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Los recuerdos de la hija de Franco

A pesar de haber guardado silencio e intentar mantenerse en un discreto segundo plano de la actualidad, Carmen Franco Polo, la hija del dictador Francisco Franco,

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Los recuerdos de la hija de Franco
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    A pesar de haber guardado silencio e intentar mantenerse en un discreto segundo plano de la actualidad, Carmen Franco Polo, la hija del dictador Francisco Franco, ha hablado. En estos días se publica Franco, mi padre (La Esfera de los Libros), una obra que, bajo el subtítulo Testimonio de Carmen Franco, la hija del caudillo, recoge los recuerdos de la única hija de Franco. Una mujer que ha mantenido su silencio durante más de treinta años en lo que respecta a las entrevistas y a la vida pública. Ahora, la apodada ‘nenuca’ ve reflejadas sus palabras en un escrito en el realiza un perfil inédito de la figura de su padre.

     

    Los encargados de recoger las declaraciones y plasmarlas en el libro han sido Jesús Palacios, periodista e historiador, autor de otras obras como Los papeles de Franco, y Stanley G. Payne, profesor emérito de la universidad de Wisconsin Madison y autor también de obras como Franco y Hitler. Ellos son los responsables de una obra que se plantea como la primera en la que la hija del dictador habla sobre su padre en todos los aspectos, desde la infancia en Ferrol, la etapa en Marruecos pasando por Hitler, los republicanos, el Opus Dei o el Rey Don Juan Carlos.

     

    Cuenta Carmen Franco Polo que la infancia del dictador "no era la época de su vida que recordara con más afecto". Sin embargo, si que disfrutó de la infancia de sus nietos. Dice la hija del dictador que "le divertía mucho que fueran a verle sus nietos", afirma que "de mis hijas siempre dicen que la preferida es era Carmen, pero no es verdad". Según Carmen Franco, Carmen Martínez Bordiú era la preferidad de la abuela Carmen, pero que el caudillo sentía predilección por Merry, que según su madre "era una chiquilla muy viva y muy impertinente" de la que su padre siempre decía que "parecía ferrolana" porque le recordaba a las niñas de su infancia, de esos años antes de irse a la instrucción en Toledo. Allí sería donde "no lo pasó demasiado bien" ya que era "muy pequeñajo. Si, si, y bajo también, pequeñajo en todos los sentidos", tanto que no le dejaban llevar un mosquetón de verdad, y comenta Carmen que "el mosquetón que llevaba era de madera y eso lo sentía como una humillación y no le gustaba nada".

     

    De la estancia del general en Marruecos, la también apodada cariñosamente por su padre, ‘la morita’, afirma que su padre “tenía mucho respeto al Islam. Por ejemplo, nunca fue partidario de que los miembros de la Guardia Mora que se casaban con chicas de Madrid pasaran a ser cristianos”, así, cuenta que “no era nada partidario de que cambiaran de religión, porque los marroquíes son muy ‘estancos’ y era una complicación mezclar las dos religiones”.

     

    Su visión de la relación de su padre con José Antonio Primo de Rivera y las dictaduras resulta, cuanto menos, curiosa. Dice la hija de Franco que el hecho de que le llamaran dictador a su padre “no le molestaba demasiado, porque al fin y al cabo era una dictadura”, ya que “en su época la Dictadura de Primo de Rivera le parecía que era buena y no estaba tan demonizada como ahora” y añade que a su madre tampoco le molestaba el apelativo. Cuenta que a Primo de Rivera su padre le tenía mucho aprecio. Añade que “cuando un militar se hace cargo del poder tiene que ser para una época transitoria”.

     

    En el caso de su padre esa "época transitoria" duró más de cuatro décadas, un tiempo en el que se enmarca su reunión con Hitler en Hendaya, un encuentro al que según su hija, llego tarde “porque estaban fatal nuestras líneas férreas, muy abandonadas durante mucho tiempo”. Y es que la Guerra Civil había terminado tan sólo unos meses antes en detrimento de los republicanos.

     

    Del ‘contubernio judeomasónico’, la religión y la monarquía

     

    De los líderes de la segunda República también se atreve a hablar la hija de Franco, dice que su padre opinaba de Azaña que “era una persona muy inteligente pero que era muy sectario”. Afirma sobre los líderes comunistas que Franco “de Carrillo y Pasionaria no hablaba”. No así de los socialistas de los que dice “no le caían tan mal, ni muchísimo menos”. Lo que sí deja claro es la aversión que el caudillo sentía por la masonería, lo que hizo que “no mirara bien” al general Aranda por su condición de masón.

     

    En este repaso a la vida del dictador por parte de su hija se incluye también su visión sobre el Opus Dei, y es que, según cuenta Carmen Franco en la obra, su padre “recibió varias veces a Escrivá de Balaguer” y su madre tenía en la mesilla de noche “un librillo que se llamaba Camino”. Aunque su padre siempre decía que “no le gustaba tanto la cosas esa, como de masonería, de ayudarse unos a otros”.

     

    Habla también la que aún a día de hoy es duquesa de Franco, un título que le concedió el Rey Don Juan Carlos a la muerte del caudillo, sobre la elección del monarca como Jefe de Estado que al prescindir de su padre, Don Juan de Borbón, Franco pensó en quien ahora es Rey de España, porque el dictador “era muy muy monárquico” ya que para él la monarquía “era muy útil como poder moderador”. Dice que con el padre del actual monarca “no había mucha química”, por eso prescindió de el para sucederle.

     

    La hija de quien dirigiera los designios del país durante casi cuarenta años cuenta en la obra que aquel texto in extremis en el que se hablaba de “su lealtad al príncipe” fue corregido por ella. Habla también sobre el polémico Pazo de Meirás, que califica como “un regalo que le hicieron a mi padre cuando la guerra” que aceptó “porque era en su tierra”. Lástima que algunos no estén de acuerdo.

     

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