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Constantino Romero, la voz que todos quisieron

Antes de que el programa de Telecinco La Voz hiciera su aparición en la parilla televisiva ya se utilizaba esa palabra cuando se hablaba de Constantino

Foto: Constantino Romero, la voz que todos quisieron
Constantino Romero, la voz que todos quisieron

Antes de que el programa de Telecinco La Voz hiciera su aparición en la parilla televisiva ya se utilizaba esa palabra cuando se hablaba de Constantino Romero, hombre bueno que se despidió del mundo profesional a través de su cuenta en Twitter. “Gracias por el afecto. Han sido 47 años de trabajo. Y toda una vida. Radio, televisión, teatro, doblaje. Ha valido la pena. Un abrazo. That´s all folk” y acababa con la frase de esos dibujos animados de Warner que tanto le gustaban: “Eso es todo amigos”. 

Él solía saludar con otra replica cuando corría por los pasillos de RNE camino de algún estudio para grabar sus cuñas publicitarias, la voz de Clint Eastwood o del malvado Darth Vader. Se paraba medio segundo mientras decía: “Que hay de nuevo, viejo?”. Daba igual la edad que tuviera su interlocutor, que fuese un periodista recién salido de la facultad, el jefe de turno  o un personaje famoso a punto de ser entrevistado. Y dependiendo de a quién le dirigía el saludo lo acompañaba de una sonrisa. O mejor dicho, de una media sonrisa, porque expresivo, lo que se dice expresivo en sus demostraciones públicas, no era.

Tino, como le llamaba algunos colegas de Radio Barcelona, lugar en el que empezó a trabajar, era un buen tipo: discreto, silencioso, agudo, ingenioso y poco dado a formar parte de los grupos de poder que funcionan en los medios periodísticos y más aún en las televisiones, donde hacer camarillas era y es para muchos un deporte. Para Constantino nunca lo fue y él mismo lo explicaba: “Yo vengo a trabajar y no hacer campaña de nada porque entonces me habría hecho político”, decía.

Sí que era un buen compañero con los colegas de toda la vida. Se llevaba muy bien con el periodista Antonio Herrero, que en una ocasión le pidió el favor de que le grabara una cinta con la voz de Darth Vader para ofrecérsela de regalo a uno de sus hijos que cumplía hijos. No sé cómo quedó la cosa pero seguro que él acabó haciéndolo. Después de todo, no era la primera vez que le hacían una petición parecida. Y no sólo con el malo de La Guerra de las Galaxias y su “Luke, yo soy tu padre” sino con mensajes de amor de Clint Eastwood o de Sean Connery para la novia de turno. Decía que cuando llamaba a un restaurante para pedir una reserva, en los primeros momentos el interlocutor siempre dudaba “porque les sonaba mi voz pero no sabían porqué”.

 En realidad, Constantino llamaba más la atención por la voz de  sus personajes que por sí mismo. Tenía un físico normal y corriente y si la gente lo reconocía por la calle era también por sus anuncios colchoneros. Fue uno de los primeros profesionales que prestó su imagen para un producto totalmente ajeno a su profesión. Los que siempre envidian el trabajo ajeno lo criticaron. A él le daba igual. “Me gusta lo que hago y además me lo pagan muy bien”, decía.

Comentaba últimamente que tenía el mundo a sus pies para disfrutar de sus paseos por las Ramblas, sus vermuts en la Barceloneta y sus fines de semana junto al mar. Lo aprovechó mientras pudo. 

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