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Cuando Loquillo jugaba al baloncesto: su pasado en las canchas junto a Pedro Martínez
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OTRA VIDA

Cuando Loquillo jugaba al baloncesto: su pasado en las canchas junto a Pedro Martínez

El cantante recordó en un concierto en Valencia su etapa como jugador, un camino profesional que compartió con el actual entrenador del Valencia Basket y que fue clave en su formación personal

Foto: Loquillo, durante una reciente entrevista. (EFE / Daniel González)
Loquillo, durante una reciente entrevista. (EFE / Daniel González)

Durante su reciente concierto en Valencia, Loquillo sorprendió al público al detenerse para recordar una etapa poco conocida de su vida, muy anterior a los escenarios y al rock. El artista barcelonés evocó sus años como jugador de baloncesto en Badalona, cuando, durante el servicio militar, buscó un equipo que le permitiera seguir practicando un deporte que siempre ha considerado decisivo para encauzar su juventud. En aquel vestuario coincidió con un joven Pedro Martínez, hoy uno de los entrenadores más respetados del baloncesto europeo, una anécdota que el propio Loquillo relató desde el escenario.

La historia, recuperada por 'Las Provincias' en su newsletter, enlazó el concierto con la actualidad deportiva del Valencia Basket, que acababa de regresar a la competición tras el parón navideño. Loquillo recordó que ya entonces percibió en Martínez una enorme capacidad de trabajo, aunque no le auguró un futuro como jugador de élite, sino como entrenador. "Es el mejor entrenador de Europa y lo tenéis vosotros", proclamó el cantante ante el público valenciano, mientras en el escenario lucía una camiseta del club taronja con su nombre y el dorsal 33, un regalo del propio Valencia Basket. Días después, el entrenador devolvía el elogio con ironía, reconociendo que Loquillo era “bueno” en la pista, aunque ya apuntaba maneras más claras fuera de ella.

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"A Loquillo le agradezco con el cariño que dijo que era muy malo jugando, es de agradecer que no hiciera sangre (bromeó). Cuando jugué con él era bueno pero ya le gustaba la música, aunque nadie podía pensar que podía ser un cantante con tanto éxito. Disfruté de verle en el concierto, con su edad y la energía que tiene y sin ser un ferviente seguidor de la música me lo pasé bien en el concierto. No recuerdo que me dijera que me dedicara a entrenar pero como jugador no tenía demasiado futuro", devolvió.

Antes de convertirse en uno de los grandes nombres del rock español, José María Sanz Beltrán tuvo una relación constante con el deporte. Criado en Barcelona y formado en el entorno urbano de finales de los setenta, el baloncesto fue para él algo más que una afición. En distintas entrevistas, el propio Loquillo ha explicado que el deporte le ayudó a mantenerse alejado de ambientes complicados y a adquirir una disciplina que más tarde resultaría esencial en su carrera artística. "El basket me ayudó a desviarme del mal camino", ha resumido en más de una ocasión.

Su vinculación con el baloncesto fue real y prolongada. En las canchas de Barcelona compartió vestuario con Epi (en el Colegio Alpe) y llegó a jugar en el añorado Cotonificio de Badalona, a las órdenes de Aíto García Reneses y junto con Andrés Jiménez. Jugaba de escolta. Se dice que fue Epi quien le puso el apodo de Loquillo. Aquellos años coincidieron con un momento vital de búsqueda, en el que alternaba entrenamientos, trabajo y los primeros contactos con la escena musical barcelonesa.

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Finalmente, Loquillo eligió los escenarios, pero siempre ha elogiado lo que los valores deportivos supusieron en su vida. La constancia, la resistencia a la frustración y el sentido de equipo que adquirió en las canchas han sido, según él mismo ha contado, claves para sostener una carrera artística larga y poco complaciente.

Durante su reciente concierto en Valencia, Loquillo sorprendió al público al detenerse para recordar una etapa poco conocida de su vida, muy anterior a los escenarios y al rock. El artista barcelonés evocó sus años como jugador de baloncesto en Badalona, cuando, durante el servicio militar, buscó un equipo que le permitiera seguir practicando un deporte que siempre ha considerado decisivo para encauzar su juventud. En aquel vestuario coincidió con un joven Pedro Martínez, hoy uno de los entrenadores más respetados del baloncesto europeo, una anécdota que el propio Loquillo relató desde el escenario.

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