante, al que solo le cayeron siete meses. La mujer suele ser la peor parada en este tipo de juicios.

A veces los magistrados pronuncian condenas por adulterio sin que ni siquiera haya habido relación sexual. En el pueblo de Missour, en el centro del país, a una mujer le cayeron, en diciembre de 2017, cuatro meses de cárcel, que cumplió, y 5.000 dirhams (460 euros) de multa solo por haber besado a un hombre que no era su esposo. “Para que podamos hablar de adulterio es necesario que haya habido una relación sexual con penetración”, declaró a la prensa indignado Mohamed el Haini, su abogado. La sentencia, insistía en vano el letrado, “carece por tanto de fundamentos legales”.

Najat el Ouafi. (Redes sociales)
Najat el Ouafi. (Redes sociales)

Otro marido despechado intentó en Salé, la ciudad colindante con Rabat, en marzo de 2018, que su mujer fuera condenada por adulterio tras intercambiar con un hombre por Whatsapp fotos sexualmente explícitas que él descubrió en el móvil de su cónyuge aprovechando un descuido. No se salió con la suya. El adulterio requiere “una relación sexual entre un hombre y una mujer y que al menos uno de los dos esté casado”, escribió el juez en su sentencia absolutoria. “Nada en este asunto demuestra la existencia de una relación sexual (…)”, aseguró.

El adulterio sirve también de arma a los servicios de seguridad marroquíes, a las órdenes de Interior, y, en última instancia, del palacio real para desprestigiar a los islamistas, sus principales adversarios políticos. Para dañar su reputación de honestidad, la prensa más afín al régimen airea con cierta regularidad las investigaciones policiales en curso sobre el supuesto libertinaje de algunos líderes de formaciones religiosas que predican urbi et orbi las virtudes más estrictas.

Con la excepción de la pederastia, “los delitos contra el orden de la familia y la moral pública” no conciernen a los extranjeros no musulmanes que residan o visiten Marruecos como turistas. Valérie, una francesa de 42 años, tuvo, en julio de 2018, la mala suerte de ser la única excepción que desmiente esta regla no escrita.

Pasó una noche en un hotel de Marrakech con un hombre marroquí que estaba casado, aunque ella desconocía su estado civil. La policía judicial, probablemente alertada por la esposa de su pareja nocturna, la esperaba “a pie de cama”, según contó Valérie al diario francés 'La Parisien'. La trasladaron a comisaría, donde pasó 30 horas en “condiciones deplorables”, según su relato. De ahí salió, por fin, tras pagar una multa de 5.000 dirhams (460 euros) y con una convocatoria en el bolsillo para comparecer días después ante un tribunal de primera instancia que la juzgaría por “complicidad en el adulterio”. Como la policía no le retiró el pasaporte, huyó de Marrakech en el primer avión a París.

El código penal marroquí no solo castiga el adulterio sino la homosexualidad, con hasta tres años de cárcel, y las relaciones sexuales consentidas entre adultos solteros, que pueden ser sancionadas con entre un mes y un año. A las mujeres que abortan les pueden caer hasta dos años y a los que las ayudan hasta diez. El año pasado, 170 personas fueron procesadas por homosexualidad y solo 73 por abortar.

Encabezadas por la asociación Primavera de la Dignidad, una veintena de asociaciones, en su mayoría feministas, reivindican insistentemente la despenalización del adulterio, del aborto y de las relaciones extramatrimoniales, así como el endurecimiento de las penas por violencia de género. La Cámara de Representantes del Parlamento marroquí está inmersa en una revisión del código penal y es posible que ablande algunas penas, pero sin llegar a despenalizar el aborto ni la homosexualidad.

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